¡Ni Chicote pudo salvarlo! El drama oculto de La Tarantella, el restaurante que cerró tras vivir su peor pesadilla

«Pesadilla en la cocina» intentó reflotar este local italiano de Barcelona, pero terminó echando el cierre poco después de las enseñanzas del chef

 

Carmen, esposa del propietario de La Tarantella, y Alberto Chicote en «Pesadilla en la cocina»

 

La historia de La Tarantella es una de las más duras y menos conocidas de Pesadilla en la cocina.

Un restaurante italiano ubicado en Barcelona, con más de trece años de trayectoria, que terminó bajando la persiana poco tiempo después de recibir la ayuda de Alberto Chicote.

Lo que parecía una última oportunidad para sobrevivir acabó convirtiéndose en el punto final de un negocio familiar marcado por la desesperación, las deudas y una cadena de golpes personales imposibles de soportar.

Nicola, propietario del local, y su esposa Carmen llegaron al límite antes de pedir ayuda al programa.

La situación económica era insostenible: no podían hacer frente al alquiler, la despensa estaba prácticamente vacía y el número de clientes había caído en picado.

La Tarantella, que durante años había sido su medio de vida y su proyecto más personal, se había transformado en una carga que amenazaba con arruinarles por completo.

“Habíamos vendido todas nuestras cosas para seguir adelante”, reconocía Carmen con crudeza.

“No nos quedaba nada más”.

Cuando decidieron llamar a Pesadilla en la cocina, lo hicieron desde la absoluta desesperación.

Para ellos, la llegada de Chicote era “el último clavo al que agarrarse”.

No solo buscaban salvar el restaurante, sino también mostrar el lado humano que había detrás de los fogones.

“Queríamos demostrar que somos personas, que sufrimos, que no somos solo un negocio”, explicaba Nicola.

Con esa intención abrieron las puertas de su vida al programa, sin imaginar lo que estaba por venir.

 

La triste historia del restaurante La Tarantella tras el paso de Chicote

 

La grabación fue especialmente dura desde el primer momento.

Cocinar bajo la presión de las cámaras ya suponía un reto enorme, pero los acontecimientos que se sucedieron durante esa semana superaron cualquier previsión.

Antes de comenzar el segundo servicio, el restaurante recibió una orden de embargo por impago.

El golpe fue devastador.

A esa noticia se sumó una tragedia aún mayor: el padre de Nicola falleció la noche anterior a la reapertura del local.

El dolor personal se mezcló con la angustia económica en uno de los momentos más críticos que ha vivido una familia dentro del programa.

A pesar de todo, decidieron seguir adelante.

“Fue durísimo, pero dimos la cara”, recordaba Nicola.

El equipo de Pesadilla en la cocina continuó con la grabación según lo previsto, y los propietarios reconocen que, dentro del caos, la experiencia tuvo aspectos positivos.

“El equipo que había detrás fue increíble, pasamos muchas horas juntos y nos ayudaron mucho”, explicaban.

Aquella noche de reapertura, marcada por la tragedia familiar, Alberto Chicote mostró una faceta más cercana.

“Ese día sí estuvo más humano, más pendiente”, admitía el propietario.

Sin embargo, la relación con el chef no fue tan fluida como esperaban.

Frente a las cámaras, el trato era correcto, incluso cordial, pero cuando las luces se apagaban la sensación era distinta.

“Cuando no se grababa, la relación era fría”, confesaba Carmen.

Nicola fue aún más directo: “Chicote venía solo cuando tocaba grabar, lo justo.

Con quien realmente convivimos fue con el equipo”.

Aun así, nunca negaron el impacto mediático que tuvo el programa ni el esfuerzo realizado durante la intervención.

 

Así fue el paso de Chicote por 'La Tarantella', el restaurante que provocó  arcadas al chef con el olor de sus tuppers

 

Tras la emisión, La Tarantella intentó mantenerse a flote aplicando los cambios propuestos.

Sin embargo, los problemas estructurales eran demasiado profundos.

Las deudas acumuladas, el embargo y el desgaste emocional pasaron factura.

Pocos meses después de grabar el episodio, en febrero de 2018, la familia tomó la decisión más dolorosa: cerrar definitivamente el restaurante.

Trece años de trabajo, sacrificios y sueños se esfumaron sin que la ayuda televisiva pudiera evitarlo.

El cierre supuso un antes y un después para Nicola y Carmen.

Lejos de los focos, tuvieron que reconstruirse emocionalmente tras una experiencia que los dejó exhaustos.

“Lo dimos todo, pero no fue suficiente”, asumían con resignación.

A día de hoy, no han vuelto a embarcarse en un nuevo proyecto empresarial relacionado con la hostelería.

La herida sigue abierta y la posibilidad de volver a empezar entre fogones no está clara.

El caso de La Tarantella demuestra que no todos los restaurantes pueden salvarse, ni siquiera con la intervención de uno de los chefs más mediáticos del país.

Pesadilla en la cocina ofrece una oportunidad, pero no hace milagros cuando los problemas son demasiado grandes y la realidad económica se impone.

Detrás del espectáculo televisivo hay historias humanas que no siempre tienen final feliz.

La Tarantella quedó como uno de esos locales que, pese a luchar hasta el último momento, no lograron sobrevivir.

Una pesadilla real, marcada por la pérdida, el endeudamiento y la sensación de haber llegado demasiado tarde.

Una historia que recuerda que, en la hostelería, a veces ni la fama ni la televisión pueden contra la dura realidad.

 

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