Jorge Costas, creador de la baliza V16, aseguró que recibió ofertas de mordidas para acelerar su implantación, reavivando las sospechas sobre intereses económicos en un mercado potencial de más de 1.500 millones de euros.

El debate sobre la obligatoriedad de la baliza V16 ha tomado un giro inesperado y explosivo, tras las impactantes declaraciones de Jorge Costas, uno de los creadores del polémico dispositivo.
En un reciente podcast, Costas reveló que durante el proceso de implementación del sistema, recibió propuestas para acelerar el proceso a cambio de “mordidas”.
Esta afirmación ha sacudido los cimientos de un negocio que ya estaba bajo la lupa por sus numerosas críticas y dudas.
“Nos vinieron a ofrecer la posibilidad de acelerar el proceso a cambio de mordidas, evidentemente”, afirmó Costas, dejando entrever que en torno a la implantación obligatoria de la baliza se habrían movido intereses poco claros.
Su equipo, según sus palabras, rechazó estas propuestas, pero el eco de su confesión resuena en un contexto extremadamente sensible.
España es el único país en Europa que exige la sustitución de los triángulos de emergencia por este dispositivo, lo que obligará a millones de conductores a desembolsar cerca de 50 euros.
Con esta cifra, el volumen económico del mercado podría superar los 1.
500 millones de euros, lo que ha suscitado aún más sospechas sobre la transparencia de este negocio.
Las dudas no se limitan solo al origen del negocio.
La utilidad real de la baliza V16 frente a los tradicionales triángulos de emergencia también está siendo cuestionada.
A pesar de que el Ministerio del Interior sostiene que la baliza funciona incluso en túneles y zonas sin cobertura, utilizando “redes especializadas”, esta afirmación ha sido duramente criticada por expertos en el campo.

Un ingeniero de telecomunicaciones, muy seguido en las redes sociales, ha desmentido la versión oficial, asegurando que la baliza no emplea ninguna red especial distinta a las habituales.
Este ingeniero ha señalado que el propio Gobierno se contradice, ya que reconoce que cuando no hay cobertura, la luz sigue funcionando, pero la conexión no.
Además, ha indicado que la potencia lumínica de la baliza no representa una ventaja clara en comparación con otros sistemas de emergencia, y que afirmar lo contrario puede inducir a confusión.
“Este tipo de comunicaciones oficiales deberían pasar filtros técnicos rigurosos antes de ser difundidas públicamente”, ha declarado el experto, subrayando la necesidad de una mayor transparencia en la información proporcionada por las autoridades.
Las palabras de Jorge Costas han añadido más leña al fuego de un debate que ya es objeto de controversia social.
Aunque no existen resoluciones judiciales ni pruebas públicas que confirmen irregularidades, sus declaraciones han reavivado la sospecha de que detrás de la obligatoriedad de la baliza V16 podrían existir intereses económicos difíciles de explicar.
Mientras tanto, millones de conductores se encuentran en una encrucijada, cuestionándose por qué deben pagar por un dispositivo que es único en Europa y que está rodeado de tantas sombras.

La situación se vuelve aún más tensa cuando se considera que la baliza V16, lejos de ser una solución innovadora y eficaz, podría no ofrecer las garantías de seguridad prometidas.
Los conductores se preguntan si realmente es necesario sustituir los triángulos por un dispositivo que, según algunos expertos, no aporta mejoras significativas en términos de seguridad vial.
La presión sobre el Gobierno aumenta, mientras que la población exige respuestas claras y contundentes sobre la validez de esta medida.
La polémica no solo afecta a los consumidores, sino que también ha generado un intenso debate entre los principales líderes políticos del país.
Figuras destacadas como Isabel Díaz Ayuso, Santiago Abascal y Pedro Sánchez han expresado sus opiniones sobre el tema, cada uno desde su perspectiva política.
Mientras algunos defienden la obligatoriedad de la baliza como un paso hacia la modernización de la seguridad vial, otros critican la falta de evidencias que respalden su eficacia.
El futuro de la baliza V16 está en el aire.
Con las declaraciones de Costas y la creciente presión pública, el Gobierno se enfrenta a un dilema: continuar con la implementación de la baliza o reconsiderar su obligatoriedad ante las crecientes dudas sobre su utilidad y las sombras que rodean su origen.
La baliza, que se suponía iba a ser un avance en la seguridad vial, se ha convertido en un símbolo de controversia y desconfianza.
Mientras tanto, los conductores siguen esperando respuestas y una mayor claridad sobre un dispositivo que, a partir del 1 de enero de 2026, será obligatorio en las carreteras españolas.
