La manifestación pro Maduro convocada por Podemos en Madrid fracasó, con una participación mínima que no alcanzó las expectativas del partido.

La reciente manifestación convocada por Podemos en Madrid en defensa de Nicolás Maduro ha resultado ser un claro fracaso, evidenciando la desconexión entre el partido y la ciudadanía.
A pesar de los esfuerzos del aparato mediático de la formación y de sus llamamientos a través de las redes sociales y la televisión, la respuesta del público ha sido decepcionante.
Lo que se había presentado como una masiva defensa de la soberanía frente a Estados Unidos se ha traducido en una participación que, según las cifras oficiales, no superó a unos pocos cientos de personas.
Este evento tuvo lugar frente a la embajada de Estados Unidos en una de las calles más céntricas de Madrid, la calle Serrano, donde ni siquiera se interrumpió el tráfico.
Los intentos de algunos medios de comunicación de extrema izquierda por inflar las cifras y hablar de “miles” de asistentes contrastan con la realidad que mostraron las imágenes disponibles.
A pesar de los esfuerzos por movilizar a las masas, el acto se redujo a un grupo minoritario de activistas y simpatizantes, muy lejos de los relatos que la formación había intentado difundir.
La convocatoria de Podemos, que buscaba generar un fuerte impacto contra lo que ellos denominan intervención imperialista de Estados Unidos, ha tenido un eco más bien marginal en las calles de Madrid.

Entre los asistentes, se notó la presencia de figuras destacadas del partido, como Ione Belarra, quien no logró insuflar la energía necesaria para convertir la protesta en un evento significativo.
La mayoría de los presentes eran personas con vínculos ideológicos claros con la izquierda radical, lo que refuerza la percepción de que el discurso de Podemos en defensa de dictadores y en contra de Occidente no ha calado en la sociedad más allá de un círculo reducido de activistas.
El grupo que se reunió tenía una media de edad avanzada, lo que sugiere que el mensaje del partido no resuena con las generaciones más jóvenes.
Las cifras de participación distan mucho de las exageradas estimaciones internas que la formación había anticipado.
En sus declaraciones tras la manifestación, Belarra recurrió a una retórica grandilocuente, pidiendo el aislamiento internacional de Donald Trump y atacando al gobierno español por su supuesta complicidad con la política estadounidense.
Sin embargo, el escaso apoyo en la calle pone de manifiesto la desconexión entre la militancia de Podemos y la sociedad española en general.
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Este batacazo en la convocatoria revela que la estrategia del partido de persistir en relatos antioccidentales y pro dictatorial no tiene el eco social que ellos mismos proclaman.
Podemos ha demostrado, una vez más, que su capacidad de movilización se encuentra en su punto más bajo.
En el pasado, el partido lograba reunir a miles de personas en el centro de Madrid, pero hoy ni siquiera son capaces de cortar una simple calle durante un acto de protesta.
El impacto de este fracaso se refleja también en las encuestas, donde la formación parece estar desapareciendo de la escena política en varias comunidades autónomas.
La falta de apoyo en la manifestación es un indicativo claro de que la narrativa que ha estado promoviendo Podemos no resuena con la mayoría de la población.
Mientras que en su momento el partido fue capaz de capitalizar el descontento social y atraer a un amplio espectro de votantes, su actual estrategia parece haber quedado obsoleta.
La manifestación en defensa de Maduro no solo ha sido un revés para Podemos, sino que también plantea preguntas sobre el futuro del partido y su capacidad para conectar con los ciudadanos.
En un contexto donde la política española se encuentra en constante evolución, la falta de respuesta a sus convocatorias podría señalar un cambio en la percepción pública hacia la formación y sus líderes.

El hecho de que la manifestación no haya logrado congregar a un público amplio y diverso sugiere que la imagen que Podemos ha intentado proyectar no se corresponde con la realidad de la sociedad española.
La repetición de consignas antiestadounidenses, en un contexto donde muchos ciudadanos enfrentan problemas cotidianos, no parece ser suficiente para movilizar a las masas.
En conclusión, el fracaso de la manifestación pro Maduro en Madrid es un claro reflejo de la crisis de Podemos.
La desconexión entre el partido y la ciudadanía, sumada a la falta de una narrativa atractiva para el electorado, pone en entredicho su futuro político.
A medida que las elecciones se acercan, la formación deberá replantear su estrategia si desea recuperar la relevancia que alguna vez tuvo en el panorama político español.
La realidad es que, en este momento, Podemos se enfrenta a un desafío monumental para reconectar con la sociedad y demostrar que todavía tiene algo que ofrecer a los ciudadanos.