Santiago Abascal desarma a La Sexta en directo, convirtiendo un intento de burla en un debate tenso sobre inmigración y seguridad en España.

El 21 de octubre, un episodio inesperado sacudió la televisión española. La Sexta, conocida por su enfoque crítico hacia figuras políticas como Santiago Abascal, líder de Vox, intentó ridiculizarlo en un programa en directo.
Sin embargo, lo que se esperaba como una burla se convirtió en un momento de gran tensión y, a la vez, en una lección de cómo el discurso político puede dar un giro inesperado.
Durante la transmisión, Abascal, con su característico aplomo, se enfrentó a los ataques de los presentadores, quienes intentaban ponerlo en una situación comprometida.
En lugar de dejarse llevar por la provocación, el político utilizó la oportunidad para desmontar uno a uno los argumentos en su contra. “No tiene sentido emigrar a un país para delinquir”, afirmó, generando una mezcla de risas y asombro en el plató.
El momento se tornó incómodo para los presentadores, quienes, lejos de conseguir su objetivo, se vieron atrapados en un intercambio que dejó en evidencia sus propias falencias.
Abascal, con una calma casi desconcertante, planteó cuestiones sobre la inmigración y la seguridad en España, recordando que en los últimos cinco años han llegado al país tres millones de personas, pero no se han construido más viviendas ni se han reforzado los servicios públicos.

“La criminalidad ha aumentado, especialmente en ciudades como Segovia”, continuó Abascal, apuntando a la falta de políticas efectivas que aborden la situación actual.
“No se puede seguir ignorando que el 30% de las ayudas sociales se destina a extranjeros, mientras nuestros ciudadanos luchan por acceder a una vivienda digna”.
Su discurso resonó con muchos espectadores, quienes ven en sus palabras una representación de sus propias inquietudes.
A medida que la conversación avanzaba, el tono se tornó más serio. Abascal no solo se defendía; también lanzaba acusaciones. “Hoy hemos presentado una denuncia ante la Fiscalía Anticorrupción contra el Partido Socialista por posible financiación ilegal”, anunció.
Este giro sorprendió a los presentes y a la audiencia, pues revelaba un aspecto más profundo de la política española: la corrupción.
El líder de Vox argumentó que, a pesar de las afirmaciones del Partido Socialista sobre sus finanzas, hay indicios de irregularidades. “El presidente ha reconocido haber recibido dinero en efectivo, pero no hay constancia de ello en sus cuentas”, explicó.
Este tipo de afirmaciones, que pueden parecer explosivas, son parte de una estrategia más amplia de Abascal para posicionar a Vox como un partido que lucha contra la corrupción y defiende los intereses de los españoles.

La Sexta, al intentar ridiculizar a Abascal, terminó por darle una plataforma para exponer sus ideas y criticar a sus adversarios. La situación se tornó tan surrealista que incluso algunos periodistas presentes no pudieron contener la risa ante el desbarajuste que se vivía en el plató.
“Este es un momento que Ferreras no olvidará”, se murmuraba entre los asistentes, reconociendo que lo que debía ser una victoria para la cadena se convirtió en una derrota pública.
La discusión se centró en la necesidad de repatriar a quienes entran en España sin intención de trabajar y deportar a aquellos que cometen delitos.
“Es sentido común”, insistió Abascal, reafirmando su postura frente a un público que, en su mayoría, parece compartir su preocupación por la seguridad y la integridad del país.
“No se puede seguir permitiendo que se impongan religiones o ideologías que van en contra de nuestras tradiciones”, añadió, generando un aplauso en el plató.
Sin embargo, no todo fue confrontación. Abascal también habló de la necesidad de un diálogo constructivo, aunque dejó claro que Vox no se dejará chantajear por el Partido Popular.
“No tenemos ninguna obligación de aprobar todo lo que nos propongan”, afirmó, mostrando una postura firme y decidida que ha caracterizado su carrera política.
El programa terminó, pero el eco de las palabras de Abascal resonó en las redes sociales y en las conversaciones de los ciudadanos. Muchos se sintieron identificados con sus preocupaciones sobre la inmigración y la corrupción, mientras que otros criticaron su enfoque polarizante.
Lo que está claro es que este episodio no solo dejó una marca en la televisión, sino que también puso de manifiesto las tensiones que existen en la política española actual.
La Sexta, al intentar hacer de Abascal el blanco de sus burlas, terminó por convertirlo en un portavoz de una parte significativa de la población que se siente desatendida.
En un país donde la política se ha vuelto un campo de batalla de ideas y emociones, este encuentro en directo será recordado como un momento clave que refleja la complejidad del debate político en España.
Así, el 21 de octubre se convierte en una fecha emblemática, no solo por el espectáculo televisivo, sino por las preguntas que deja en el aire: ¿qué dirección tomará la política española? ¿Seguirá la polarización, o habrá espacio para un diálogo más constructivo?
Solo el tiempo lo dirá, pero lo que es innegable es que la figura de Santiago Abascal sigue ganando terreno en el panorama político, desafiando a los medios y a sus adversarios de maneras que pocos podrían haber anticipado.