El tuitero comunista Óscar Rosales lo confrontó duramente, calificándolo de “soplapollas” y cuestionando su autenticidad como líder comunista.

Un terremoto político ha sacudido las redes sociales en España tras un explosivo enfrentamiento entre el exvicepresidente Pablo Iglesias y el tuitero comunista Óscar Rosales.
La controversia estalló cuando Iglesias, en un intento de presumir de su estilo de vida, se jactó de tener más dinero que el periodista Vito Quiles, lo que provocó una ola de indignación incluso entre sus propios seguidores de izquierda.
La publicación del líder de Podemos, en la que alardeaba de su lujosa vivienda y su elevado nivel de vida, encendió las redes sociales y desató una tormenta de críticas.
Rosales, conocido por su postura radical y su defensa del comunismo, no tardó en responder. En un tuit que rápidamente se volvió viral, lanzó un ataque directo a Iglesias:
“Pablo, yo SÍ soy comunista. Tú eres un pijo que se cree superior por el mero hecho de permitirse todo eso que dices, lo cual refuerza mi teoría de que eres un SOPLAPOLLAS. Si Anguita levantara la cabeza, lo haría para escupirte”.
Este comentario no solo dejó a Iglesias en una posición incómoda, sino que también expuso las contradicciones de su imagen pública.
La respuesta de Rosales fue un mazazo directo al corazón de la narrativa que Iglesias ha intentado construir como líder proletario.
La figura del exvicepresidente, que se había presentado como un defensor de los derechos de los trabajadores y la igualdad social, ahora se veía atrapada en un escándalo que evidenciaba su estilo de vida alejado de los principios que predica.
La indignación no se detuvo ahí; otros usuarios de las redes sociales comenzaron a cuestionar la autenticidad de Iglesias, señalando su aparente desconexión con la realidad de la clase trabajadora.

La situación se complicó aún más cuando la actriz progresista Elisa Mouliaá decidió intervenir para defender a Iglesias. Sin embargo, su intento de apoyo resultó ser un grave error.
Rosales, lejos de amedrentarse, remató su crítica con otro comentario mordaz: “Elisa, que precisamente tú no seas capaz de ver lo que critico de Pablo… Había mil formas, más elegantes, de responderle al payaso de Vito.
Y ha elegido la peor de todas. Piénsalo”. Este ataque dejó a Mouliaá sin respuesta y evidenció aún más el descontento que se estaba gestando dentro del propio espectro comunista.
La oleada de críticas hacia Iglesias, provenientes incluso de quienes antes lo idolatraban, dejó en evidencia el desgaste de su imagen. Muchos comenzaron a cuestionar su autenticidad como líder de izquierda, asociando su figura con el postureo y la soberbia.
La contradicción entre su mensaje y su estilo de vida se volvió un tema candente en las conversaciones políticas, y la comunidad comunista comenzó a distanciarse de él.
Para cerrar la polémica, Rosales lanzó una frase que encendió aún más los ánimos en internet: “Recordad, queridos y queridas: en el manual del buen comunista no está comerle los huevos a Pablo Iglesias. Por favor y gracias”.
Este comentario final fue un golpe bajo que dejó claro que la crítica hacia Iglesias no solo provenía de la derecha, sino también de aquellos que deberían ser sus aliados ideológicos.

El escándalo ha puesto a Iglesias en una posición crítica, obligándolo a enfrentar no solo las críticas de la oposición, sino también las de su propia base.
La situación refleja un momento de tensión dentro del movimiento de izquierda en España, donde las divisiones y discrepancias comienzan a salir a la luz.
Iglesias, que alguna vez fue visto como un líder carismático y un símbolo de la lucha por la justicia social, ahora enfrenta un desafío monumental para recuperar su credibilidad.
Mientras tanto, las reacciones en las redes sociales continúan fluyendo. Los usuarios no se detienen en su crítica y muchos comienzan a cuestionar la dirección en la que se encuentra Podemos.
La imagen de un Iglesias rodeado de lujos y privilegios contrasta drásticamente con las realidades que enfrentan muchos de sus seguidores, lo que genera un creciente descontento.
Este episodio no solo ha resaltado las contradicciones en la figura de Iglesias, sino que también ha abierto un debate más amplio sobre la autenticidad y la ética en la política.
En un momento donde la sociedad busca líderes que representen verdaderamente sus intereses, Iglesias se enfrenta a una dura realidad: el tiempo de las palabras ha terminado y la acción es lo que se espera de un verdadero líder.
La controversia sobre Pablo Iglesias y su estilo de vida de lujo sigue generando eco en la esfera pública, y la pregunta que queda en el aire es si podrá reconstruir su imagen y recuperar la confianza de aquellos que alguna vez lo apoyaron.
La política en España está en constante evolución, y este escándalo es solo un capítulo más en la compleja narrativa de la lucha por el poder y la representación en el país.