El descarrilamiento en Adamuz dejó 45 víctimas mortales y decenas de heridos tras la colisión de dos trenes, conmocionando a toda España.
Los Reyes Felipe VI y Letizia presidieron en Huelva un funeral multitudinario marcado por la emoción, la cercanía a las familias y un homenaje solemne a las víctimas.

El corazón de España se partió en dos el pasado 18 de enero a las 19:43:45.
En ese preciso instante, un tren Iryo descarriló mientras transitaba por Adamuz, colisionando momentos después con un Alvia que circulaba en sentido contrario.
La tragedia dejó 45 víctimas mortales, cuya memoria perdurará para siempre en la memoria colectiva.
En su honor, y también por las decenas de heridos que lamentó este cruel accidente, se llevó a cabo en el Palacio de Deportes Carolina Marín de Huelva un funeral presidido por los Reyes Felipe y Letizia.
A las 18:00 horas, los Reyes, vestidos de riguroso luto y bajo la protección de un paraguas sostenido por Doña Letizia para resguardarles de la lluvia, llegaron al recinto entre los aplausos de los presentes.
En la entrada lateral del Palacio, ubicada en la calle Honduras, fueron recibidos por el Obispo de Huelva, Santiago Gómez Sierra, quien les saludó con respeto y solemnidad.
Minutos antes, personalidades como el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, y la vicepresidenta primera del Gobierno, María Jesús Montero, ya se encontraban en el recinto, junto a otros líderes políticos y autoridades judiciales, militares y académicas.
Los 4.350 asistentes, entre los que se encontraban 336 familiares de las víctimas, comenzaron a llegar al recinto a las 13:00 horas y entraron de forma escalonada desde las 16:00 horas.
El Ayuntamiento de Huelva habilitó un servicio gratuito de autobuses para facilitar el desplazamiento.
En primera fila, una imagen conmovedora captó la atención de todos:
un cuadro con una fotografía de Natividad de la Torre, quien viajaba en el Alvia junto a su hijo Luis Carlos Sáenz y tres de sus nietos, Carlota, Fidel y Guillermo, tras haber disfrutado de la obra musical “El Rey León” en Madrid.
Ellos sí sobrevivieron al accidente.
Antes de que el acto comenzara, un susto sacudió la solemnidad del evento: los servicios de emergencias de la Cruz Roja atendieron a una señora que se tropezó al bajar las escaleras.
Afortunadamente, la situación no revistió gravedad y pudo continuar en el pabellón con normalidad.
La misa fue concelebrada por monseñor Luis Javier Argüello García, presidente de la Conferencia Episcopal Española, y por el clero diocesano, mientras las marchas fúnebres y el himno de España eran interpretados por la Coral Polifónica de la Santa Iglesia Catedral, dirigida por Sergio Lazo.
El Obispo comenzó su discurso con un mensaje emotivo: “Hoy nos reunimos con el corazón abatido.
La tragedia del accidente ferroviario en Adamuz ha irrumpido en nuestras vidas como un golpe inesperado”.
Dirigiéndose a los Reyes, reconoció su “gesto de cercanía y solidaridad con las familias de las víctimas y con toda la sociedad de Huelva, Andalucía y de toda España, conmocionada por esta tragedia”.
Destacó la importancia de acompañar el sufrimiento humano y agradeció a los equipos de emergencia y voluntarios que se volcaron en las labores de rescate.

El momento más emotivo del acto tuvo lugar al final de la misa.
Liliana Sáenz, sanitaria e hija de Natividad de la Torre, tomó la palabra en representación de todas las víctimas, sosteniendo una rosa blanca en la mano y sin soltar la mano de su hermano Fidel.
“Lo que perdimos no era solo una cifra.
Eran vagones llenos de virtudes y defectos, de triunfos y derrotas, de anhelos y silencios.
Eran vagones llenos de esperanza”, comenzó a decir, mientras las lágrimas brotaban entre los presentes.
“Porque ellos no son solo los 45 del tren; eran nuestros padres, madres, hermanos, hijos y nietos.
Eran la alegría de nuestros despertares y el refugio de nuestras penas”.
La ovación unánime y el reconocimiento a Liliana fueron un preludio del encuentro de los Reyes con los familiares de las víctimas y supervivientes.
Doña Leticia y Don Felipe se mostraron cercanos y atentos, abrazando a sus interlocutores y mostrando su apoyo y preocupación.
“Si no puedes curar, alivia.
Si no puedes aliviar, consuela.
Si no puedes consolar, acompaña”, reflexionó Don Felipe, subrayando la importancia de estar presentes en los momentos de dolor.

La Virgen de la Cinta, patrona de la ciudad de Huelva, presidía el altar junto al crucifijo que veneró Juan Pablo II en la Eucaristía celebrada en Huelva en 1993.
Desde que se produjo el accidente, los Reyes han estado muy pendientes de la situación.
Tras recibir la noticia en Atenas, Don Felipe confirmó que regresarían a España lo antes posible.
“La prioridad ahora es atender, es acompañar, ayudar, es asistir a todas las personas que se han visto afectadas por este accidente brutal”, concluyó Doña Leticia.
Un día después, los Reyes se trasladaron hasta la zona cero del accidente en Adamuz para conocer la magnitud del descarrilamiento y la colisión de trenes.
Agradecieron las labores de rescate de los vecinos que ayudaron en la primera intervención y visitaron el Hospital Universitario Reina Sofía para ver la evolución de los heridos.
“Queremos reconocer la altísima profesionalidad de todos los que han estado implicados en atender la emergencia”, afirmó Don Felipe, destacando la importancia de la atención temprana en la minimización de víctimas mortales.
La tragedia también marcó la inauguración de Fitur, donde los Reyes dejaron un mensaje escrito en el libro de firmas, expresando su dolor compartido con todos los españoles.
“Ante la tragedia ferroviaria ocurrida en Adamuz, con todo nuestro afecto”, concluyeron, recordando que un país se manifiesta en su fortaleza, especialmente en tiempos de crisis.
