El empresario francés, que residió los últimos años en Madrid, protagonizó una sonada y polémica relación con la princesa, de quien terminaría separándose dos años después de su boda. “Partió de este lado del mundo en paz, rodeado de su familia”, ha escrito su primogénita en redes sociales

Philippe Junot, empresario francés conocido por su vínculo con la realeza europea y su intensa vida social, falleció el pasado 8 de enero de 2026 en Madrid, a los 85 años.
La noticia fue comunicada por su hija mayor, Victoria Junot, quien expresó en redes sociales su dolor y tristeza: “Con el corazón roto, me entristece anunciar el fallecimiento de mi padre.
Partió de este lado del mundo en paz, rodeado de su familia, después de una vida larga, hermosa y llena de aventuras”.
La primogénita destacó el impacto positivo que tuvo Junot en su vida y la de sus hermanos: “A mi legendario papá, oh cómo te amamos.
Te vamos a extrañar.
Gracias por todas las risas y las aventuras, mostrándonos tu mundo y la inspiración para llegar más lejos, gracias por tu amor que nunca nos dejará.
Qué privilegio haber vivido a tu lado.
Es un capítulo difícil de cerrar, pero seguiremos sonriendo, viviendo y riendo al máximo, tal como él quisiera que todos lo hiciéramos”.
Junot fue un personaje relevante de la alta sociedad europea en la década de los setenta, sobre todo por su breve pero mediática relación con la princesa Carolina de Mónaco.
La pareja se conoció en 1977 durante una de las fiestas más glamurosas de París.
Carolina tenía entonces 19 años y Junot 37, y a pesar de la diferencia de edad, surgió rápidamente un vínculo que culminó con un compromiso y una boda multitudinaria en 1978, a la que asistieron cerca de 800 invitados, incluyendo figuras emblemáticas del cine y la aristocracia como Ava Gardner.
Sin embargo, el matrimonio estuvo marcado por la polémica y los escándalos, y terminó abruptamente dos años después.
Junot admitió entonces: “Todo ha terminado entre ella y yo.
Cada uno es libre de actuar como le plazca”, aludiendo a los rumores de infidelidad que rodearon su separación.
El divorcio se firmó de mutuo acuerdo, aunque la nulidad matrimonial no se concedió hasta 1992, mucho después de que Carolina hubiera formado una nueva familia con Stefano Casiraghi, fallecido en 1990 en un trágico accidente náutico.

Nacido en el seno de una familia con notable trayectoria, Philippe era hijo del político y millonario Michel Junot y descendiente de Jean-Andoche Junot, duque de Abrantes y general de Napoleón, cuyo nombre figura inscrito en el Arco del Triunfo en París.
Su formación y estatus social le abrieron paso en los círculos más selectos de Europa, aunque no siempre fue considerado el candidato ideal para la princesa Carolina.
A pesar de su breve matrimonio con la heredera monegasca, Junot continuó con su vida personal y profesional, centrando su atención en la familia que formó posteriormente.
En 1987, Junot contrajo matrimonio con Nina Wendelboe-Larsen en una ceremonia íntima en Dinamarca.
De esta unión nacieron tres hijos: Victoria, Alexis e Isabelle, quienes conservaron un vínculo cercano con su padre incluso después de que la pareja anunciara su separación en 1995.
Philippe mantuvo con Nina una relación cordial, compartiendo momentos familiares importantes, como bodas y bautizos, lo que reflejaba su capacidad para mantener la unidad familiar pese a los cambios personales.
Posteriormente, Junot también tuvo una relación con la sueca Helen Wendel, con quien tuvo a su hija menor, Chloé, completando así su descendencia con cuatro hijos.

Durante los últimos años de su vida, Junot decidió mantenerse alejado de los focos mediáticos y limitar su exposición pública.
Sus apariciones fueron generalmente en eventos familiares, asistiendo a bodas y bautizos de sus hijos y nietos, siempre acompañado de su familia más cercana.
Su residencia en Madrid le permitió disfrutar de la tranquilidad y la privacidad, rodeado de sus seres queridos, hasta sus últimos días.
La noticia de su fallecimiento ha despertado un recuerdo de su paso por la vida social europea y de su vínculo con la princesa Carolina de Mónaco, un capítulo que marcó tanto a Junot como a la familia Grimaldi.
Su legado queda reflejado en sus hijos y nietos, así como en quienes lo conocieron y compartieron momentos de su vida llena de viajes, negocios y relaciones personales intensas.
La familia ha expresado que el empresario partió en paz, rodeado del amor de sus hijos, y que su memoria será honrada con risas, recuerdos y la continuación de la vida tal como él habría querido.
Philippe Junot deja un legado que mezcla la notoriedad social, las historias de amor con figuras emblemáticas y la dedicación a su familia, marcando su nombre en la historia contemporánea de la alta sociedad europea.
Su vida, llena de aventuras, vínculos familiares y experiencias intensas, se despide ahora dejando una huella imborrable en quienes lo conocieron y en la memoria pública asociada a la princesa Carolina de Mónaco.
