La Guardia Civil desmanteló en Barcelona una red internacional de fraude digital que operaba desde una cafetería como tapadera para enviar millones de SMS fraudulentos.

En el corazón de Barcelona, lo que parecía ser una cafetería común, con su barra de café y clientes habituales, se ha revelado como el epicentro de una elaborada red internacional de fraude digital.
La Guardia Civil, en el marco de la operación Mosenic, ha desmantelado esta compleja organización que enviaba millones de mensajes SMS fraudulentos cada semana, suplantando a bancos, empresas de mensajería e incluso organismos del Estado.
“Aquello no era una cafetería, era una fábrica de engaños digitales”, relató uno de los agentes presentes en el registro, evidenciando la sofisticación del aparato que operaba desde un sótano oculto bajo el local.
El 18 de noviembre, durante el registro, los agentes se toparon con una impactante cantidad de material informático valorado en más de 400.
000 €.
Entre los hallazgos se encontraban centenares de módems, servidores de alta capacidad y miles de tarjetas SIM, todas configuradas para el envío automatizado de mensajes de texto.
“Desde esta infraestructura clandestina se podían disparar hasta 2,5 millones de SMS al día”, añadió el agente, subrayando la magnitud de la operación.

Cada mensaje era un anzuelo cuidadosamente redactado, notificando a las víctimas sobre supuestos problemas con sus cuentas bancarias o alertas de entrega de paquetes.
Las víctimas, en su mayoría ciudadanos ucranianos residentes en España, eran seleccionadas por su vulnerabilidad económica y su confianza en comunicaciones oficiales en su idioma.
La investigación comenzó cuando dos ucranianos en Alicante denunciaron haber perdido más de 170.
000 € tras recibir mensajes que aparentaban ser del Banco de España.
“Las denuncias encendieron la alarma”, afirmaron los investigadores, quienes desde el primer momento detectaron un patrón común en los mensajes, todos provenientes de un servidor ubicado en Barcelona.
La pista llevó a los investigadores a una pequeña cafetería en el distrito del Eixample, frecuentada por trabajadores de la zona y turistas.
Sin embargo, bajo las mesas y tras una puerta metálica camuflada, los agentes hallaron una instalación tecnológica que parecía salida de un centro de datos comercial.
“Las paredes estaban cubiertas con routers, cables y racks de servidores”, describió uno de los agentes, asombrado por la magnitud de la infraestructura.
Cada uno de los casi 1.
000 módems incautados podía enviar 18 SMS por minuto, todos sincronizados por un software que actuaba de manera coordinada.

La operación no se limitó a la cafetería.
También se extendió a dos viviendas en Barcelona y su área metropolitana, donde se encontraron ordenadores portátiles con bases de datos de víctimas y registros de transacciones en criptomonedas.
“La red obtenía beneficios millonarios enviando mensajes falsos y redirigiendo a las víctimas a páginas idénticas a las de entidades financieras”, explicaron los agentes.
Allí, las víctimas introducían sus credenciales, que eran inmediatamente capturadas por los delincuentes.
El principal detenido, un hombre de 41 años y nacionalidad extranjera, había trabajado en multinacionales tecnológicas y conocía a la perfección las redes de telecomunicaciones.
“Era quien había diseñado los sistemas de automatización que permitían enviar miles de mensajes sin ser detectados”, informaron las autoridades.
En el momento de su arresto en el aeropuerto del Prat, cuando intentaba huir al extranjero, portaba un ordenador cifrado y varios teléfonos con software de encriptación avanzada.

Las autoridades sospechan que este grupo había operado durante más de dos años, causando pérdidas superiores a 1,2 millones de euros, utilizando su red para cometer delitos en otros países europeos.
“Las víctimas recibían SMS idénticos a los que envían empresas reales”, advirtieron los investigadores, quienes destacaron la creciente sofisticación de estos delitos.
“Ya no hablamos de individuos aislados, sino de estructuras empresariales delictivas que operan como compañías tecnológicas”, añadió el portavoz de la Guardia Civil en Cataluña.
La cafetería, utilizada como tapadera, estaba registrada a nombre de una empresa de restauración sin empleados, lo que permitía justificar un flujo constante de ingresos sin levantar sospechas.
Las cámaras de seguridad estaban manipuladas para mostrar grabaciones en bucle, y el cartel luminoso de la entrada permanecía encendido incluso de madrugada, simulando actividad comercial.
“El caso Mosenic ha puesto de manifiesto la nueva cara del crimen organizado, invisible y transnacional”, concluyó un investigador del Centro de Análisis Cibernético de la Guardia Civil.
Con la desarticulación de esta red, la Guardia Civil confía en haber neutralizado uno de los principales focos de envío masivo de mensajes fraudulentos en Europa.
Sin embargo, la operación sigue abierta, y los investigadores trabajan en la identificación de otros implicados que operaban desde fuera de España.
La historia de esta cafetería barcelonesa es un recordatorio de que el crimen ya no se esconde en los callejones, sino en los servidores y algoritmos, un fenómeno que exige una respuesta coordinada a nivel internacional.