Óscar Puente afronta una fuerte crisis política tras el accidente ferroviario de Adamuz, con duras críticas por su gestión, su negativa a asumir responsabilidades y las dudas sobre el mantenimiento de la red.

La reciente crisis del sistema ferroviario en España ha puesto a Óscar Puente, ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, en el centro de la polémica.
Con la tragedia del accidente de Adamuz aún fresca en la memoria, las preguntas sobre su idoneidad para el cargo se intensifican.
“¿Qué utilidad tiene ese trabajo para los ciudadanos?”, se preguntaba un opositor en el Congreso, mientras la figura de Puente se tambaleaba bajo la presión de la opinión pública.
Desde su nombramiento el 20 de noviembre de 2023, Puente ha sido un hombre de controversias.
Su llegada al ministerio se produjo en un momento crítico para el gobierno de Pedro Sánchez, que, tras una victoria ajustada en las elecciones, necesitaba un discurso más agresivo.
“Óscar Puente llegó en un momento vital para el gobierno”, afirmaba un analista político, destacando su papel como “perro de presa” del presidente.
Sin embargo, la gestión de Puente ha sido cuestionada tras el accidente que dejó a 45 personas muertas.
En su primera rueda de prensa después de la tragedia, Sánchez prometió que “la gestión de los accidentes ferroviarios estará marcada por la transparencia”.

Sin embargo, muchos consideran que estas palabras no se han traducido en acciones concretas.
La falta de responsabilidad en el gobierno ha sido evidente, con críticas que apuntan a que desde 2018, solo los políticos de gobiernos autonómicos del Partido Popular han asumido responsabilidades por casos de corrupción.
“¿Cómo puede ser que el ministro no dimita tras un accidente que ha costado vidas?”, se cuestionaba un portavoz de la oposición.
La respuesta de Puente ha sido evasiva.
“No quiero que se junte el accidente con el mantenimiento”, dijo, una declaración que ha generado indignación entre los críticos, quienes argumentan que esta actitud refleja una falta de compromiso con la seguridad pública.
La gestión del ministerio ha estado marcada por la desinformación y la falta de inversión en mantenimiento.
“El mantenimiento de la red no es bueno, es malo”, afirmaba un ingeniero de caminos, destacando que la infraestructura ferroviaria está en un estado crítico.
A pesar de las advertencias, Puente ha continuado con su línea de defensa, insistiendo en que “no hay que politizar el dolor de las víctimas”.

Sin embargo, la realidad es que la crisis del sistema ferroviario no es un fenómeno nuevo.
La falta de presupuestos aprobados desde el inicio de la legislatura ha llevado a una degradación de los servicios públicos.
“El sanchismo gasta más dinero en cursos sobre masculinidad que en revisar las vías de Adamuz”, denunciaba un analista, poniendo de manifiesto la prioridad del gobierno en cuestiones que no afectan directamente a la seguridad de los ciudadanos.
Las críticas hacia Puente se intensifican cuando se revelan detalles sobre su vida personal.
En 2013, adquirió un piso de lujo en Valladolid a un precio irrisorio, lo que ha llevado a muchos a cuestionar la transparencia de su gestión.
“¿Cómo puede un político que ha disfrutado de privilegios tan evidentes dar lecciones de ética?”, se preguntaban sus detractores.
El clima político se ha vuelto cada vez más polarizado, con Puente siendo acusado de revanchismo y falta de institucionalidad.
“Puente es el vivo ejemplo de lo que es la política española en esta era sanchista”, afirmaba un comentarista, señalando que su trayectoria está marcada por escándalos y decisiones cuestionables.

Mientras tanto, la situación en el sector ferroviario sigue deteriorándose.
Los maquinistas han expresado su frustración ante la falta de respuesta del ministerio.
“Siempre pensamos que cualquier día podemos morir en la vía”, comentaba un trabajador, reflejando el miedo que sienten diariamente.
La huelga general convocada por el colectivo es un grito desesperado por atención y mejora en las condiciones laborales.
A medida que las investigaciones sobre el accidente avanzan, se plantea la posibilidad de que Puente enfrente consecuencias legales.
“El suceso podría considerarse homicidio imprudente si se demuestra que fue informado del mal estado de las vías y no tomó medidas”, advierte un jurista.
La presión aumenta, y muchos se preguntan si el ministro podrá mantenerse en su puesto ante el creciente clamor popular por su dimisión.
En conclusión, la figura de Óscar Puente se ha convertido en un símbolo de la crisis del sistema ferroviario en España.
Su futuro político pende de un hilo, mientras la sociedad observa atentamente los próximos pasos del gobierno.
La pregunta que queda en el aire es: ¿será capaz de afrontar las consecuencias de su gestión, o caerá como tantos otros en la arena movediza de la política española?