Feijóo apela a una España “sin muros” mientras Sumar tilda el Mensaje de “complaciente” y Podemos lo acusa de “desmemoria” con la dictadura

El Mensaje del Rey este año no ha dejado indiferente a nadie.
La exhortación a la “convivencia” resonó en todo el país, pero mientras algunos partidos se mostraron receptivos, otros no dudaron en criticarlo con dureza, mostrando que la política española sigue siendo un terreno de tensiones y reproches.
Desde el primer momento, el PSOE se posicionó de manera clara: apoyo al llamamiento a la convivencia, pero recordando que los partidos que gobiernan tienen una “corresponsabilidad” fundamental en que ese principio se cumpla.
“Estamos comprometidos con la idea de un país unido, donde la diferencia no suponga conflicto, pero no podemos olvidar que la gestión del Gobierno también debe reflejar esos valores”, afirmó un portavoz socialista.
Por su parte, el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, utilizó un tono más optimista y casi poético al hablar de España. “Queremos una España sin muros, abierta, que mire hacia el futuro con diálogo y cooperación entre todos los ciudadanos”, declaró.
La metáfora de los muros, sin embargo, no pasó desapercibida para muchos analistas, que interpretaron sus palabras como un guiño a la necesidad de superar divisiones internas, pero también como una advertencia a los partidos de izquierda.
Mientras tanto, Sumar no dudó en mostrar su desacuerdo. Consideraron el Mensaje “complaciente”, argumentando que la intervención del Rey no abordaba con suficiente profundidad los problemas actuales del país.
“Se trata de un discurso que evita confrontar la realidad de manera directa, un mensaje que se queda en la superficie”, sentenció uno de sus portavoces.
La crítica reflejaba un malestar con la falta de propuestas concretas y con un tono que, según ellos, se centraba demasiado en la apariencia de unidad sin incidir en los desafíos reales que enfrenta España.

Podemos, por su parte, fue todavía más duro, acusando al Mensaje de mostrar “desmemoria” respecto a la dictadura. “Hablar de convivencia está bien, pero no se puede ignorar nuestra historia reciente.
La memoria histórica es clave para construir un futuro sin errores del pasado”, afirmó una dirigente del partido.
Para Podemos, la crítica no solo se dirige al contenido, sino al enfoque del discurso, que consideran insuficiente para reconocer los daños y las injusticias del franquismo y la transición democrática.
La tensión entre partidos quedó aún más marcada en los comentarios cruzados que siguieron a la intervención del Rey.
Desde el PSOE, se insistió en que la convivencia no es solo un ideal, sino una responsabilidad compartida, especialmente para quienes ocupan cargos de gobierno.
“Si queremos que España funcione como una verdadera democracia, todos debemos asumir nuestra parte. No basta con hablar de unidad; hay que actuar en consecuencia”, subrayó un portavoz.
El contraste con Feijóo fue evidente: mientras el PSOE enfatiza la acción y la responsabilidad, el líder del PP centra su mensaje en la idea de un país abierto y sin barreras, apelando a la imaginación y a la esperanza colectiva.
La comparación generó debates en redes sociales y en medios, donde los analistas políticos se preguntaban si esta diferencia de enfoque refleja estrategias electorales o posiciones ideológicas profundas.
Sumar y Podemos, al unísono, coincidieron en señalar que el Mensaje del Rey parecía demasiado neutral y evasivo frente a los problemas que atraviesa España.
Desde Sumar insistieron: “No podemos quedarnos en palabras bonitas; necesitamos que se aborden cuestiones reales como la desigualdad, la educación y la salud pública”.
Por su parte, Podemos añadió un matiz histórico: “No se puede construir convivencia si se olvida la memoria. Hablar de unidad sin reconocer la dictadura es un error que puede costarnos caro en términos sociales y políticos”.

Entre declaraciones y debates, quedó claro que el Mensaje del Rey, aunque orientado a la concordia, encendió el escenario político más de lo esperado.
Los diferentes enfoques reflejan no solo tensiones ideológicas, sino también la manera en que cada partido interpreta la historia y el presente de España.
Para el PSOE, la clave está en la corresponsabilidad de quienes gobiernan; para el PP, en un país abierto sin muros; para Sumar y Podemos, en la crítica al contenido y en la necesidad de mirar la historia con honestidad.
El discurso real se ha convertido, entonces, en un espejo donde se reflejan las diferencias profundas entre los partidos.
Cada uno proyecta sus prioridades y sus críticas, pero todos coinciden en una cosa: la convivencia sigue siendo un objetivo deseado, aunque debatido hasta el extremo.
En el café, en el Congreso y en las redes sociales, la conversación continúa. “La política española nunca deja de sorprendernos”, comentaba un ciudadano mientras repasaba los titulares.
Entre discursos de unidad y críticas encendidas, España sigue buscando su camino, mientras los partidos debaten cómo traducir las palabras del Rey en acciones concretas.
El Mensaje de este año quedará, sin duda, como un recordatorio de que la concordia es un objetivo compartido, pero que alcanzar la convivencia real requiere más que palabras.
Entre elogios, reproches y debates históricos, los ciudadanos observan y esperan que los compromisos políticos se conviertan en hechos, y que los muros de los discursos se transformen en puentes de diálogo y acción.