🎭 El lado más íntimo de Paco Martínez Soria: el hombre serio detrás del abuelo entrañable

Paco Martínez Soria se convirtió en un icono del humor popular español gracias a personajes entrañables que retrataban el contraste entre el mundo rural y la ciudad, especialmente tras el éxito de La ciudad no es para mí.

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Hablar de Paco Martínez Soria es evocar inmediatamente la figura del abuelo bonachón, del hombre de pueblo que llega desorientado a la gran ciudad, del cómico que convirtió la sencillez en fenómeno de masas.

Sin embargo, detrás de ese personaje popular que marcó una época en el cine y el teatro español, existía un hombre disciplinado, exigente y profundamente entregado a su oficio.

Nacido en Tarazona en 1902, vivió en primera persona el éxodo rural que más tarde retrataría con tanta eficacia en sus papeles.

Su familia se trasladó a Barcelona cuando era niño, y allí comenzó a forjarse su vocación.

“En mi familia nunca hubo nadie que se dedicara a esta profesión; mi padre, que era comisario de policía, se llevó el gran disgusto de su vida al enterarse de que yo quería ser actor”, recordaba él mismo.

Aquel padre que inicialmente se oponía acabaría viendo el éxito de su hijo.

Antes de consolidarse como actor, hizo de todo: trabajó en una empresa de material hidráulico, frecuentó círculos teatrales de aficionados, fue maquillador, aprendió los entresijos del escenario e incluso practicó boxeo y ciclismo.

Su determinación lo llevó a aceptar papeles cómicos cuando otros los rechazaban.

En plena Guerra Civil estrenó su primera película como protagonista, iniciando una trayectoria que lo convertiría, décadas después, en uno de los rostros más reconocibles del espectáculo español.

 

PACO MARTÍNEZ SORIA en 'El turismo es un gran invento' [HD]

 

En 1939 fundó su propia compañía y asumió también el rol de empresario.

Los primeros años de la posguerra fueron duros; apenas podía pagar a sus empleados.

No fue hasta 1945 cuando alcanzó cierta estabilidad económica gracias a un trabajo incesante.

Compró y reformó el Teatro Talía de Barcelona, proyecto que definió su vida profesional.

Sobre el escenario encontró su sentido vital.

“El teatro es el principio y el fin.

Creo que no sirvo para otra cosa más que para pensar en la creación de personajes y darle distracción al pueblo”, afirmó en una entrevista.

El gran punto de inflexión llegó en 1962 con el estreno teatral de *La ciudad no es para mí*.

Aunque la crítica madrileña fue feroz en un inicio, el público la convirtió en un éxito rotundo.

La obra superó las 3.

000 representaciones y su adaptación cinematográfica catapultó a Martínez Soria, ya con 64 años, a la categoría de estrella.

El personaje de Agustín Valverde, inspirado en figuras reales de su entorno, quedó grabado en la memoria colectiva.

“Necesito copiar de la realidad; el abuelo Curro era uno de mis abuelos y el de ‘La ciudad no es para mí’ uno de mis tíos”, explicaba.

A pesar de haber rodado 35 películas e interpretado papeles muy diversos —taxista, empresario, castizo madrileño—, la imagen del campesino descolocado terminó absorbiendo su figura pública.

Su secreto residía en la observación minuciosa del público.

Estudiaba los silencios, medía las risas y analizaba gestos cotidianos para incorporarlos a sus personajes.

Esa inteligencia escénica lo convirtió en un actor capaz de conectar con varias generaciones.

 

PACO MARTINEZ SORIA en EL ABUELO TIENE UN PLAN, 1973, dirigida por PEDRO  LAZAGA. Copyright FILMAYER. - Album alb451245

 

Pero el hombre que hacía reír a millones distaba del personaje entrañable que representaba.

“Mis personajes no tienen nada que ver conmigo; ellos hacen reír.

Yo, por el contrario, tengo un genio muy serio.

Fuera del escenario no hago reír a nadie”, confesó.

En casa era reservado, disciplinado y de carácter firme.

Su familia —su esposa Consuelo y sus cuatro hijos— vivió marcada por el ritmo vertiginoso de su trabajo.

“La risa es el precio del artista; muchas veces dejar abandonada la familia, llevar horarios intempestivos, perderte los primeros pasos de tus hijos”, reflexionó con honestidad.

Rodaba películas en verano, mientras reservaba el resto del año al teatro.

Para él, el cine era casi un complemento económico.

“Esta película es el aguinaldo de Navidad de los chicos de la familia”, llegó a decir.

Su verdadera pasión era el contacto directo con el público, el aplauso inmediato, la energía de la sala.

Quienes trabajaron con él coinciden en su rigor.

Como empresario y primer actor, tenía claro quién lideraba la escena.

Exigía silencio absoluto durante los ensayos y cuidaba que nada distrajera la atención del protagonista.

Sin embargo, también mostró lealtad con quienes lo acompañaron en sus inicios.

El actor Fernando Esteso recordó que, tras triunfar, Martínez Soria contrató a antiguos empresarios y compañeros que le habían dado oportunidades en el pasado.

“Era entrañable, desprendía una humanidad muy grande”, afirmó emocionado.

 

PACO MARTINEZ SORIA en ABUELO MADE IN SPAIN, 1969, dirigida por PEDRO  LAZAGA. Copyright FILMAYER. - Album alb255277

 

Uno de los testimonios más conmovedores fue el del propio Esteso sobre los últimos días del actor.

Relató cómo, en un encuentro casual, Martínez Soria le pidió: “Fernando, no quiero subir solo a casa”.

Lo acompañó hasta su dormitorio, conversaron y se despidieron.

Días después, el cómico fue hallado sin vida.

Su hijo Francisco también evocó los intentos por convencerlo de que se jubilara.

“No puedo, tengo la compañía; son obreros”, respondía él, incapaz de desligarse de su responsabilidad y vocación.

Murió en 1982, a los 79 años, después de haber trabajado hasta el final.

Su último estreno se produjo apenas meses antes de su fallecimiento.

Aunque algunos consideran que no recibió en su momento el homenaje institucional que merecía, su legado permanece intacto.

Sus películas siguen emitiéndose con éxito y continúan provocando carcajadas.

Paco Martínez Soria fue más que un símbolo del humor popular: fue un trabajador incansable, un observador agudo de la realidad y un artista que entendió la risa como servicio público.

Tras el abuelo entrañable existía un hombre serio, consciente del sacrificio que implicaba su vocación, pero convencido de que su misión era clara: entretener a un país que necesitaba sonreír.

 

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