Atenas despidió a la princesa Irene de Grecia con un funeral solemne que reunió a las familias reales griega y española, encabezadas por los reyes Felipe y Letizia, junto a la reina Sofía y numerosos miembros de la Casa Real helena.

El pasado martes, Atenas se vistió de luto para despedir a la princesa Irene de Grecia, hermana de la reina Sofía, quien falleció el 15 de enero a los 83 años.
La ceremonia fúnebre, celebrada en la Catedral Metropolitana de Atenas, congregó a miembros de las familias reales española y griega, así como a personalidades destacadas del mundo social y político heleno.
Los reyes Felipe y Letizia, acompañados por sus hijas, la princesa Leonor y la infanta Sofía, viajaron a Atenas para rendir homenaje a la fallecida princesa.
Su presencia simbolizó el profundo vínculo que unía a Irene de Grecia con España, país donde residió durante décadas y al que se nacionalizó en los años ochenta.
Desde primera hora de la mañana, el féretro de Irene de Grecia, cubierto por una bandera nacional, fue expuesto en la capilla de Agios Eleftherios, permitiendo a los ciudadanos atenienses acercarse a despedirse.
Posteriormente, el féretro fue trasladado a la Catedral Metropolitana de Atenas, sede tradicional de las ceremonias religiosas de la familia real helena.
Durante el cortejo fúnebre, los hijos varones de la reina Ana María, Pablo, Nicolás y Philippos, encabezaron la comitiva que condujo el féretro hasta la catedral.
El actual jefe de la Casa Real helena recibió a los asistentes, entre los cuales se encontraba el príncipe Christian de Hannover.
La reina Sofía llegó flanqueada por sus hijas, las infantas Cristina y Elena, junto con dos de sus nietos, Miguel e Irene Urdangarin.

Victoria Federica de Marichalar y Pablo Urdangarin siguieron posteriormente, mientras que los Reyes y sus hijas fueron los últimos en llegar.
La familia real griega, encabezada por la reina Ana María, fue recibida con vítores a su llegada.
La princesa Alexia, acompañada por su marido Carlos Morales, los príncipes Constantino, Achileas y Arístides, la princesa Teodora junto a su esposo Matthew Kumar, Nina Flohr, esposa del príncipe Philippos, y Chrysi Vardinogiannis, esposa del príncipe Nicolás, también participaron en el acto.
Antes de acceder a la catedral, los reyes Felipe y Letizia se dirigieron a los medios para expresar su pesar por la tragedia ferroviaria ocurrida en Adamuz.
“Regresaremos a España tras el funeral para estar presentes y brindar apoyo a las familias afectadas”, aseguraron.
La reina Letizia también señaló que estaban evaluando cómo podrían ofrecer su ayuda en este momento tan difícil.
La princesa Marie-Chantal, esposa de Pablo de Grecia, no pudo asistir al funeral debido a una reciente operación quirúrgica de su madre en Nueva York.
El príncipe Odysseas y la princesa Olympia tampoco pudieron estar presentes por compromisos laborales.
El rey Juan Carlos I también se ausentó del responso celebrado en Madrid, por recomendación médica, ya que viajar a Atenas supondría un esfuerzo físico excesivo en un periodo de tiempo tan breve.

Tras el funeral, el féretro de Irene de Grecia fue trasladado al cementerio real de Tatoi, donde descansan sus padres, los reyes Pablo I y Federica, y su hermano, el rey Constantino.
Irene de Grecia vivió una vida discreta y alejada de los lujos, dedicándose a causas solidarias y cultivando sus pasiones por la cultura hindú, la espiritualidad, la ufología, la arqueología y la música, llegando incluso a ser concertista profesional de piano.
Su muerte deja un vacío en las familias reales española y griega, pero su memoria vivirá para siempre gracias al legado de amor, compasión y servicio que dejó tras de sí.
“Siempre recordaré su dedicación y su capacidad de amar a los demás”, comentó una amiga cercana durante la ceremonia, reflejando el impacto que tuvo la princesa en la vida de quienes la rodeaban.
La comunidad se unió en un sentimiento de tristeza y gratitud, recordando a Irene no solo como una figura real, sino como una mujer que dedicó su vida a ayudar a los demás y a promover la cultura y la paz.
La ceremonia concluyó con un sentido homenaje, donde se escucharon palabras de cariño y admiración hacia la princesa.
“Irene fue un faro de luz en nuestras vidas”, expresó un asistente, mientras las campanas de la catedral resonaban en el aire, marcando el final de un capítulo en la historia de la familia real griega.
La familia real y todos los presentes se despidieron de Irene de Grecia con el corazón lleno de recuerdos y el compromiso de honrar su legado en los años venideros.
