Las protestas y la represión en Irán evidencian la grave situación de las mujeres que luchan por su libertad frente al silencio y la falta de apoyo de sectores del feminismo occidental.

En un momento crítico de la política internacional, las mujeres feministas occidentales han enviado un mensaje claro a sus contrapartes persas, específicamente a las mujeres de Irán.
“No habrá flotilla de invierno”, afirmaron con una mezcla de decepción y resignación.
“Las mujeres feministas de Occidente no respaldan vuestra causa.
No es el momento oportuno”.
Este mensaje resuena en un contexto donde la lucha de las mujeres iraníes por sus derechos se enfrenta a un silencio ensordecedor por parte de quienes deberían ser sus aliadas.
La situación en Irán es alarmante.
Las calles están ardiendo, y las protestas contra el régimen de los Ayatolas han dejado un rastro de muerte y desapariciones.
“Las mujeres no quieren seguir sometidas como lo han estado desde los años 80”, se escucha entre murmullos de indignación.
Sin embargo, la atención de las feministas occidentales parece centrarse en cuestiones menos urgentes, como “los piropos” en España o la controversia sobre el libro de Juan Soto Bars.
“Vuestra causa no es relevante”, repiten, mientras las mujeres en Irán luchan por su libertad y dignidad.
Un portavoz de las fuerzas militares de Yemen ha advertido que, si Irán es atacado, su país lo apoyará.
“Yemen ha estado del lado de Palestina y ha luchado con dignidad a pesar de su extrema pobreza”, declararon.
Este apoyo internacional pone de relieve la complejidad del conflicto y la interconexión de las luchas por la justicia en diferentes partes del mundo.
“Las mujeres de Irán ahora mismo no importan”, lamentan algunos, mientras otras voces se alzan para recordar que la lucha por los derechos humanos debe ser universal y no selectiva.

En medio de esta crisis, las feministas en Occidente continúan con sus debates internos, a menudo ignorando el clamor de las mujeres que enfrentan la represión.
“No vamos a aceptar lecciones de quienes intentan dinamitar los avances feministas en este país”, afirman.
La ironía es palpable: mientras las mujeres en Irán arriesgan sus vidas por sus derechos, las feministas occidentales discuten sobre el lenguaje y la política de género en un entorno mucho más seguro.
“Si yo estuviera en Irán y me obligaran a llevar el pelo cubierto, no me importaría que fuera Trump el que invadiera y me liberara”, dice una voz pragmática.
Esta declaración refleja una desesperación palpable y el deseo de libertad, incluso a través de medios controvertidos.
“Lo que vamos a hacer es informar con rigor sobre lo que está pasando en Irán”, se promete, enfatizando la necesidad de una cobertura mediática más responsable y comprometida.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha comenzado a estudiar la situación en Irán, sugiriendo que podría haber una intervención militar.
“Irán ha cruzado una línea roja porque ha muerto gente que no tenía que morir”, dice, mientras la comunidad internacional observa con preocupación.
Las sanciones de la Unión Europea se están considerando, pero muchos se preguntan si estas medidas realmente tendrán un impacto significativo.

La situación política en España también es tensa.
Jordi Sevilla ha exigido un cambio en el PSOE, argumentando que “nunca ha sido más necesaria la socialdemocracia y nunca ha estado tan ausente del centro del debate político real”.
Sin embargo, el eco de sus palabras parece perderse en un mar de indiferencia.
“No va a pasar absolutamente nada”, se escucha, reflejando la frustración de muchos ciudadanos que anhelan un cambio real.
Mientras tanto, las feministas occidentales siguen con su retórica, ignorando el sufrimiento de las mujeres en Irán.
“No sois feministas, sois mamporreras de vuestro jefe”, se les reprocha.
Esta crítica pone de manifiesto la desconexión entre las luchas feministas en diferentes contextos y la necesidad de una solidaridad genuina que trascienda fronteras y diferencias ideológicas.
En conclusión, la lucha de las mujeres en Irán es una llamada de atención para todas las feministas del mundo.
“Vamos a apoyar a las mujeres de todos los países en sus revoluciones feministas en el modo y en el tiempo que nos lo pidan”, se promete.
Es un recordatorio de que la lucha por la igualdad y la justicia no conoce fronteras y que, en tiempos de crisis, la solidaridad y la acción son más necesarias que nunca.
La historia de las mujeres en Irán es una historia de resistencia, y su voz debe ser escuchada y apoyada por todas las que creen en la justicia.
