Paqui Gómez acusa al ministro Marlaska y al Gobierno de la muerte evitable de su hijo en Barbate por falta de medios frente al narcotráfico.

Paqui Gómez, madre de uno de los dos guardias civiles asesinados en Barbate en febrero de 2024, ha roto su silencio con un testimonio desgarrador que apunta directamente al Gobierno y, en particular, al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska.
En una intervención cargada de dolor y rabia, Gómez ha comparado la muerte de su hijo con “un tren descarrilado por culpa del Gobierno”, denunciando que no se trató de una fatalidad imprevisible, sino de una tragedia evitable por “falta de medios”.
Las palabras de Paqui han resonado con fuerza en un contexto de creciente malestar dentro de las fuerzas de seguridad y sus familias.
“Las tragedias suceden, sí, como cuando se cae una palmera y mata a alguien”, ha reconocido, pero ha insistido en que lo ocurrido en Barbate fue consecuencia directa de decisiones políticas irresponsables.
Según su relato, su hijo tuvo que enfrentarse a una lancha de narcotraficantes sin los recursos suficientes mientras “defendía el discurso del ministro del día anterior en Algeciras”.
Esta situación, que ella considera intolerable, ha desatado una ola de indignación.
Gómez también ha denunciado la falta de gestos humanos por parte de las máximas autoridades del Estado.
“El presidente del Gobierno no me trasladó personalmente el pésame”, ha lamentado, subrayando el contraste entre el dolor de las familias y la presencia de Marlaska y altos mandos de la Guardia Civil en actos sociales.
“Mientras mi hijo estaba en el agua siendo asesinado, ellos estaban en los Goya”, ha afirmado con dureza, dibujando una imagen de desconexión entre la cúpula política y aquellos que arriesgan su vida en primera línea.

Su testimonio se ha vuelto aún más desgarrador al conocer detalles del informe forense.
Lejos de la versión inicial que minimizaba el sufrimiento de su hijo, ha relatado que, según un documento que ha recibido, el guardia civil fue brutalmente arrollado por una narcolancha con cuatro motores.
“A mi hijo me lo destrozaron en el agua”, ha lamentado, poniendo rostro humano a una tragedia que muchos perciben ya como un símbolo de abandono institucional.
Este estallido de dolor y rabia llega en un momento especialmente delicado para el Ministerio del Interior.
El Parlamento Europeo aprobó en noviembre un informe que acusa al departamento de Marlaska de “obstruccionismo” por ocultar pruebas sobre lo sucedido en Barbate.
A ello se suman recientes agresiones a policías en distintos puntos de España, lo que ha llevado a la Confederación Española de Policía (CEP) a exigir la dimisión inmediata del ministro.
En este contexto, el testimonio de Paqui Gómez no solo es un grito de una madre rota, sino también un duro golpe político que incrementa la presión sobre Grande-Marlaska.
“No podemos seguir así”, ha enfatizado, instando a que se tomen medidas inmediatas para proteger a quienes arriesgan sus vidas en la lucha contra el narcotráfico.
Las palabras de Gómez han dejado claro que la tragedia de su hijo no será olvidada y que la lucha por justicia apenas comienza.

La conmoción por su testimonio ha trascendido las fronteras de Barbate, generando un debate nacional sobre la seguridad de los agentes y la responsabilidad del Gobierno en la protección de aquellos que sirven a la nación.
“No se puede jugar con la vida de nuestros hijos”, ha insistido, reflejando el sentir de muchas familias que, como la suya, han sufrido pérdidas irreparables.
La voz de Paqui Gómez se ha convertido en un símbolo de la lucha por justicia y dignidad, un recordatorio de que detrás de cada número hay una historia, una familia y un dolor que no se puede ignorar.
Su valentía al hablar en nombre de su hijo y de todos los que han caído en el deber ha resonado en toda España, planteando preguntas difíciles sobre la responsabilidad del Estado y la necesidad de un cambio real en la política de seguridad.
La historia de Paqui Gómez no es solo la historia de una madre que llora a su hijo, sino también la historia de un pueblo que exige respuestas y justicia.
“Mi hijo no murió en vano”, ha declarado con firmeza, dejando claro que su lucha es por todos aquellos que han sido olvidados en el camino.
La presión sobre el Gobierno y el ministro del Interior crece, y la voz de Paqui se suma a la de muchos que claman por un cambio necesario en la forma en que se trata a quienes arriesgan todo por la seguridad de la sociedad.
