Óscar Puente afronta una dura comparecencia en el Congreso por el accidente de Adamuz, con acusaciones de negligencia, omisiones y falta de asunción de responsabilidades políticas.

El debate parlamentario sobre la gestión del sistema ferroviario español alcanzó uno de sus momentos más tensos cuando el ministro de Transportes, Óscar Puente, compareció en el Congreso para dar explicaciones tras el trágico accidente de Adamuz.
Lejos de calmar los ánimos, la sesión se convirtió en un duro ajuste de cuentas político y técnico, marcado por reproches directos, acusaciones de mentir y una exigencia reiterada de responsabilidades que resonó con fuerza en el hemiciclo.
Desde el inicio de las intervenciones, el tono fue áspero.
Un diputado popular reprochó al ministro su intento de deslegitimar las críticas calificándolas como “intervenciones de barra de bar”.
“Mire, yo no suelo ir mucho a los bares.
Yo creo que en eso usted me gana por goleada, tiene mucha más experiencia”, lanzó con ironía, antes de entrar de lleno en el fondo del asunto.
Según expuso, Puente comparece con frecuencia no por voluntad propia, sino porque “si nos encontramos con un sistema ferroviario que padece averías constantes, cortes de circulación, caos y todas las vías afectadas hasta llegar a colapsar íntegramente, pues evidentemente usted tiene que comparecer”.

La crítica central giró en torno a la asunción de responsabilidades políticas.
“Asumir responsabilidades no es hacer lo que hace el presidente del Gobierno, decir ‘voy a dimitir’ y con decirlo es suficiente.
No, es marcharse, ministro, es marcharse”, afirmó el parlamentario, señalando que bajo el mandato de Puente se han producido “errores graves, negligencias y tragedias evitables”.
En ese contexto, se insinuó que el ministro actúa como “cortafuegos” para evitar que la crisis alcance directamente al presidente del Gobierno, a quien calificó como “auténticamente el responsable también de todo lo que ha pasado aquí”.
El debate se intensificó al abordar la política de inversiones.
El ministro había defendido en ocasiones que “no hay dinero para todo”, pero esa afirmación fue duramente cuestionada.
“Entonces, ¿por qué le tenemos que conceder créditos a otros países para que construyan sus trenes con empresas españolas?”, preguntó el diputado, aludiendo de forma explícita a proyectos en Egipto y Marruecos.
“Ese dinero inviértalo en España para que la situación del ferrocarril mejore”, insistió, subrayando que la precariedad del sistema se sufre a diario, especialmente en Cataluña, aunque también en otras comunidades como Andalucía.
Uno de los momentos más delicados llegó cuando se recordó una declaración previa del propio ministro.
“Usted ha dicho que dimitiría si se demostrara una implicación clara por acción u omisión.

Fueron sus palabras, señor ministro”, se le espetó.
A partir de ahí, la intervención enumeró una larga cadena de supuestas omisiones: desatender advertencias, no poner los medios necesarios, permitir la desinversión y el abandono, y, especialmente grave, “mentir para tapar las vergüenzas”.
“Esta semana usted ha mentido y todo el mundo se ha enterado”, se afirmó con rotundidad.
El discurso se tornó aún más duro al mencionar a las víctimas.
“Hay omisión cuando las decisiones llegan después de que haya muertos”, señaló el diputado, comparando la situación con otros países donde, según dijo, los problemas se detectaron antes y no hubo víctimas mortales.
Citó incluso las palabras de familiares que, dirigiéndose al ministro, habrían dicho: “No quiero compartir ni espacio ni tiempo con quienes considero responsables”.
La conclusión fue directa: “La responsabilidad es directa, ministro, y usted lo que tiene que hacer es marcharse y dimitir”.
En el turno posterior, el diputado Palencia Rubio profundizó en las críticas técnicas y acusó al ministro de no responder a las preguntas formuladas.
“De 19 preguntas ha contestado cero. Ni una”, afirmó.
“Se ha retratado usted con toda España, pero sobre todo con las familias y con los heridos”.
También rechazó que se hablara de “bulos”, defendiendo que los datos técnicos contradicen la versión oficial.
“No es extraño ni raro cuando el riesgo está identificado”, explicó, citando informes que advertían sobre problemas de soldadura y riesgos en líneas clave como el AVE Madrid-Barcelona.

Palencia fue especialmente incisivo al hablar de seguridad.
Criticó que, tras la liberalización del sistema ferroviario, se tensara la red sin aumentar las inspecciones.
“Esa es su responsabilidad”, dijo, recordando que existían más de mil limitaciones temporales de velocidad, muchas de ellas desde hacía años.
También cuestionó la falta de transparencia sobre las cámaras de inspección y exploradoras.
“Ustedes lo que no quieren es que aparezca una sola imagen”, denunció, antes de lanzar una de las frases más duras de la sesión: “La seguridad debajo de la comunicación, la seguridad debajo del relato”.
El cierre fue demoledor.
“La seguridad no es una cuestión de mala suerte, señor Puente”, afirmó Palencia, visiblemente indignado.
“¿Cómo puede decir esto un ministro de Transportes?”.
La intervención concluyó con un agradecimiento protocolario, pero el ambiente en la sala era de máxima tensión.
El debate dejó la imagen de un ministro acorralado, un Gobierno bajo presión y un Congreso convertido en escenario de un choque político y técnico que, lejos de cerrarse, promete seguir marcando la agenda en las próximas semanas.
