Una masiva huelga de médicos ha provocado cancelaciones y retrasos en hospitales y centros de salud, denunciando sobrecarga asistencial, precariedad laboral y falta de planificación en el sistema sanitario público.

La sanidad pública en España ha vuelto a colapsar, y el gobierno parece mirar hacia otro lado.
La inacción de Mónica García, la ministra de Sanidad, ha sido objeto de críticas contundentes por parte de sindicatos y colectivos médicos.
Estos la señalan por no haber mantenido un diálogo directo y eficaz con los profesionales de la salud para desbloquear la reforma laboral sanitaria, lo que ha desencadenado la quinta huelga en menos de un año.
“Estamos cansados de promesas vacías y de la falta de acción”, afirmaba uno de los médicos que participó en las protestas.
Desde primera hora del día, centros de salud y hospitales han operado con recursos mínimos.
Miles de citas han sido canceladas, consultas aplazadas y pruebas diagnósticas reprogramadas, dejando a los pacientes en una situación crítica.
La imagen es la de un sistema al borde del colapso, mientras que el discurso oficial minimiza el impacto.
“No estamos exagerando”, insistía un médico en la manifestación.
“Llevamos meses denunciando la sobrecarga asistencial, contratos precarios y guardias interminables”.

El silencio incómodo de muchos en la izquierda ha llamado la atención.
Aquellos que tradicionalmente han defendido la sanidad pública ahora parecen distanciarse cuando son los propios médicos quienes salen a la calle para protegerla.
“Es hipocresía”, comentaba una enfermera, “cuando las protestas encajaban en su relato político, eran celebradas.
Ahora que se interpelan directamente a la ministra, se relativizan”.
El seguimiento de la huelga ha sido especialmente intenso en atención primaria y en especialidades hospitalarias que ya estaban saturadas.
“No queremos perjudicar a los pacientes, sino advertir que el modelo actual compromete la calidad asistencial y el futuro del sistema”, declaró un portavoz de los médicos, mientras los participantes en la manifestación gritaban: “¡Mónica, escucha! ¡La sanidad no se toca!”.
La manifestación del sábado, que reunió a cerca de 10,000 médicos en las calles, fue calificada como un éxito rotundo por los convocantes.
Allí, se pidió abiertamente la dimisión de Mónica García, quien es considerada políticamente amortizada por gran parte del colectivo.
“No se trata solo de salarios o contratos, se trata de planificación, financiación y respeto profesional”, subrayaba un médico de familia.

La situación es alarmante.
Desde que Pedro Sánchez llegó al gobierno, la población ha aumentado en más de un millón de ciudadanos, pero los recursos humanos y materiales en el sistema sanitario siguen siendo los mismos.
“Falta planificación, financiación y respeto a los profesionales médicos”, insistía un cirujano en la protesta.
“Hoy salimos a la calle a exigir lo que es justo, aunque la izquierda no nos apoye”.
Mientras tanto, Mónica García ha mantenido un perfil bajo, desaparecida en medio de la crisis.
“Nadie sabe dónde está, no dice ni una sola palabra”, comentaban los manifestantes.
La frustración es palpable y la incertidumbre sobre el futuro de la sanidad pública crece cada día más.
“La sanidad pública y los sindicatos ahora no importan tanto”, concluía un médico, reflejando el sentir de muchos que luchan por un sistema que garantice la atención y el bienestar de todos los ciudadanos.
La situación actual exige una respuesta inmediata y efectiva.
Los profesionales de la salud están decididos a seguir luchando por sus derechos y por la calidad del sistema sanitario, porque, como enfatizaban en la manifestación, “la salud de la población no puede ser un juego político”.
La presión sobre el gobierno y sobre Mónica García aumentará en los próximos días, en un contexto donde la salud pública es, sin duda, una de las prioridades más urgentes.
