Los medios españoles, especialmente TVE, han mostrado preocupación por las condiciones de encarcelamiento de Nicolás Maduro mientras ignoran el sufrimiento de los presos políticos en Venezuela.
Pedro Sánchez y José Luis Rodríguez Zapatero han sido criticados por su aparente complicidad con líderes del régimen chavista, incluyendo a Delcy Rodríguez.

La vergüenza ajena se apodera de la sociedad española, y no solo por los cuatro mamarrachos y las tres fieras corruptas que han salido a protestar por la captura de Maduro.
En el escenario político actual, los tontos de baba de Podemos, Sumar, ERC, Bildu y sus aledaños han aparecido compungidos en las redes sociales, recibiendo una merecida respuesta por parte de varias chavalas venezolanas de buen ver.
Sin embargo, lo que realmente llama la atención es la cobertura mediática que se le da a la situación de Maduro en el Metropolitan Detention Center de Brooklyn.
La Sexta, aunque parezca un océano de ecuanimidad comparado con la vomitiva TVE, no escapa a la crítica.
Los programas de TVE se preocupan por las duras condiciones de encarcelamiento del tirano chavista, enfatizando que compartirá su encierro con figuras criminales como ‘El Mayo’ Zambada, capo del Cártel de Sinaloa, y otros 1.
300 facinerosos.
Se lamentan por la calefacción deficiente, la calidad del rancho y los incidentes de violencia en las duchas.
Está bien que se preocupen por la salud y el bienestar del financiador de Podemos, pero ¿dónde estaba esa preocupación cuando se trataba de los miles de presos políticos en Venezuela? Nunca han dedicado un programa a El Helicoide, sede del siniestro SEBIN, conocido por las torturas sistemáticas a disidentes.
En este centro, agonizan aún hoy un millar de presos políticos, mientras que los medios callan sobre las espantosas torturas denunciadas en informes de la ONU.

El inefable Pedro Sánchez, que parece alinearse con los comunistas chinos, el ruso Putin, los yihadistas de Hamás y los ayatolás iraníes, se encuentra en una posición delicada.
Su silencio sobre la situación en Venezuela es ensordecedor, y su regreso a la escena política no es más que un intento de salvar su propia piel.
Zapatero, que ha vuelto al Monte del Pardo, no lo hace para correr o conspirar con los ladrones de Plus Ultra, sino para implorar que Delcy Rodríguez no cante.
Si se descubre la verdad, el diabólico y multimillonario ‘Bambi’ podría acabar durmiendo en la prisión de Brooklyn, junto a otros miembros del PSOE.
Para entender la estrategia de Trump y por qué ha dejado temporalmente a Delcy en el poder en Caracas, es crucial recordar el desastre que fue Irak tras el derrocamiento de Saddam Hussein.
En mayo de 2003, entrevistamos al teniente general Ricardo Sánchez, comandante de las fuerzas terrestres norteamericanas.
Ambos manifestamos nuestro asombro ante la decisión de Bush de disolver todos los servicios policiales y de inteligencia de Saddam, dejando a medio millón de militares en la calle.
Argumentamos que lo razonable era mantener algunas estructuras del viejo régimen, purgando a algunos mandos, pero conservando a los más dúctiles para evitar el caos y la violencia que finalmente se desataron.

Ese mismo razonamiento parece estar presente en la mente de Trump y de Marco Rubio, su poderoso secretario de Estado, quien realmente manda en Venezuela desde el 3 de enero.
Es probable que Trump no quiera enviar un solo marine a Venezuela y que Delcy Rodríguez, la reina de las maletas de oro y con conexiones sospechosas, continúe en el poder hasta que se convoquen elecciones.
Sin cubanos, rusos y chinos en Caracas, y con sus garras fuera de PDVSA, la situación podría cambiar drásticamente.
Mientras tanto, Diosdado Cabello, cuya cabeza tiene un precio de 10 millones de dólares por parte de la DEA, podría terminar en el MDC de Brooklyn, compartiendo jabón con Maduro en las duchas del presidio.
La situación en Venezuela es un polvorín, y la complicidad de los líderes españoles en esta trama es cada vez más evidente.
La televisión española, en lugar de informar sobre la realidad de los presos políticos y las violaciones de derechos humanos, se dedica a llorar por el bienestar de un dictador.
La indignación crece entre los ciudadanos que ven cómo sus representantes se alinean con figuras corruptas y peligrosas, mientras el sufrimiento del pueblo venezolano sigue sin ser atendido.
La falta de acción y la hipocresía de los medios de comunicación y los políticos son un insulto a la memoria de aquellos que han luchado por la libertad y la justicia en Venezuela.
La pregunta que queda es: ¿cuánto tiempo más podremos soportar esta farsa antes de que la verdad salga a la luz?
