Medios afines al Gobierno culpan al liberalismo del accidente ferroviario de Adamuz pese a que la infraestructura sigue siendo un monopolio estatal gestionado por ADIF.

En un giro inesperado, los medios de comunicación del régimen socialista han encontrado un chivo expiatorio perfecto al que culpar del reciente accidente ferroviario en Adamuz: el liberalismo libertario.
A medida que la responsabilidad por el accidente se estrecha alrededor del cuello del gobierno del PSOE, los periodistas cercanos al régimen intentan desviar la atención con narrativas que justifican la negligencia del gobierno.
“La culpa es de la libertad económica”, afirman algunos, ignorando que el actual gobierno no representa al liberalismo, sino a la socialdemocracia de Pedro Sánchez.
En un artículo del diario Expansión, se menciona que “el accidente de Adamuz pone en cuestión la liberalización del sector ferroviario en España”.
Este accidente, que dejó una marca trágica, ocurre en un contexto de creciente demanda y circulación, poniendo a prueba la resistencia de una red ferroviaria que ha crecido considerablemente en los últimos años.
“Desde 1992 no había ocurrido un accidente mortal”, subrayan los analistas, mientras la presión sobre la infraestructura se intensifica.
Sin embargo, este argumento es falaz.
La liberalización del transporte de pasajeros no implica la liberalización de la infraestructura ferroviaria, que sigue siendo un monopolio estatal en manos de ADIF.
“La red ferroviaria es pública y ha fracasado siendo estatal”, señala un experto en transporte.
Si bien ha habido un aumento en la competencia y en la captación de pasajeros, la responsabilidad del mantenimiento recae en el gobierno, que ha optado por priorizar otros gastos más rentables electoralmente.

“¿Por qué se culpa al liberalismo cuando el Estado sigue teniendo el control?”, se pregunta un economista.
A pesar de que los precios han bajado y más personas utilizan el tren, la falta de inversión en mantenimiento es evidente.
“Si hay un aumento en el desgaste, hay que aumentar la inversión”, insisten los críticos, quienes ven en esta narrativa un intento de desviar la atención de la verdadera causa del problema: la falta de voluntad política para invertir en infraestructura.
Los medios también han comenzado a cuestionar la lógica de los liberales libertarios, quienes abogan por un estado mínimo.
“¿Cómo pueden criticar que el Estado no gaste lo suficiente en mantenimiento?”, es una de las preguntas recurrentes.
Sin embargo, los defensores del liberalismo argumentan que su propuesta no es mantener un monopolio público, sino privatizar y liberalizar la infraestructura.
“Si el Estado decide monopolizar, debe asumir la responsabilidad de mantenerla”, recalcan.
A lo largo de los años, el discurso sobre la necesidad de invertir en infraestructura ha sido ignorado.
“No se han bajado los impuestos, sino que se han incrementado”, afirma un analista político.
Con la recaudación tributaria en máximos históricos, la pregunta persiste: “¿Dónde está el dinero?” La falta de inversión en el mantenimiento de la red ferroviaria no se debe a una escasez de recursos, sino a una clara falta de prioridades por parte del gobierno.

“Es más atractivo para los políticos invertir en proyectos que brillen en las campañas electorales que en el mantenimiento de infraestructuras que no generan votos inmediatos”, argumenta un crítico del sistema.
La negligencia en el mantenimiento de las vías ha llevado a situaciones peligrosas, y el reciente accidente es un recordatorio trágico de las consecuencias de esta falta de acción.
Los liberales libertarios, lejos de ser los responsables de la crisis, son quienes exigen que el gobierno asuma su responsabilidad.
“Si el Estado monopoliza, debe invertir en su mantenimiento.
No se puede culpar a la liberalización del transporte de pasajeros por un fallo en la infraestructura que sigue siendo pública”, concluyen.
La narrativa de culpar al liberalismo no solo es errónea, sino que también desvía la atención de las verdaderas responsabilidades del gobierno.
El debate sobre la liberalización y el papel del Estado en la infraestructura ferroviaria continúa, y mientras algunos medios intentan buscar culpables ideológicos, la realidad es que la responsabilidad recae en aquellos que gestionan y mantienen la red.
“Es hora de que se fiscalice al poder político encargado del mantenimiento de las vías y no de buscar chivos expiatorios”, concluyen los expertos.
En una sociedad que demanda respuestas, el camino hacia la verdad parece estar plagado de distracciones y manipulaciones.
