Irene Montero genera polémica tras comparar a Santiago Abascal con “un señorito que quiere tener esclavos”, mientras resurgen acusaciones pasadas sobre un conflicto laboral con su escolta.

Irene Montero, eurodiputada de Podemos, ha vuelto a ser el centro de una intensa controversia política y social tras sus recientes declaraciones sobre Santiago Abascal, líder de VOX.
En un discurso en el que criticó la postura del político de derecha, Montero lo comparó con “un señorito que quiere tener esclavos”.
Esta acusación, aunque contundente, ha resonado de manera inesperada en las redes sociales, donde se ha desempolvado un episodio de su pasado que podría poner en entredicho su credibilidad como defensora de los derechos laborales.
La polémica se remonta a un conflicto laboral que Montero tuvo con su propia escolta, quien, según denuncias, fue obligada a realizar tareas que iban más allá de su función de seguridad.
“Tenía que comprar mi cena y la de mis perros, hacer recados personales y hasta ir a la farmacia fuera de su horario laboral”, reveló la exempleada.
Estas afirmaciones han sido corroboradas por varios testimonios que sugieren que la eurodiputada utilizó a su escolta para fines personales, una práctica que la trabajadora calificó de “abusiva y degradante”.

A pesar de que el caso no llegó a juicio debido a un acuerdo extrajudicial que incluyó una compensación económica, el tema ha resurgido con fuerza.
Muchos analistas y usuarios de redes sociales consideran que este arreglo no es una absolución política para Montero, sino un indicio de que existió un conflicto serio que la llevó a pagar para evitar un pronunciamiento judicial.
“No se puede dar lecciones de derechos laborales mientras tratas a tu personal como recadera”, se escucha en los comentarios de las plataformas digitales, donde miles han expresado su indignación ante la aparente contradicción en el discurso de Montero.
En el contexto de sus críticas a Abascal, la eurodiputada ha sido acusada de hipocresía.
“Primero que mire su propia casa”, es uno de los reproches más repetidos en redes, donde se cuestiona su autoridad moral para hablar de derechos laborales mientras su propia gestión personal parece estar marcada por prácticas cuestionables.
Montero, sin embargo, no ha ofrecido explicaciones detalladas sobre el acuerdo alcanzado con su escolta ni ha respondido directamente a la oleada de críticas que ha surgido en su contra.

A medida que la situación se desarrolla, su imagen pública se ha visto erosionada.
La eurodiputada, que alguna vez fue vista como un referente en la lucha por los derechos de los trabajadores, ahora se encuentra en una posición comprometida cada vez que intenta posicionarse como líder moral en esta materia.
La controversia ha abierto un debate incómodo sobre las prácticas internas de Podemos, un partido que se ha presentado como defensor de los derechos laborales y sociales, pero que ahora enfrenta cuestionamientos sobre su propia ética y moralidad.
“Hablar de esclavitud después de esto es insultante”, comentan algunos usuarios, subrayando la ironía de la situación.
La indignación no solo proviene de la oposición política, sino también de sectores que históricamente han apoyado a Podemos.
La falta de respuesta clara de Montero ante estas acusaciones ha alimentado aún más la percepción de que hay una desconexión entre su discurso y su realidad.

Mientras tanto, los líderes políticos de la oposición, como Isabel Díaz Ayuso y Pedro Sánchez, han aprovechado la oportunidad para criticar a Montero y su partido.
“Es hora de que se haga responsable de sus actos y de las condiciones laborales que impone a quienes trabajan para ella”, afirmó un portavoz del Partido Popular.
Estas declaraciones han resonado en el contexto de una política española cada vez más polarizada, donde las acusaciones de hipocresía y doble moral son moneda corriente.
El episodio no solo ha afectado a Montero, sino que también ha reabierto viejas heridas sobre la imagen de Podemos y su compromiso real con los derechos de los trabajadores.
La eurodiputada, al intentar señalar la supuesta opresión de otros, ha puesto en evidencia sus propias prácticas, dejando a muchos preguntándose si realmente está en condiciones de liderar un cambio en la política laboral en España.
La situación de Irene Montero es un recordatorio de que en la política, las palabras y las acciones deben estar alineadas.
La lucha por los derechos laborales es un tema serio, y aquellos que se erigen como defensores deben ser los primeros en cumplir con los principios que predican.
En este caso, la eurodiputada se enfrenta a un desafío no solo en el ámbito político, sino también en su propia conciencia y en la percepción pública de su figura.