La Cadena SER ha apartado a Quequé tras la polémica generada por un sketch en “Hora Veintipico” sobre la tragedia de Adamuz, considerado ofensivo por muchos oyentes y profesionales.

La Cadena SER ha decidido apartar a Héctor de Miguel, conocido popularmente como Quequé, tras un nuevo escándalo que ha sacudido el panorama mediático español.
Este revuelo se origina en un sketch emitido en su programa “Hora Veintipico”, donde el humorista abordó la reciente tragedia de Adamuz, en Córdoba, provocando una ola de críticas que han puesto en tela de juicio no solo su sentido del humor, sino también los límites éticos de la comedia.
Aunque Quequé ha declarado públicamente que su salida es una “retirada temporal voluntaria”, diversas fuentes aseguran que la decisión de la emisora fue motivada por la fuerte controversia generada por su parodia.
Muchos han considerado que su actuación fue una burla hacia las víctimas de un suceso que ha dejado fallecidos recientes.
El contenido humorístico, que pretendía satirizar la cobertura mediática del accidente, ha desatado una oleada de críticas en redes sociales y en distintos espacios de opinión.
Numerosos oyentes y profesionales del medio han reprochado a Quequé haber cruzado una línea ética al hacer comedia con una tragedia tan cercana en el tiempo.
“No se puede jugar con el dolor ajeno”, afirmaba un oyente en las redes sociales, mientras que otro añadía: “La risa no puede ser a costa de las víctimas”.
La presión pública ha ido en aumento, colocando a la Cadena SER en una posición incómoda y obligándola a reaccionar ante un escándalo que ha dañado su imagen.

En su comunicado, Quequé defendió su trabajo y negó haber faltado al respeto a las víctimas.
“Ha llegado el momento de parar”, expresó, asegurando que su decisión responde a un desgaste personal y a una reflexión profesional pendiente.
Sin embargo, en ningún momento se disculpó en los términos que, según algunas informaciones, le habrían exigido desde la dirección de la emisora.
Este detalle ha alimentado la versión de que su salida no ha sido tan voluntaria como él sostiene.
Bertrand Ndongo, quien ha sido un crítico abierto del humorista, apuntó directamente a la situación.
“Quequé ha protagonizado una fuerte bronca interna con los responsables de La SER y, tras negarse a rectificar como se le pedía, la cadena ha optado por apartarlo.
No se ha ido, le han echado con un ‘haz lo que quieras’”, afirmó Ndongo, citando a personas que habrían presenciado ese enfrentamiento.
Estas declaraciones han añadido más leña al fuego en un debate que ya estaba candente.
Antonio Naranjo, otro comentarista del medio, cuestionó el relato de Quequé, preguntándose públicamente: “¿Por qué se retira si, según él, no ha ofendido a nadie?”.
Con más de veinte años de trayectoria en la comedia, Quequé se marcha envuelto en una polémica que reabre el debate sobre los límites del humor y la responsabilidad de los comunicadores ante tragedias recientes.
“El humor debe tener un límite, y ese límite es el respeto a las víctimas”, opinó Naranjo en un programa de televisión.

Mientras Quequé insiste en que se trata de un parón temporal, las informaciones y reacciones posteriores refuerzan la idea de que la Cadena SER ha decidido cortar por lo sano tras otro escándalo que ha puesto en el centro de la crítica su forma de entender la sátira y el respeto a las víctimas.
La situación ha generado un intenso debate en la sociedad española, donde muchos se preguntan hasta dónde puede llegar la libertad de expresión en el ámbito del humor.
La polémica alrededor de Quequé no solo ha afectado su carrera, sino que también ha puesto a la Cadena SER en el ojo del huracán.
La emisora, que ha defendido la libertad de expresión en múltiples ocasiones, se enfrenta ahora a un dilema: ¿hasta qué punto puede permitir que sus colaboradores hagan humor sobre temas tan sensibles? La presión de la audiencia y la necesidad de mantener una imagen pública responsable son factores que la cadena deberá considerar en el futuro.
En este contexto, la figura de Quequé se convierte en un símbolo de la tensión entre la comedia y la ética.
A medida que la sociedad evoluciona y las sensibilidades cambian, el humorista se encuentra en una encrucijada que podría definir el rumbo de su carrera.
La pregunta que queda en el aire es si volverá a los escenarios o si este será el final de una era para un humorista que, durante años, ha sabido hacer reír a millones, pero que ahora se enfrenta a las consecuencias de sus propias palabras.
