El Palacio Real de Aranjuez ha acogido la entrega del Premio Ñ 2025 a María Delgado. Un acto en el que los reyes apenas han intercambiado miradas, lejos de los gestos cómplices que han mostrado en ocasiones anteriores.

El Palacio Real de Aranjuez fue testigo de una imagen poco habitual en los últimos años:
los Reyes de España, Felipe VI y Letizia, se mostraron distantes, sin intercambiar miradas cómplices ni gestos de cercanía durante la entrega del Premio Ñ 2025 a la catedrática de Teatro y Artes Cinematográficas de la Universidad de Londres, María Delgado.
La ceremonia, que reconoce la labor de quienes impulsan la lengua española internacionalmente, transcurrió entre saludos protocolarios y conversaciones formales, pero la química habitual entre los monarcas brilló por su ausencia.
El acto comenzó poco antes de las 12:30 h, cuando el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, acompañado por el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, el de Exteriores, José Manuel Albares, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ocupaban sus lugares esperando la llegada de los Reyes.
Felipe VI y Letizia entraron saludando a los invitados y estrechando manos, entre ellos escritores reconocidos como Luis Mateo Díez, Sergio Ramírez, Elvira Lindo y Rosa Montero.
Sin embargo, mientras aguardaban la llegada de María Delgado, que se retrasó unos segundos, ambos se situaron mirando hacia lados opuestos de la sala. Felipe lanzó apenas una mirada lateral a Letizia, pero ningún intercambio de palabras ni sonrisas se produjo.
“Es curioso verlos así, tan distantes”, comentaba un invitado mientras observaba la escena. “Normalmente siempre muestran gestos de complicidad, se sonríen, comentan entre ellos… hoy nada de eso”.
La última ocasión en la que los monarcas se habían mostrado cercanos fue apenas unos días antes, durante la reunión del Patronato de la Fundación Princesa de Girona en Madrid, donde las miradas cómplices y las sonrisas fueron la tónica habitual, incluso tras la publicación de las memorias de Juan Carlos I, Reconciliación, un hecho que parecía reforzar la unión pública de la pareja.

Tras la espera, María Delgado hizo su entrada y recibió el Premio Ñ 2025, distinción que reconoce la trayectoria de personas que, sin ser hispanohablantes nativos, han destacado en la difusión y promoción internacional del idioma español.
Durante la entrega, los Reyes mantuvieron su distancia: mientras charlaban con la galardonada, no se dirigieron ninguna palabra ni gesto entre ellos, limitándose a cumplir con los protocolos de la ceremonia.
“Se nota que están concentrados en sus funciones, pero la falta de interacción es evidente”, susurraba otra invitada mientras observaba a los monarcas charlar con la premiada.
La tensión continuó incluso al trasladarse a la sala donde tuvo lugar la reunión y el almuerzo con los patronos del Instituto Cervantes, embajadores iberoamericanos acreditados en España y otras autoridades presentes.
Cada uno se mantuvo en su papel, intercambiando palabras con los invitados, pero sin volver a mostrar la complicidad que los caracteriza en otras apariciones.
Letizia, como en ediciones anteriores de este premio, optó por un conjunto cómodo pero elegante.
Esta vez estrenó una blusa azul navy de Carolina Herrera, con cuello alto, manga larga tipo murciélago y lazo XL anudado a un lado, combinada con un pantalón de tiro alto del mismo tono y un sencillo cinturón azul con hebilla plateada.
El look, sofisticado y moderno, contrastaba con la frialdad que se percibía entre los Reyes, quienes generalmente llaman la atención por su sincronía y naturalidad en eventos públicos.
Durante la ceremonia, Felipe VI mantuvo una postura formal, saludando a los invitados y cumpliendo con las obligaciones protocolares, pero evitó acercarse a Letizia o interactuar de manera familiar, limitándose a la cortesía oficial.
Los gestos mínimos y las miradas esporádicas que se cruzaron fueron apenas un recuerdo de la relación visible que han mostrado en otros actos, lo que generó comentarios entre los asistentes sobre una posible tensión o distanciamiento en la pareja real.

A lo largo del evento, la conversación con la premiada se centró exclusivamente en su trabajo y trayectoria, destacando la importancia de la difusión del español en el mundo y la labor de los académicos e investigadores que impulsan la lengua más allá de las fronteras hispanohablantes.
Aun así, la atención mediática se centró más en la actitud de los Reyes que en el contenido de la ceremonia, reflejando cómo la vida personal de la pareja continúa generando interés y debate público.
Expertos en protocolo comentaban que, aunque es común que en eventos oficiales los monarcas mantengan cierta distancia, la ausencia total de gestos afectuosos resulta inusual y llama la atención, sobre todo considerando la cercanía mostrada en ocasiones recientes.
“Estos actos son importantes para proyectar unidad y estabilidad”, explicaba un especialista en monarquía, “y cualquier cambio en la dinámica entre los Reyes se percibe inmediatamente, especialmente por la prensa y el público que los sigue constantemente”.
El almuerzo posterior, con los patronos y autoridades, continuó en el mismo tono: profesional y distanciado.
Mientras Letizia conversaba con algunos invitados sobre literatura y arte, Felipe VI permanecía atento a los saludos protocolarios y a la disposición de los asistentes, manteniendo la formalidad que exige su papel, pero sin mostrar cercanía con su esposa.

El Premio Ñ 2025 terminó siendo un evento de contrastes: la celebración de la excelencia en la promoción del español frente a la imagen inusual de los Reyes mostrando frialdad y distancia.
La atención de los medios, sin duda, se centró en la ausencia de complicidad entre Felipe VI y Letizia, que pocos días antes habían sido captados en gestos cariñosos y sonrientes en Madrid.
A medida que los invitados abandonaban el Palacio Real, los comentarios giraban en torno a la tensión percibida.
“Nunca los había visto así, ni siquiera en eventos más formales”, decía un académico. “Hoy la distancia era palpable, y eso genera muchas preguntas sobre la dinámica de la pareja en público”.
El acto cerró con la sensación de solemnidad y reconocimiento a María Delgado, pero la imagen que quedará en la memoria de la prensa y del público será la de unos Reyes que, por primera vez en mucho tiempo, parecieron actuar como dos figuras separadas dentro de un mismo escenario, dejando de lado la natural complicidad que solían mostrar y despertando la curiosidad de España sobre lo que sucede detrás de los protocolos y las cámaras.
La entrega del Premio Ñ 2025 no solo sirvió para honrar a la premiada, sino también para reflejar que incluso la monarquía puede mostrar momentos de tensión y distancia, recordando al público que la formalidad y la imagen pública no siempre reflejan la relación privada de sus protagonistas.