David Muñoz, de Estopa, sobre su infancia en el barrio: “En los años 70 y 80 estaba lleno de descampados y yonquis.

Ahora ves muchos niños jugando en la calle”

Uno de los hermanos que forman Estopa, David Muñoz, ha confesado cómo fue su infancia en el barrio de Sant Ildefons, en Cornellà de Llobregat

 

david muñoz estopa

 

David Muñoz, uno de los hermanos que forman el mítico dúo Estopa, ha vuelto a remover conciencias al hablar sin filtros de su infancia en el barrio de Sant Ildefons, en Cornellà de Llobregat.

Lejos de idealizar el pasado, el músico ha puesto palabras a una realidad áspera que marcó a toda una generación y que hoy contrasta de forma brutal con el presente.

“En los años 70 y 80 estaba lleno de descampados y yonquis.

Ahora ves muchos niños jugando en la calle”, afirma con naturalidad, como quien mira atrás sin rencor pero sin olvidar.

A pesar de llevar más de 25 años en lo más alto de la música española, David y su hermano José Manuel nunca han renegado de sus orígenes.

Al contrario, los han convertido en bandera.

Sant Ildefons no es solo el barrio donde crecieron, es el corazón de su identidad artística.

Allí aprendieron a vivir, a esquivar peligros y a observar la calle como una escuela permanente.

“Aquella Cornellà no tenía nada de idílica”, explica David.

“Los espacios abiertos eran descampados sin urbanizar y la droga formaba parte del paisaje cotidiano”.

 

Los Estopa

 

El recuerdo no es edulcorado ni dramatizado en exceso, pero sí directo.

“La droga campaba a sus anchas, había walking deads por todos lados.

Íbamos por la calle esquivándolos”, relata, describiendo escenas que hoy resultan difíciles de imaginar para quienes ven el barrio lleno de vida familiar.

En aquel entonces, la tensión formaba parte del día a día y la infancia se vivía con una alerta constante.

“A veces te sacaban la navaja, salías corriendo o se lo dabas.

Te quitaban la bici.

Pero no te hacían nada más”, recuerda, con la crudeza de quien normalizó lo anormal para poder seguir adelante.

Ese entorno hostil no solo dejó cicatrices, también forjó carácter.

De ahí nace gran parte del lenguaje musical y visual de Estopa.

David lo explica sin rodeos: “En todas nuestras giras hemos puesto bloques.

No tenemos otro escenario”.

Para ellos, subirse a cantar no es escapar del barrio, es volver a él.

“Cuando cantamos nos gusta estar en un entorno amigable, sentirnos en casa, en un escenario que simule ser una calle, con la barra de un bar, unas cajas de cervezas… y la belleza de la arquitectura de Cornellà.

Ese clasicismo feo”, dice entre risas y orgullo.

Ese “clasicismo feo”, como él mismo lo define con ironía, es una declaración de intenciones.

estopa

No hay artificio ni poses impostadas en Estopa.

Hay barrio, hay memoria y hay verdad.

Cada concierto es una recreación emocional de la calle en la que crecieron, un homenaje constante a un lugar que, pese a sus sombras, les dio identidad y una voz propia que conectó con millones de personas.

Con el paso del tiempo, Sant Ildefons ha vivido una transformación radical.

Los descampados han desaparecido, la presencia de la droga ya no define el paisaje y los espacios comunes se han llenado de vida.

“Ahora ves plazas, porterías de fútbol, canastas, muchos niños jugando en la calle”, señala David, subrayando un contraste que emociona y sorprende.

Donde antes había miedo, hoy hay ruido infantil; donde antes se esquivaban peligros, ahora se construyen recuerdos.

El músico también reflexiona sobre el papel de la inmigración en la evolución del barrio.

“Cuando llegaron los inmigrantes extremeños y andaluces, imagino que los nativos dirían: ‘Esta gente, qué ruidosa, todo el día tocando la guitarra en los bares…’”, comenta con una sonrisa.

Sus propios padres formaron parte de esa oleada que llegó buscando trabajo y un futuro mejor.

“Tuvieron que acostumbrarse y sería un proceso largo, pero la gente que vino de otras zonas de España se instaló y fue bien acogida”, recuerda.

 

Estopa

 

Esa mirada al pasado le sirve para entender el presente sin miedo ni alarmismo.

“Ahora le toca a otra inmigración, que viene de fuera del país, y creo que está siguiendo su proceso de integración también”, afirma con serenidad.

Para David, el barrio es un organismo vivo, en constante cambio, donde las dificultades no desaparecen de golpe, pero se transforman con el tiempo y el esfuerzo colectivo.

Ese espíritu de mezcla, resistencia y adaptación es el mismo que ha acompañado a Estopa desde sus inicios.

Desde Sant Ildefons al resto del país, los hermanos Muñoz no solo han llevado canciones que ya forman parte de la memoria colectiva, sino una forma de mirar el mundo desde abajo hacia arriba, sin complejos y con los pies bien plantados en el asfalto.

Hoy, cuando David Muñoz habla de niños jugando en la calle donde antes reinaba el abandono, no lo hace desde la nostalgia vacía, sino desde el orgullo.

Orgullo de haber salido adelante, de no haber olvidado de dónde viene y de ver cómo el barrio que lo vio crecer se ha reinventado.

Una historia de supervivencia, memoria y transformación que explica por qué Estopa no es solo música: es barrio, es vida y es verdad.

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