Óscar Puente afronta una oleada de críticas internacionales en redes sociales tras el accidente ferroviario de Adamuz, con burlas y sátiras que dañan su imagen fuera de España.

Las redes sociales han estallado en críticas hacia Óscar Puente, el ministro de Transportes español, tras el reciente accidente ferroviario en Adamuz que dejó 45 muertos.
Lo que comenzó como un descontento nacional ha trascendido fronteras, convirtiéndose en una tormenta internacional en la plataforma X, donde miles de usuarios estadounidenses han expresado su indignación.
La imagen de Puente, que ya estaba dañada en España, ahora se ve empañada en el extranjero.
Un tuitero estadounidense con más de medio millón de seguidores ha disparado la polémica al calificar a Puente de “orangután” y “neandertal que no se extinguió”.
En su mensaje viral, arremete sin contemplaciones: “Ha conseguido destrozar el sistema ferroviario español en tres años.
Mientras el país sufre por su incompetencia, se pasa el tiempo publicando en X y bloqueando a cualquiera que lo critique”.
Estas palabras han resonado con fuerza, dejando al ministro en una posición ridícula ante una audiencia internacional.
La humillación de Puente no se ha limitado a las críticas escritas.
Otro usuario estadounidense ha creado un video de inteligencia artificial que muestra a un supuesto “neandertal Óscar Puente”, que ha circulado ampliamente, reforzando la percepción de que el ministro es un símbolo de incompetencia.
Este tipo de sátira visual ha capturado el descontento generalizado con su gestión al frente del Ministerio de Transportes.
En España, la presión sobre Puente se ha intensificado.
Los familiares de las víctimas del accidente de Adamuz han exigido su dimisión, señalándolo como el responsable político último.
Sin embargo, el ministro ha mostrado una resistencia notable a abandonar su cargo, prefiriendo mantenerse atrincherado en su posición.
“No tengo intención de dimitir”, ha declarado en varias ocasiones, desestimando las críticas y centrándose en combatir a sus detractores en las redes sociales.

Mientras tanto, la indignación popular no cesa.
“La gente está cansada de su falta de responsabilidad”, afirma un ciudadano que perdió a un familiar en el accidente.
“Es inaceptable que siga en el cargo después de lo que ha pasado”.
Esta opinión se repite entre muchos españoles que sienten que la gestión de Puente ha sido desastrosa.
El deterioro de su imagen ha sido acelerado por su negativa a asumir responsabilidades.
“¿Hasta cuándo seguirá aferrado al puesto mientras su gestión ha provocado esta oleada de desprestigio?”, se preguntan muchos.
La situación se agrava a medida que los comentarios negativos continúan acumulándose, tanto en el ámbito nacional como internacional.
A medida que la tormenta de críticas se intensifica, los líderes políticos en España han comenzado a intervenir.
Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, ha declarado: “Es hora de que el ministro asuma sus responsabilidades y se marche”.
Por su parte, Santiago Abascal, líder de VOX, ha afirmado que “la incompetencia de Puente es evidente y ya no se puede tolerar”.

El escándalo ha llegado a tal punto que incluso figuras políticas de otros países han comentado sobre la situación.
Ursula Von Der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, ha expresado su preocupación por la seguridad del transporte en España, sugiriendo que la gestión de Puente podría tener repercusiones más amplias.
A medida que la crisis se desarrolla, muchos se preguntan si Puente podrá recuperarse de este golpe a su reputación.
La combinación de críticas internas y externas, junto con la presión de los ciudadanos y los familiares de las víctimas, podría forzar al ministro a reconsiderar su posición.
Sin embargo, por el momento, parece decidido a mantenerse firme, ignorando las voces que claman por su dimisión.
En conclusión, la figura de Óscar Puente se ha convertido en un símbolo de la incompetencia gubernamental en España.
Su negativa a dimitir y su enfoque en las redes sociales en lugar de asumir responsabilidades han generado una ola de desprestigio que podría resultar insostenible.
A medida que la indignación continúa creciendo, la pregunta que queda es: ¿cuánto tiempo podrá resistir antes de que la presión se vuelva insuperable?