Alberto Núñez Feijóo protagoniza un duro enfrentamiento en el Congreso al frenar a Gabriel Rufián durante un debate sobre el accidente de Adamuz y la gestión de crisis.

En una reciente sesión del Congreso, el ambiente se tornó explosivo cuando Alberto Núñez Feijóo, líder del Partido Popular, frenó en seco a Gabriel Rufián, portavoz de ERC, durante un acalorado debate sobre la gestión del gobierno en relación con el trágico accidente de Adamuz.
La escena se vivió como un auténtico espectáculo, con miradas cruzadas y una tensión palpable que se podía cortar con cuchillo.
Feijóo, con la calma de un maestro, comenzó su intervención cuestionando la valentía de Rufián.
“Si yo tuviese responsabilidades de gobierno, usted ya me habría llamado a ese y hubiese traído un trozo de carril y lo hubiese puesto en su escaño”, le espetó, desatando la indignación en la bancada de ERC.
La respuesta de Rufián no se hizo esperar; su nerviosismo era evidente mientras intentaba intimidar a su oponente con gestos descontrolados, lo que lo dejó en una posición ridícula ante toda España.
La tensión aumentó cuando Rufián, visiblemente alterado, comenzó a golpear los escaños, intentando recuperar el control de la situación.
Sin embargo, su comportamiento sólo sirvió para evidenciar su falta de argumentos ante las incisivas preguntas de Feijóo.
“Usted es muy valiente con un presidente autonómico dimitido y muy cobarde con un presidente del gobierno al que usted sigue apuntando, sigue apoyando y sigue defendiendo”, continuó Feijóo, dejando a Rufián sin palabras.

El intercambio verbal se convirtió en un duelo de titanes, donde Feijóo no solo defendía su postura, sino que también sacaba a la luz la ineficacia del gobierno en la gestión de crisis.
“¿Qué papel tenemos los socios en todo esto de la Dana? Apoyar al gobierno, ser cómplices del gobierno, ser encubridores del gobierno”, afirmó, provocando risas y murmullos de aprobación entre sus compañeros.
La situación alcanzó su punto álgido cuando Feijóo cuestionó la falta de acción del gobierno en momentos críticos.
“Usted ha dicho que haría lo mismo, pero ¿por qué suspende su agenda frente al accidente de Adamuz y no lo hace frente a la Dana?”, preguntó, desafiando a Rufián a justificar sus decisiones.
La presión era intensa y Rufián, atrapado en su propia retórica, no pudo ofrecer una respuesta convincente.
“Señor Rufián, yo me fui al día siguiente”, replicó Feijóo, subrayando su compromiso y contrastándolo con la inacción del gobierno.
“Pero, ¿por qué no suspendió la agenda? Usted estaba en una entrega de premios, ¿por qué no se fue?”, continuó, mientras la sala se llenaba de murmullos de incredulidad.

La intervención de Feijóo fue un claro ejemplo de cómo la política puede convertirse en un escenario de tensiones y enfrentamientos.
“No se puede ser muy valiente con un presidente autonómico dimitido”, insistió, dejando claro que la falta de coherencia en la oposición era evidente.
El Congreso entero vivió este momento como un hito en el que el liderazgo y la capacidad de argumentación se pusieron a prueba de manera contundente.
Finalmente, la sesión culminó con un ambiente de incredulidad y asombro.
Feijóo, con su estilo directo y sin rodeos, había logrado poner en evidencia las debilidades de Rufián y, por extensión, del gobierno.
La imagen de Rufián, atrapado en su propia trampa retórica y con su autoridad desmoronándose, quedó grabada en la memoria colectiva de los espectadores.
Este episodio no solo retrata la polarización del debate político en España, sino que también pone de manifiesto la creciente tensión entre los partidos en un contexto donde la gestión de crisis es más crucial que nunca.
La sesión del Congreso se transformó, así, en un auténtico ring de combate político, donde las palabras y los gestos se convirtieron en armas en un enfrentamiento que, sin duda, seguirá resonando en el ámbito político español.
