La Reina, que además es Presidenta de Honor de la AECC, ha querido hacer un emotivo alegato para concienciar sobre la necesidad de darle un toque más humano a un diagnóstico de cáncer, que ya de por sí es muy duro.

La reina Letizia volvió a situar el foco en las personas este 4 de febrero, Día Mundial contra el Cáncer, con un discurso de alto contenido emocional y social durante el acto institucional organizado por la Asociación Española contra el Cáncer (AECC), entidad de la que es Presidenta de Honor desde 2010.
En un contexto marcado por la necesidad de avanzar no solo en investigación y tratamientos, sino también en la forma de comunicar y acompañar la enfermedad, la Reina protagonizó un alegato firme y sensible en favor de la empatía, la dignidad y la humanización del diagnóstico oncológico, un momento que, como ella misma subrayó, atraviesa de una u otra forma a toda la sociedad.
Desde el inicio de su intervención, doña Letizia conectó con el auditorio apelando a una experiencia compartida que trasciende cifras y estadísticas.
“No creo que haya nadie en esta sala que no sepa lo que significa un diagnóstico de cáncer, o que no lo haya vivido de un modo cercano, directo y muy personal”, afirmó ante representantes institucionales, profesionales sanitarios, pacientes y familiares.
Una frase que marcó el tono de un discurso pensado para poner palabras a una realidad muchas veces silenciada o tratada únicamente desde el prisma médico.

El acto, celebrado en un clima de sobriedad y reflexión, sirvió para presentar el nuevo modelo de la AECC orientado a una atención integral del cáncer, centrado no solo en el tratamiento clínico, sino en el acompañamiento emocional, social y humano de las personas diagnosticadas.
La Reina, vestida completamente de negro con un estilismo sobrio y funcional para hacer frente al frío de estos días, escuchó atentamente las exposiciones previas antes de tomar la palabra y expresar su respaldo explícito a esta iniciativa.
Consciente de la dureza del proceso que se abre tras un diagnóstico, doña Letizia insistió en que el impacto de la enfermedad va mucho más allá del ámbito estrictamente sanitario.
“Estamos hablando de un proceso prolongado que conlleva la toma de decisiones muy complejas, y que impacta mucho más allá de lo fisiológico, y afecta a todos los órdenes de la vida laboral, personal, social y familiar”, señaló, poniendo el acento en una realidad que a menudo queda diluida entre pruebas, tratamientos y protocolos.
En su intervención, la Reina desarrolló con detalle qué significa, en términos concretos, hablar de humanización en el abordaje del cáncer.
“Atender de un modo integral a la persona con un diagnóstico de cáncer significa incorporar apoyos sociales, funcionales, legales, emocionales, nutricionales también, para abarcar todas las necesidades de la persona enferma, que son reales y que son cambiantes”, explicó, destacando la complejidad y la evolución constante de las necesidades de los pacientes a lo largo del proceso.

La humanización, añadió, no es un concepto abstracto ni una consigna bienintencionada, sino una responsabilidad sostenida en el tiempo.
“Humanizar, en definitiva, es garantizar coherencia, acompañamiento y constancia durante todo el proceso, que incluye también a las personas que nos cuidan y, por supuesto, con la persona como eje vertebrador de toda esa atención”, afirmó, recibiendo el asentimiento del público.
Con estas palabras, quiso reconocer también el papel fundamental de familiares, cuidadores y profesionales que acompañan día a día a quienes conviven con la enfermedad.
La Reina no eludió una reflexión más amplia sobre el contexto social actual y la manera en que se perciben valores como la empatía.
Al aplaudir el nuevo modelo impulsado por la AECC, señaló: “Yo no sé qué os parece a vosotros, pero me parece muy oportuna esta llamada a la acción para humanizar todo ese proceso, que se inicia con el diagnóstico de una patología tan prevalente como es el cáncer”.
Y añadió una observación crítica sobre los tiempos que corren: “En estos tiempos, a veces, da la sensación de que se pone en duda esa capacidad, o incluso la conveniencia de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos, que es lo que el diccionario dice que es la empatía”.
Para doña Letizia, esta aparente desconfianza hacia la empatía resulta especialmente preocupante cuando se trata del cuidado de las personas.
“Es como si todo lo relacionado con el cuidado de las personas y con su dignidad revelara cierta debilidad, o incluso candidez”, reflexionó, antes de reivindicar una visión opuesta: la de la empatía como una fortaleza imprescindible para construir sistemas de atención más justos y eficaces.

Lejos de quedarse en un plano teórico, la Reina subrayó que empatizar implica compromiso y acción.
“Es cierto también que ese ‘identificarse con el otro’ y ‘sentir como el otro’ implica más que palabras: una acción responsable, una voluntad, y también consciencia de todos los actores implicados”, afirmó, señalando de forma explícita a las organizaciones de la sociedad civil, las instituciones públicas, las administraciones y el sector privado como corresponsables de este cambio de enfoque.
El discurso concluyó con un respaldo claro al trabajo de la AECC y a su papel como motor de esta transformación.
Doña Letizia destacó que esta visión integral es precisamente la que promueve la Asociación, alineando esfuerzos para que la atención al cáncer no pierda nunca de vista a la persona.
Sus palabras fueron recibidas con un prolongado aplauso, reflejo del impacto de un mensaje que apeló tanto a la razón como a la emoción.
Una vez más, la Reina confirmó su compromiso sostenido con la lucha contra el cáncer, no solo desde la visibilidad institucional, sino desde una implicación personal que pone en el centro la experiencia humana de la enfermedad.
En una jornada marcada por la concienciación global, su intervención dejó claro que avanzar contra el cáncer también pasa por escuchar, comprender y acompañar mejor.
