Karlos Arguiñano revela su infancia más dura: “Compartíamos cocina con otra familia para llegar a fin de mes”

El cocinero estrella de Atresmedia ha compartido en numerosas ocasiones anécdotas que dejan entrever la persona más humana que habita en su interior.

 

Karlos Arguiñano: “Una familia de Zamora vivía con nosotros cuando yo tenía  de 5 a 7 años. Todos cocinábamos en la misma cocina”

 

Karlos Arguiñano, el cocinero vasco que lleva más de 40 años conquistando a España con su carisma, humor y cercanía, ha vuelto a sorprender a sus seguidores con un relato que destila humildad y fuerza.

Con 77 años, Arguiñano sigue siendo una de las caras más queridas de la televisión, y no solo por sus recetas, sino por la forma en que comparte su vida como si hablara con un amigo en la mesa de su propia cocina.

“Venimos de abajo, pero venimos con fuerza”, confesó Karlos en uno de sus programas, dejando entrever cómo sus orígenes humildes moldearon su carácter y su manera de enfrentarse a la vida.

Esta frase, sencilla pero poderosa, resume la filosofía de superación que ha marcado cada etapa de su trayectoria.

El cocinero, conocido por su programa diario, comenzó su carrera en ETB, la televisión autonómica vasca, donde tuvo un primer éxito que, sin embargo, fue efímero.

Tras ser despedido, continuó en Telenorte y más tarde en La 1 de TVE, hasta que en 2010 encontró su hogar definitivo en Antena 3 con “Cocina abierta”, un formato que ha mantenido durante décadas y que sigue cautivando al público gracias a su mezcla de cocina y cercanía.

Más allá de sus éxitos televisivos, Arguiñano ha abierto la puerta de su vida personal a los espectadores, compartiendo historias que muestran una faceta muy humana y que pocas veces se ven en televisión.

Entre estas, una de las más impactantes es la que revela cómo su familia atravesó grandes dificultades económicas durante su infancia.

 

El día que Karlos Arguiñano volvió llorando del colegio: “Me trataron muy  mal por ser mal estudiante. Me decían que nunca sería nada”

 

“En mi casa teníamos pupilos con derecho a cocina”, comenzó relatando el chef, explicando que su vivienda familiar se alquilaba por habitaciones, pero quienes vivían allí tenían derecho a usar la cocina y otros espacios comunes.

Esta situación obligó a la familia a convivir muy de cerca con otros inquilinos, algo que hoy resultaría insólito.

Entre esos inquilinos, recuerda Karlos, había una familia de Zamora que vivió con ellos cuando él tenía entre cinco y siete años. “O sea que en la misma casa vivíamos mi familia y los zamoranos”, relató con su característico tono de humor y cercanía.

El recuerdo de compartir una sola cocina con otra familia, con horarios y costumbres distintas, revela una infancia en la que la convivencia era un reto constante.

Sin embargo, Arguiñano lo recuerda con cariño y lo considera una parte fundamental de su formación personal. Estas experiencias, dice, le enseñaron a valorar lo que tiene y a enfrentar la vida con optimismo y resiliencia.

A lo largo de su carrera, Karlos ha demostrado que la humildad no está reñida con el éxito. Su forma de contar historias mientras cocina ha hecho que los espectadores lo vean casi como un miembro más de la familia.

Mientras guisa, emplata y sonríe, comparte anécdotas que muestran su personalidad auténtica, cercana y llena de humor. Cada receta se convierte en una excusa para narrar recuerdos y lecciones de vida, desde su infancia hasta su presente.

 

Karlos Arguiñano: “Una familia de Zamora vivía con nosotros cuando yo tenía  de 5 a 7 años. Todos cocinábamos en la misma cocina”

 

Su cercanía con la audiencia no se limita a la televisión. En sus múltiples visitas a programas como “El Hormiguero”, Arguiñano ha aprovechado para contar detalles de su vida que pocos conocen, dejando entrever su lado más espiritual y reflexivo.

Ha relatado cómo mantiene una rutina de ejercicio diario de 45 minutos, y ha explicado su pasión por el Watsu, una disciplina oriental que se practica en piscinas climatizadas y que apenas se encuentra en tres centros de España.

Estos datos, aparentemente triviales, refuerzan la imagen de un hombre que cuida su cuerpo y mente con disciplina y curiosidad.

Además, Karlos está trabajando en un documental que repasará su vida desde la infancia hasta la actualidad. Aunque por el momento se conocen pocos detalles, se sabe que ya se han grabado cinco jornadas en Argentina.

Este proyecto permitirá a sus seguidores conocer aún más de cerca la historia de un hombre que ha sabido transformar la adversidad en fuerza y pasión por la vida.

El relato de Arguiñano sobre su infancia no es solo una curiosidad biográfica, sino una lección de superación. Su familia, marcada por la necesidad económica, lo obligó a adaptarse, compartir y aprender a convivir con otros en condiciones difíciles.

Sin embargo, lejos de amedrentarlo, estas experiencias lo forjaron como un hombre optimista, creativo y generoso. “En mi casa, por lo visto, hacía falta”, afirmó, refiriéndose al esfuerzo de su familia por sacar adelante un hogar compartido.

 

La dura infancia de Karlos Arguiñano, que recuerda cómo le amenazaban con  que "tú nunca serás nada" y las lágrimas que derramaba desde la escuela  hasta casa

 

El público responde con cariño y admiración a estas historias, que combinan nostalgia, humor y humanidad. Karlos Arguiñano no solo enseña a cocinar; enseña a vivir, a superar dificultades y a valorar lo que se tiene.

Sus anécdotas, contadas con sencillez y naturalidad, logran que cualquiera se sienta cercano a él, como si fuera un vecino que te invita a su cocina para compartir secretos y recuerdos.

A lo largo de sus más de cuatro décadas frente a las cámaras, Arguiñano ha demostrado que la fama no borra los orígenes.

Su vida, llena de anécdotas de humildad, esfuerzo y creatividad, se ha convertido en ejemplo de cómo la superación personal puede transformar cualquier dificultad en una oportunidad.

Cada historia que comparte mientras cocina es un recordatorio de que la vida, al igual que una receta, necesita paciencia, dedicación y un toque de humor para ser realmente deliciosa.

Karlos Arguiñano sigue siendo hoy, a los 77 años, un icono televisivo, pero también un símbolo de humanidad y resiliencia.

Desde aquel piso compartido con la familia de Zamora hasta los estudios de televisión de Antena 3, su historia inspira y emociona a quienes lo siguen cada día, recordándonos que la grandeza no depende del dinero, sino del corazón y la fuerza para superar cualquier obstáculo.

Related Posts

Our Privacy policy

https://noticiasdecelebridades.com - © 2026 News