Macarena Olona arremete contra Irene Montero, acusándola de ser una “falsa feminista” y de utilizar el movimiento como herramienta política.

La política española sigue siendo un escenario de intensos debates y confrontaciones, y en esta ocasión, el centro de atención es el enfrentamiento entre Macarena Olona e Irene Montero.
Este choque no solo refleja las tensiones entre diferentes corrientes del feminismo en España, sino que también pone de manifiesto la polarización política que caracteriza al país en la actualidad.
Olona, exdiputada de Vox, ha lanzado una dura crítica a Montero, eurodiputada de Podemos, en un contexto que invita a la reflexión sobre el uso del feminismo como herramienta política.
La controversia comenzó cuando Montero anunció su participación en un acto en la Universidad de Granada, donde hablaría sobre feminismos y la batalla cultural.
Su mensaje en redes sociales, que celebraba su regreso a la arena política, incluía una frase que rápidamente se volvió viral: “¡Nos quieren calladas porque las feministas lo estamos cambiando todo!”.
Sin embargo, estas palabras no cayeron bien en Olona, quien no dudó en responder con vehemencia.
“Nos quieren calladas. Pero ella no tendrá que saltar una barrera humana ni acabará en el hospital por dar una charla en la misma universidad donde sus seguidores intentaron impedir mi acceso”,
declaró Olona, recordando un episodio en el que su propia voz fue silenciada por la oposición que encontró en su visita a la misma institución.

Este comentario no solo pone de relieve las experiencias personales de ambas políticas, sino que también plantea preguntas sobre la verdadera naturaleza del feminismo y su representación en el ámbito político.
Olona continuó su ataque, acusando a Montero de hipocresía: “A esta falsa feminista quien le manda callar y hablar es el Marqués de Galapagar”.
Con esta frase, se refiere al exlíder de Podemos, Pablo Iglesias, sugiriendo que Montero es solo una marioneta en manos de su partido.
La exdiputada de Vox se presenta como una defensora del feminismo auténtico, uno que, según ella, debería incluir todas las voces, incluso aquellas que no coinciden con la ideología de la izquierda.
La respuesta de Olona ha resonado entre sus seguidores, quienes han celebrado su postura desafiante.
“Menos lobos, caperucita comunista. Que no duras ni un asalto en persona”, replicó Olona a Iglesias, quien había declarado que estaba “a disposición para reventar a la derecha española”.
Esta ironía, cargada de sarcasmo, se ha difundido rápidamente en las redes sociales, evidenciando la estrategia de Olona de posicionarse como una figura fuerte y combativa en la política española.

Mientras tanto, Montero ha optado por mantener el foco en su agenda universitaria, evitando entrar en la polémica que ha suscitado la crítica de Olona.
Esta decisión podría interpretarse como una estrategia para no desviar la atención de su mensaje principal sobre el feminismo y la cultura.
Sin embargo, al no responder, también deja abierta la puerta a que la narrativa de Olona gane terreno entre los votantes que buscan una voz más contundente y menos complaciente en el debate feminista.
El debate entre estas dos figuras políticas no es solo una cuestión de personalidades, sino que refleja la complejidad del feminismo contemporáneo en España.
Por un lado, tenemos a Montero, que representa un feminismo institucional y alineado con la izquierda, y por otro, a Olona, que se presenta como una alternativa más radical y menos convencional, dispuesta a desafiar las normas establecidas.
Este enfrentamiento también pone de relieve la lucha por la representación en el discurso feminista.
Olona critica a Montero por lo que ella considera una manipulación del feminismo para fines políticos, sugiriendo que la verdadera lucha debería ser más inclusiva y considerar las voces de todas las mujeres, no solo aquellas que comparten una ideología similar.
Este argumento resuena en un contexto donde muchas mujeres se sienten marginadas por las narrativas predominantes que parecen excluir sus experiencias y perspectivas.
A medida que la discusión avanza, es evidente que el feminismo en España está lejos de ser un tema unificado. La tensión entre diferentes enfoques y la lucha por la representación y la voz son temas recurrentes.
Olona, con su estilo provocador y directo, ha logrado captar la atención no solo de sus seguidores, sino también de aquellos que buscan un cambio en la forma en que se aborda el feminismo en el ámbito político.
En conclusión, el enfrentamiento entre Macarena Olona e Irene Montero no es solo un intercambio de palabras, sino un reflejo de las luchas más profundas que enfrenta el feminismo en la política española.
Mientras Olona se erige como una voz disidente que desafía las narrativas dominantes, Montero continúa defendiendo su visión de un feminismo inclusivo y transformador.
Este debate no solo es relevante para las políticas actuales, sino que también sentará las bases para las discusiones futuras sobre el feminismo y su papel en la sociedad española.
La pregunta que queda en el aire es: ¿quién realmente representa a las mujeres en este complejo paisaje político?