Pedro Sánchez y la dirección de TVE habrían vetado a José Mota para impedir imitaciones de dirigentes del PSOE implicados en escándalos, desatando acusaciones de censura y ataque a la libertad de expresión.

El año 2026 ha comenzado con un bombazo informativo que sacudió el panorama televisivo español.
En un giro inesperado, Pedro Sánchez ha decidido cargar contra uno de los humoristas más queridos del país, José Mota, prohibiéndole realizar imitaciones de figuras del PSOE en su especial de Nochevieja.
Esta decisión ha desatado una ola de críticas y ha puesto de manifiesto la censura que se vive en los medios de comunicación españoles.
La dirección de Televisión Española ha impuesto un veto a Mota, impidiendo que se burle de personajes como José Luis Ávalos y Santos Cerdán, quienes están en el centro de una serie de escándalos de corrupción que han manchado la imagen del partido socialista.
Este veto no solo ha dejado a los seguidores de Mota decepcionados, sino que también ha generado un debate sobre la libertad de expresión y la imparcialidad de los medios públicos.
“Es inaceptable que en un programa de humor se impida hablar de la corrupción que afecta a nuestro país”, gritaba un espectador indignado en las redes sociales.
“La censura no debería tener cabida en un espacio que se supone debe ser de entretenimiento y crítica social”.
Sin embargo, el silencio de la cadena ante esta situación ha sido ensordecedor.
El especial de Nochevieja de Mota, titulado “El juego del camelar”, prometía ser una sátira mordaz sobre la corrupción política en España.
Con un formato inspirado en el popular “Juego del Calamar”, el programa iba a presentar a los principales dirigentes del país enfrentándose a pruebas relacionadas con sobornos y tramas corruptas.
Pero, con la ausencia de los tres protagonistas del escándalo, el programa se convirtió en una parodia sin dientes.
“Es como hablar del Watergate y no mencionar a Nixon”, comentaba un analista político.
“La omisión de figuras clave en la trama de corrupción del PSOE convierte el programa en un mero espectáculo vacío”.
Mientras tanto, la situación en Europa se torna cada vez más preocupante.
En Francia, las iglesias están siendo destruidas y los disturbios se han vuelto comunes, mientras que en España, la llegada de nuevos europeos plantea desafíos que muchos prefieren ignorar.
Las tensiones sociales aumentan, y la preocupación por la seguridad y el orden público es palpable.
“No podemos permitir que esto continúe”, afirmaba un líder de la oposición.
“España necesita un cambio radical en su política migratoria y de seguridad”.
En medio de esta tormenta, Pedro Sánchez parece más preocupado por su imagen y la de su partido que por abordar los problemas reales que enfrenta la sociedad.
“Mientras nuestros líderes se centran en censurar a humoristas, la corrupción sigue arrasando con la confianza de los ciudadanos”, denunciaba un comentarista.
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El alcalde de La Roda, por ejemplo, ha sido denunciado por contratar a su esposa como asesora personal a un sueldo exorbitante, lo que ha suscitado más críticas sobre la gestión del dinero público.
“Estamos hablando de más de 300,000 euros al año en sueldos para asesores y familiares, mientras la población lucha por llegar a fin de mes”, afirmaba un activista.
En este contexto, la figura de José Mota se ha convertido en un símbolo de resistencia contra la censura.
“No podemos permitir que nos digan qué podemos o no podemos reírnos”, decía un fan del humorista.
“La comedia es una herramienta poderosa para cuestionar el poder y exponer la verdad”.
El veto a Mota ha llevado a muchos a preguntarse: ¿hasta dónde llegará la censura en España? La respuesta parece clara: mientras el gobierno siga temiendo la crítica y la sátira, la libertad de expresión estará en peligro.
La situación actual exige un debate urgente sobre el papel de los medios de comunicación y la responsabilidad de los líderes políticos en la defensa de la democracia.
Con el año recién comenzado, los ciudadanos esperan que se produzcan cambios significativos en la política española.
La gente está cansada de la corrupción y la censura, y está lista para exigir un cambio.
“Es hora de que nuestros políticos escuchen a la ciudadanía y actúen en consecuencia”, concluía un manifestante.
“No más censura, no más corrupción.
¡Queremos un futuro mejor para España!”