Mariló Montero criticó duramente a María Jesús Montero por su actitud en el funeral de las víctimas de Adamuz, acusándola de falta de empatía y mala gestión de la situación.

La agenda televisiva de este viernes ha estado inevitablemente marcada por la misa funeral en memoria de las víctimas de Adamuz, en Córdoba.
Todos los matinales dedicaron amplios espacios a la ceremonia y, sobre todo, al análisis de quién estuvo presente y quién brilló por su ausencia.
En este contexto, el programa Espejo Público puso el foco en las quejas de la vicepresidenta y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, por el hecho de que Juanma Moreno, presidente de la Junta de Andalucía, saludara a las familias junto a los Reyes.
Este gesto desató una tormenta política y mediática que ha dejado a muchos sorprendidos.
Durante el debate, Susanna Griso, presentadora del programa, planteó la cuestión a la mesa de colaboradores y abrió la puerta a un análisis crítico de lo ocurrido.
Isabel Rábago fue la primera en intervenir para defender al presidente andaluz.
“Juanma Moreno continúa saludando a las víctimas porque las víctimas querían saludar a Juanma Moreno… ya lo que hacía falta era que se les dijese a las víctimas a quién pueden saludar y a quién no”, afirmó con firmeza, dejando claro que el acercamiento no fue un movimiento político, sino una petición de las propias familias.
Sin embargo, quien realmente elevó el tono fue Mariló Montero, que no ocultó su indignación y cargó con dureza contra la ministra.
“María Jesús Montero lo único que ha ganado es una cosecha de odio en Andalucía porque su comportamiento es deleznable”, sentenció ante las cámaras, capturando la atención del público.
Mariló criticó además que la vicepresidenta entrara al funeral “por la puerta de atrás, escoltada por unos ministros que es muy cuestionable que estuvieran ellos ahí”, refiriéndose a Ángel Víctor Torres y Luis Planas.

La tensión aumentó cuando Mariló se dirigió directamente a la ministra y planteó una pregunta que resonó en el plató: “¿Dónde está Óscar Puente, que es el responsable, y Pedro Sánchez, que es el máximo responsable?”.
Sus palabras reflejaron la frustración de muchos ciudadanos que esperaban una representación más digna del Gobierno en un momento tan delicado.
Mariló Montero fue aún más contundente al interpretar la actitud de la ministra.
“María Jesús Montero habría exigido discreción para evitar una imagen incómoda.
La han llevado protegida por la puerta de atrás… con las condiciones de decir: ‘si Juanma Moreno saluda a los familiares y se va a hacer vídeos… yo me arriesgo a que me llamen asesina’”, explicó, sugiriendo que la ministra estaba más preocupada por su imagen que por el dolor de las víctimas.
El debate se tornó aún más intenso cuando Mariló contrastó la gestión de ambos políticos.
Mientras calificaba de “impecable” la gestión de Juanma Moreno tras el accidente ferroviario, dejó a María Jesús Montero en una posición muy deteriorada ante la opinión pública andaluza.
“El comportamiento de la ministra es un reflejo de su falta de empatía y comprensión hacia las víctimas”, añadió, subrayando la necesidad de una representación más sensible y humana en estos contextos.

La intervención de Mariló Montero ha reabierto la polémica sobre la representación del Gobierno central en actos de duelo y ha dejado a la ministra en el centro de un fuerte cuestionamiento mediático.
La discusión no solo se ha limitado a la televisión, sino que ha trascendido a las redes sociales, donde los ciudadanos han expresado su apoyo a las palabras de Mariló y su descontento con la actitud de la vicepresidenta.
El evento en Adamuz, que debía ser un momento de respeto y recuerdo, se ha convertido en un campo de batalla político, donde las emociones y la política se entrelazan de manera peligrosa.
La imagen de María Jesús Montero entrando por la puerta de atrás ha sido interpretada como un símbolo de su intento de evitar la controversia, pero ha terminado por intensificarla aún más.
“La gente necesita líderes que se preocupen genuinamente por ellos, no solo por su imagen”, concluyó Mariló Montero, resonando con el sentir de muchos andaluces.
Este episodio no solo ha dejado una huella en la política andaluza, sino que también ha puesto de manifiesto la necesidad de una reflexión profunda sobre cómo los líderes deben comportarse en momentos de duelo y crisis.
La historia de Adamuz sigue viva en la memoria colectiva, y las voces de quienes buscan justicia y reconocimiento no deben ser ignoradas.
