Juan Carlos I niega de forma tajante haber estado en Suiza durante el funeral de Irene de Grecia y asegura que permanecía en Abu Dabi por motivos de salud.

Juan Carlos I ha reaccionado de forma contundente tras la polémica desatada por una imagen que lo situaba en Suiza durante los días en que la familia real despedía a Irene de Grecia.
El rey emérito ha negado de manera categórica haber estado en ese país y ha atribuido la confusión a informaciones erróneas difundidas a raíz de una fotografía que se hizo viral y que provocó un fuerte malestar institucional y familiar.
El episodio se intensificó después de que se publicaran declaraciones del escritor francés Laurence Debray, autor de *Reconciliación* y biógrafo del monarca, en las que se insinuaba la existencia de una maniobra para dañar la imagen de Juan Carlos I aprovechando el contexto del funeral de la hermana de la reina Sofía.
Estas afirmaciones, difundidas en un momento de especial sensibilidad para la Casa Real, elevaron el conflicto a un plano mucho más delicado, al señalar directamente a Felipe VI y a la reina Letizia como parte de una supuesta estrategia de descrédito.
La fotografía que desató la tormenta mostraba al rey emérito junto a una figura influyente del ámbito deportivo internacional, en un hotel de Ginebra, con un aspecto visiblemente deteriorado.
La imagen, tomada el 15 de enero y difundida inicialmente en redes sociales, coincidía con el fallecimiento de Irene de Grecia y con la ausencia de Juan Carlos I en los actos fúnebres celebrados primero en Madrid y después en Atenas.
En ese momento, la versión oficial sostenida por personas de su entorno era clara: su estado de salud no le permitía realizar viajes largos ni encadenar desplazamientos exigentes.

Sin embargo, la aparición de la fotografía sembró dudas inmediatas sobre esa explicación.
A las pocas horas, un amigo cercano del rey emérito salió al paso para desmentirla con rotundidad.
“Esto no es cierto en absoluto.
Estuve con él en Abu Dabi.
No ha salido de Abu Dabi desde Navidad por razones de salud, y sus médicos no se lo permiten”, aseguró, insistiendo en que Juan Carlos I no abandonó Emiratos Árabes Unidos en esas fechas.
La intervención de Laurence Debray añadió un nuevo foco de controversia al revelar detalles sobre el delicado estado de salud del monarca, que cumplió 88 años el pasado 5 de enero.
Según el escritor, el rey emérito sufre “problemas de salud graves” que dificultan cada vez más su movilidad y hacen muy complicado que pueda regresar a España o desplazarse por Europa con normalidad.
Estas palabras generaron inquietud incluso entre antiguos apoyos del monarca, que se preguntan por qué este tipo de informaciones no se comunican directamente desde su entorno oficial.
El historial médico de Juan Carlos I es extenso y conocido.
En 2019 fue sometido a una operación cardíaca en la que se le implantaron varios bypass, y a lo largo de los últimos años ha pasado por numerosas intervenciones quirúrgicas, especialmente en caderas y rodillas.

A ello se suman problemas de movilidad asociados a la edad, que lo obligan a utilizar bastón o apoyo personal en la mayoría de sus desplazamientos.
Pese a ello, hasta noviembre del año pasado realizó varios viajes a España, algunos de ellos muy breves, como el registrado el 22 de noviembre, cuando voló desde Abu Dabi a Madrid para asistir a un almuerzo oficial y regresó el mismo día tras apenas unas horas.
La coincidencia temporal entre la difusión de la imagen y el funeral de Irene de Grecia ha tenido un fuerte impacto emocional en la reina Sofía.
La hermana de la emérita fue durante décadas su apoyo más cercano y su ausencia ha dejado una huella profunda.
Durante las exequias en Atenas, Sofía apareció visiblemente afectada, sin la compañía de su esposo, un detalle que no pasó desapercibido ni para la opinión pública ni para el entorno familiar.
En Zarzuela, la situación se vive con especial incomodidad.
Las declaraciones del biógrafo del rey emérito, que apuntan a una supuesta conspiración desde la Casa del Rey, han sido recibidas con profundo malestar.
Fuentes cercanas al entorno institucional consideran que este tipo de intervenciones no hacen sino agravar la distancia existente entre Juan Carlos I y su hijo, Felipe VI, y perjudican la imagen de la Corona en un momento en el que se intenta preservar la estabilidad y la credibilidad de la institución.

El propio entorno del rey emérito reconoce que la gestión de esta crisis ha sido, como mínimo, desafortunada.
La falta de una versión clara y directa, unida a la aparición de intermediarios y voces no oficiales, ha alimentado la confusión y el enfrentamiento mediático.
En círculos próximos a Zarzuela se insiste en que la figura de Laurence Debray no cuenta con la confianza de la Casa Real ni de la reina Sofía, y que sus declaraciones responden a una iniciativa personal que no representa necesariamente el sentir del monarca.
Mientras tanto, Juan Carlos I permanece en Abu Dabi, donde reside desde 2020, con un deseo que, según personas cercanas, sigue siendo el mismo: regresar a España, aunque sea de forma discreta.
Sin embargo, su estado de salud, las tensiones familiares y la sucesión de polémicas hacen que ese escenario se perciba cada vez más lejano.
Lejos de cerrarse, el episodio ha abierto una nueva etapa de confrontación silenciosa entre el pasado y el presente de la monarquía española.
La negación rotunda del rey emérito sobre su presencia en Suiza no ha logrado apagar el debate, y la sensación dominante es que la guerra de relatos continúa, alimentada por un entorno dividido y por heridas que siguen sin cicatrizar.
