Rosa Rodríguez ganó el mayor bote de la historia de Pasapalabra, 2.716.000 euros, al completar el Rosco tras más de 300 programas y dos intentos fallidos previos.

La noche del jueves 5 de febrero de 2026 ya forma parte de la historia de la televisión en España.
Después de más de 300 programas, dos intentos fallidos y una perseverancia que rozaba lo épico, Rosa Rodríguez, concursante argentina de Pasapalabra, completó por fin el Rosco y se llevó el mayor bote jamás entregado por el concurso: 2.716.000 euros.
La última casilla, la letra que durante meses se le había resistido, escondía un nombre propio poco habitual para el gran público español, pero fundamental en la historia del deporte estadounidense: Earl Morrall.
El silencio en el plató fue absoluto cuando Rosa, concentrada, repasó mentalmente la definición.
Apenas unos segundos después, con voz firme, pronunció el apellido que cambiaría su vida.
“Morrall”, dijo. El marcador se tiñó de verde y la emoción estalló.
Rosa se llevó las manos a la cara, incrédula, mientras el presentador confirmaba la noticia que ya era irreversible.
“Rosa, acabas de ganar el mayor bote de la historia de Pasapalabra”, anunció entre aplausos.
Detrás de ese apellido había mucho más que una simple respuesta correcta.
Earl Morrall fue uno de los quarterbacks más longevos y respetados de la NFL, aunque nunca tuvo el aura mediática de otras leyendas del fútbol americano.
Precisamente esa condición de figura secundaria, de héroe silencioso, fue lo que convirtió su nombre en una trampa perfecta para el Rosco.

Nacido en 1934 en Muskegon, Michigan, Earl Morrall desarrolló una carrera profesional que se extendió durante dos décadas, desde 1956 hasta 1976.
Pasó por varias franquicias históricas de la liga, entre ellas los San Francisco 49ers, los Pittsburgh Steelers, los Detroit Lions, los New York Giants, los Baltimore Colts y los Miami Dolphins.
No fue, en la mayoría de los casos, el titular indiscutible, pero sí un suplente de lujo, un jugador fiable que siempre respondía cuando el equipo lo necesitaba.
Su momento más brillante llegó en 1968, una temporada que quedó grabada en la memoria de la NFL.
Morrall asumió la titularidad de los Baltimore Colts tras la lesión del mítico Johnny Unitas.
Contra todo pronóstico, lideró al equipo hacia una temporada regular extraordinaria, con una racha de victorias que asombró a la liga.
Aquel rendimiento le valió el reconocimiento individual más importante: fue nombrado Jugador Más Valioso (MVP) de la NFL.
“Nunca intenté ser Johnny Unitas, solo intenté ser la mejor versión de mí mismo para el equipo”, dijo Morrall años después al recordar aquella etapa.
Pese a la brillantez de la temporada, los Colts no lograron ganar la Super Bowl, una derrota que empañó ligeramente un año que, en lo personal, fue irrepetible para el mariscal de campo.

Otro capítulo esencial de su legado se escribió en 1972, cuando formó parte de los Miami Dolphins que completaron la única temporada perfecta de la historia de la NFL, sin una sola derrota.
Aunque el joven Bob Griese era el titular, Morrall volvió a demostrar su importancia cuando tuvo que asumir el mando tras una lesión de su compañero.
Aquellos Dolphins no solo ganaron la Super Bowl, sino que se convirtieron en un símbolo de excelencia deportiva que, más de medio siglo después, nadie ha logrado igualar.
Morrall nunca fue una superestrella mediática, pero dentro del vestuario era respetado por su profesionalidad y carácter.
“Mi trabajo era estar preparado cuando llegara mi momento”, afirmó en una entrevista retrospectiva.
Esa mentalidad le permitió mantenerse en la élite durante veinte años y convertirse, para muchos analistas, en el mejor suplente de la historia de la NFL.
Earl Morrall falleció en 2014, a los 79 años.
Su nombre parecía destinado a quedar en los libros de historia del deporte estadounidense, lejos del foco popular.
Sin embargo, más de una década después, el azar televisivo lo devolvió al centro de la actualidad en España, convertido en la llave de un bote millonario.

Para Rosa Rodríguez, aquella letra M no fue solo una respuesta, sino el final de un camino largo y emocional.
La concursante había confesado en varias ocasiones que estuvo a un paso de abandonar el programa tras quedarse a una sola palabra del bote en dos ocasiones anteriores.
“Mi madre siempre me decía que insistiera, que algún día llegaría”, recordó visiblemente emocionada tras ganar.
“Esto también es para ella”.
El triunfo de Rosa no solo rompió récords económicos, sino que volvió a demostrar la capacidad de Pasapalabra para unir mundos aparentemente lejanos: la televisión española, una concursante argentina y la historia del fútbol americano estadounidense.
Earl Morrall, el quarterback discreto, el suplente eterno, terminó siendo el protagonista inesperado de una noche histórica.
Así, el legado de Morrall encontró una nueva vida, lejos de los estadios y los cascos, en un plató de televisión y en la memoria colectiva de millones de espectadores.
Un nombre difícil, una letra esquiva y una respuesta perfecta que valió 2.716.000 euros y un lugar permanente en la historia de Pasapalabra.