Lo que hace su cita al entrar en el restaurante deja en ‘shock’ a una soltera de ‘First Dates’: «Me dejó ‘pati’»

Carmen no se hubiera imaginado jamás que su pretendiente sería como Abel, un ‘match’ perfecto para ella

 

Carmen en 'First Dates'

 

La entrada de Abel en el restaurante de First Dates no fue una más.

Bastó un gesto sencillo, casi olvidado para muchos, para provocar un auténtico impacto en Carmen y marcar el rumbo de una cita que terminó convirtiéndose en una de las más especiales del programa.

Cuando el empresario jubilado apareció con un ramo de flores en la mano, la reacción de ella fue inmediata y sincera: “Un detalle encantador… me dejó ‘pati’”.

A sus 75 años, Carmen no esperaba que aquel encuentro superara tan pronto todas sus expectativas.

Carmen llegó al programa con una historia de vida marcada por el movimiento, la adaptación y la independencia.

Nacida en España, emigró con su familia a Caracas, donde vivió durante más de tres décadas, hasta que la inseguridad y la situación política de Venezuela la empujaron a hacer el camino inverso y establecerse en Sada, A Coruña.

Comercial jubilada, viajera y vital, se presentó ante Carlos Sobera con las ideas muy claras: no buscaba necesariamente el amor romántico, sino “una amistad, un compañero de vida con el que compartir aventuras”.

 

Carmen y Abel se conocen en el restaurante

 

Desde el primer momento dejó claro que su bien más preciado es la libertad.

“Ni loca renuncio a mi libertad”, afirmó con rotundidad, subrayando que disfruta de una soledad elegida y consciente.

Esa independencia no está reñida, sin embargo, con saber exactamente qué tipo de persona podría encajar en su vida.

Carmen fue directa al describir su prototipo ideal: “No voy a decir un Arturo Pérez-Reverte, pero que tenga un nivel cultural medio.

Que desarrolle conversaciones, hablemos de literatura… Y después, que tenga los dientes bien y las uñas limpias”.

Con ese listón, parecía difícil que la cita estuviera a la altura.

Pero Abel, de 71 años, natural de Ferrol y empresario jubilado, no solo cumplió los requisitos, sino que los superó desde el primer segundo.

El ramo de flores fue el primer acierto, un gesto que Carmen valoró especialmente porque, según confesó, “no es fácil recibirlos por parte de los caballeros de hoy en día”.

A ese detalle se sumó una primera impresión muy positiva: “Físicamente es un señor que se mantiene bien para su edad.

Y lo más importante: limpio.

Este señor puede presumir de dentadura”, comentó entre risas.

La conexión fue inmediata y recíproca.

Abel, por su parte, tampoco ocultó su entusiasmo al conocer a Carmen.

Nada más verla, le gustó, pero fue su carácter lo que terminó de convencerlo.

La definió como “simpática, dicharachera y super guay”, palabras que reflejaban la comodidad y la naturalidad con la que ambos comenzaron a conversar desde el primer momento.

La cena avanzó entre anécdotas, experiencias vitales y una sensación compartida de sorpresa.

Para los dos, encontrarse en First Dates fue “como recibir un regalo de Reyes atrasado”.

Ninguno esperaba dar con alguien tan afín, alguien con quien la conversación fluyera sin esfuerzo y con quien compartir una visión parecida de la vida, marcada por la curiosidad, el respeto y las ganas de seguir disfrutando.

Carmen habló de su trayectoria, de lo que significó emigrar y volver, de cómo ha aprendido a valorarse y a no depender de nadie para sentirse plena.

Abel escuchó con atención, aportando también su experiencia como empresario y como hombre que ha aprendido a disfrutar de una etapa más serena de la vida.

Entre ambos se creó una complicidad tranquila, alejada de prisas y de expectativas forzadas.

Uno de los aspectos que más unió a la pareja fue precisamente la claridad con la que Carmen expresó sus límites y su manera de entender las relaciones.

Defensora de un ritmo pausado y del respeto mutuo, dejó claro que el contacto físico no es algo que se regale a la ligera.

Esa honestidad no generó rechazo, sino todo lo contrario: Abel la acogió con naturalidad, demostrando que la afinidad no siempre necesita grandes gestos, sino comprensión y empatía.

A lo largo de la velada, la sorpresa inicial se transformó en ilusión compartida.

Ambos reconocieron sentirse cómodos, escuchados y valorados.

La edad, lejos de ser un obstáculo, se convirtió en un punto a favor: experiencia, serenidad y la certeza de saber lo que se quiere —y lo que no— marcaron cada intercambio.

Cuando llegó el momento de decidir si querían seguir conociéndose fuera del programa, la respuesta fue clara.

Carmen y Abel aceptaron continuar la aventura, no como una promesa grandilocuente, sino como dos personas que habían encontrado en el otro un compañero de conversación, de viajes y de vida.

Sin grandes declaraciones, pero con una sonrisa cómplice que decía mucho más que las palabras.

La cita dejó una enseñanza sencilla y poderosa: a cualquier edad, un pequeño gesto puede abrir una gran puerta.

Un ramo de flores, una conversación sincera y el respeto mutuo bastaron para que dos personas llegaran al restaurante buscando algo indefinido y salieran con una conexión real.

En First Dates, Carmen y Abel demostraron que la ilusión no entiende de años y que, a veces, lo inesperado es exactamente lo que se estaba esperando.

 

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