🎤 Manuel Carrasco se confiesa con Jordi Évole: fama precoz, heridas invisibles y la vida después de *Operación Triunfo*

Manuel Carrasco reflexiona sobre el impacto emocional de la fama precoz tras su paso por Operación Triunfo y admite que “nadie sale del todo bien” de una experiencia así.

 

Manuel Carrasco carga contra 'Operación Triunfo' en 'Lo de Évole': «Nadie sale del todo bien»

 

La nueva temporada de *Lo de Évole* arrancó con una entrevista íntima, sin artificios ni prisas, en la que Manuel Carrasco se mostró como pocas veces antes.

Lejos de un plató y envueltos en una noche londinense de taxis, pubs y conversaciones pausadas, el cantante onubense abrió su memoria personal y profesional para hablar del éxito, del miedo, de la identidad y de las cicatrices que dejó la fama temprana tras su paso por *Operación Triunfo*.

A sus 45 años, Carrasco mira atrás con serenidad, pero también con una honestidad cruda.

“Creo que nadie que sale de un programa así, al menos en mi época, sale del todo bien”, afirmó, consciente del peso de unas palabras que resumen la experiencia de toda una generación de artistas surgidos al calor del fenómeno televisivo.

No hubo rencor ni reproche gratuito, sino una reflexión madura sobre lo que supuso crecer de golpe, bajo los focos, cuando aún no se tienen herramientas emocionales para gestionar un cambio tan radical.

 

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El cantante explicó cómo la fama llegó demasiado rápido para un chico criado en Isla Cristina, en una familia humilde, hijo de un marinero.

“Nadie está preparado para que su vida cambie de la noche a la mañana”, dijo, subrayando la distancia entre la imagen de éxito que se proyecta al exterior y la realidad interior de quien la vive.

Carrasco habló de inseguridades, de miedo y de una sensación constante de estar improvisando mientras todo el mundo parecía esperar certezas.

Uno de los momentos más reveladores de la conversación llegó cuando describió el contraste brutal entre el éxito colectivo y la soledad posterior.

De llenar grandes recintos con miles de personas durante la gira de *Operación Triunfo*, pasó de repente a cantar ante apenas 300 espectadores.

“No entendía nada.

Pensaba que estaba fracasando muy rápido”, confesó, recordando un golpe emocional que lo descolocó profundamente.

Aquella sensación de caída lo llevó incluso a alejarse temporalmente de su pueblo, incapaz de afrontar el regreso con la idea de no haber estado a la altura de las expectativas.

 

Manuel Carrasco asegura que no repetiría la experiencia en 'Operación  Triunfo': “Sabiendo lo que sé ahora, no”

 

Barcelona se convirtió entonces en refugio y punto de reconstrucción.

Carrasco recuerda esa etapa con cariño, pero también con una tristeza latente.

“No sabía bien quién era ni cómo recomponerme”, reconoció.

A ese desconcierto se sumó un contrato discográfico de cinco años que, según explicó, lo dejó sin control creativo sobre su propio trabajo.

“No estuve bien asesorado”, admitió, relatando cómo durante un tiempo aceptó cantar canciones con las que no se identificaba plenamente.

“Pensaba que lo mío no sería tan bueno”, añadió, señalando que fue el único de su edición que llegó a cumplir íntegramente aquel contrato.

Lejos de victimizarse, Carrasco contextualizó aquellas decisiones como parte de un aprendizaje duro, pero necesario.

El cantante reivindicó sus orígenes como un pilar fundamental para no perderse en el camino.

“He sido siempre un buscavidas”, afirmó con orgullo.

Desde niño trabajó para ayudar en casa: vendió coquinas en mercados, pintó, cantó fandangos en bares mientras pasaba el plato.

Esa cultura del esfuerzo, marcada por la escasez, es la que hoy, según él, le permite mantener los pies en la tierra.

La fama, confesó, sigue incomodándole.

Contó que tardó años en comprarse un coche y que nunca ha sentido atracción por ostentar.

“Me siento más a gusto con la gente de siempre”, dijo, dejando claro que el éxito no ha cambiado su manera de entender la vida.

También habló del impacto que su profesión puede tener en sus hijos y del deseo de protegerlos de una exposición innecesaria.

La normalidad, para Carrasco, se ha convertido en un valor esencial.

 

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La entrevista también estuvo marcada por un tono emocional cuando se mencionó el reciente accidente ferroviario de Adamuz, en el que murieron dos mujeres conocidas por el cantante.

Carrasco no escondió el dolor ni la conmoción, dejando ver a un artista atravesado por la realidad más allá de los escenarios, consciente de la fragilidad de la vida y del peso de las pérdidas.

El cierre de la conversación llegó con una pregunta directa de Jordi Évole: si pudiera volver atrás, ¿se presentaría de nuevo a *Operación Triunfo*? La respuesta fue tan clara como honesta.

“Sabiendo lo que sé ahora, no”, afirmó sin titubeos.

No renegó de su pasado ni de lo que le permitió llegar hasta donde está, pero dejó claro que el verdadero éxito llegó cuando logró reconciliar su carrera con sus raíces, cuando dejó de perseguir una película ajena para cantar desde un lugar propio y auténtico.

Manuel Carrasco se mostró como un artista que ha aprendido a convivir con sus contradicciones, que ha transformado las heridas en identidad y que entiende el éxito no como un destino, sino como un camino lleno de curvas.

En su conversación con Évole, más que ajustar cuentas con *Operación Triunfo*, ofreció una lección de humanidad: la de alguien que entendió que seguir cantando no requiere olvidar de dónde se viene, sino recordarlo cada día.

 

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