Felipe González criticó duramente a Pedro Sánchez y a José Luis Rodríguez Zapatero por su postura frente al régimen venezolano, acusándolos de perder la dignidad al legitimar excarcelaciones selectivas de presos políticos.

El expresidente del Gobierno español, Felipe González, ha arremetido con contundencia contra las actuaciones del actual presidente, Pedro Sánchez, y del exmandatario José Luis Rodríguez Zapatero, en relación con la crisis en Venezuela.
En un reciente pronunciamiento que ha resonado en el debate político español, González ha criticado lo que considera una manipulación de las liberaciones de presos y un manejo “inmoral” de la transición venezolana, sacudiendo a los dirigentes socialistas desde una perspectiva interna histórica.
González ha cuestionado la validez de las excarcelaciones anunciadas por las autoridades venezolanas, argumentando que, según observadores y opositores, las liberaciones reales representan un porcentaje muy bajo del total de presos políticos identificados.
“¿Qué es lo que está pasando con ese comercio de carne humana de presos que se ha vivido en Venezuela?”, se preguntó González, subrayando la incoherencia de celebrar gestos de clemencia que, a su juicio, son superficiales.
Esto ocurre en un contexto donde organizaciones como Foro Penal han señalado que solo una mínima fracción de los detenidos ha sido excarcelada, a pesar de los anuncios oficiales.
El expresidente ha centrado su crítica en la lógica con la que ciertos sectores han celebrado estas liberaciones, especialmente tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses.
“Si pueden soltar a 50 y meter en la cárcel a 100 arbitrariamente, entonces estamos hablando de un comercio de carne humana.
Quien sea capaz de jugar ese juego pierde la dignidad humana, sea quien sea”, afirmó González, dejando claro su desdén por las acciones de los líderes actuales.

González no ha escatimado en cuestionar a Sánchez y Zapatero por su papel en el manejo de las relaciones con el régimen chavista y las liberaciones selectivas que se han llevado a cabo.
“¿Cómo agradecer a Delcy o a su hermano, el presidente de la cámara, soltando presos?”, planteó González, insistiendo en la falta de una mínima institucionalidad democrática en Venezuela.
Para él, no tiene sentido celebrar la excarcelación de quienes nunca debieron estar detenidos sin cuestionar la falta de transparencia y coherencia del proceso.
El expresidente ha llamado la atención sobre la necesidad de claridad y principios éticos en las acciones diplomáticas, acusando indirectamente a Sánchez y Zapatero de haber tolerado o promovido medidas que, bajo el argumento de la transición, no respetan plenamente los derechos humanos ni los procedimientos democráticos que España y la Unión Europea dicen defender.
“La dignidad humana se pierde cuando se juega con la libertad y el sufrimiento de las personas como si fueran fichas de negociación política”, destacó González, enfatizando la gravedad de la situación.
Esta crítica no solo pone de manifiesto las profundas divergencias sobre la política hacia Venezuela dentro del socialismo español, sino que también refleja una preocupación más amplia sobre el papel de España en la defensa de los derechos humanos en el ámbito internacional.
González ha instado a sus colegas a reflexionar sobre las implicaciones de sus decisiones y a considerar el impacto que estas tienen en la vida de miles de personas en Venezuela.

La intervención de González ha generado un intenso debate en el panorama político español, donde líderes de diferentes partidos han reaccionado a sus declaraciones.
Algunos han apoyado su postura, mientras que otros han defendido las acciones del gobierno actual, argumentando que la situación en Venezuela es compleja y requiere un enfoque cuidadoso y diplomático.
En este contexto, la figura de Felipe González se erige como un referente crítico que no teme alzar la voz frente a lo que considera injusticias.
Su llamado a la ética y a la transparencia resuena en un momento en que la política internacional enfrenta desafíos significativos y la defensa de los derechos humanos se convierte en una prioridad ineludible.
Con su intervención, González ha recordado a los líderes políticos que la dignidad humana no debe ser un tema de negociación y que cada decisión tomada en el ámbito internacional tiene repercusiones profundas.
“No podemos permitir que la política se convierta en un juego donde se sacrifiquen vidas y libertades”, concluyó, dejando claro que la lucha por los derechos humanos debe ser una prioridad constante en la agenda política.
