Pilar Rahola ha arremetido duramente contra una influencer conocida como “Barbie Gaza” por banalizar conflictos internacionales con un activismo superficial y cambiante centrado en la imagen.

La izquierda progre ha vuelto a regalar una escena que resume su moral de quita y pon en menos de un minuto de vídeo.
La protagonista es la ya conocida “Barbie del conflicto de turno”, una influencer que ha mutado de causa con la misma facilidad con la que cambia de camiseta reivindicativa.
Tras pasar por Gaza, Venezuela e Irán, ahora se ha presentado como “Barbie Yemen”, siempre desde la comodidad de España y con un discurso tan grandilocuente como superficial.
En el vídeo que ha corrido como la pólvora en redes, la joven aparece entre cortinas elegantes, luz cálida y cero rastro de miseria real, enfundada en un pañuelo de estética keffiyeh y una camiseta reivindicativa, gritando “¡Arriba Yemen!”.
Sin embargo, no habla del Yemen de las mujeres reprimidas ni del de los niños forzados a combatir, sino del territorio controlado por los hutíes, un grupo armado señalado por la ONU y alineado con el régimen iraní.
Su eslogan vacío ha indignado a miles de usuarios, quienes han estallado en redes sociales entre la incredulidad y el sarcasmo.

Las reacciones no tardaron en llegar.
Muchos se preguntan cómo es posible banalizar conflictos tan graves mientras se suman visualizaciones y seguidores.
La escena ha dejado en evidencia una militancia de escaparate que confunde activismo con postureo.
“Es patética”, “es esperpéntica”, son solo algunos de los calificativos que han surgido en las plataformas digitales.
La crítica más dura proviene de Pilar Rahola, periodista y comentarista, quien ha cargado sin rodeos contra Barbie Gaza y su teatralidad militante.
“Yo no le daría bolilla a esta pobre mujer. Es tal el nivel de ridícula que ya no llega ni a chiste. Se queda en simple esperpento”, escribió en su perfil de X.
Rahola ha puesto el foco en el vacío moral de este tipo de activismo, más preocupado por el gesto que por las víctimas reales.
“¿Qué hemos hecho para merecer esto?”, se pregunta la periodista, resaltando la desconexión entre la realidad de los conflictos y la superficialidad de quienes pretenden representarlos.
“Nunca están en la defensa de las causas que no entran en su relato; al contrario, en estos casos se ponen junto al verdugo”, sentencia Rahola, evidenciando la hipocresía de una militancia que grita consignas, pero ha olvidado a quién debería defender.

Además, Rahola ha ampliado su crítica al silencio de cierta izquierda ante Irán.
“La respuesta de Occidente ante la revuelta iraní bascula entre la tibieza política y el silencio clamoroso de los medios”, afirmó, denunciando una izquierda que solo se moviliza cuando encaja en su canon ideológico.
“Es increíble cómo se ignoran las atrocidades que ocurren en lugares que no se ajustan a su narrativa”, sostiene, dejando claro que el activismo debe ser inclusivo y no selectivo.
La indignación en redes ha crecido, y muchos usuarios han comenzado a cuestionar la legitimidad de quienes se autodenominan activistas.
“¿Es esto realmente activismo o solo una moda pasajera?”, se preguntan.
La escena ha dejado al descubierto una faceta del activismo que, en lugar de buscar soluciones reales, se convierte en un espectáculo para ganar likes y seguidores.

La crítica de Rahola resuena en un contexto donde el activismo debe ser más que un simple gesto.
“Es hora de que todos reflexionemos sobre lo que significa realmente defender una causa”, concluye.
La periodista ha instado a los jóvenes a informarse y a no dejarse llevar por discursos vacíos que no abordan las realidades complejas de los conflictos.
La lucha por los derechos humanos y la justicia social no puede ser un juego de apariencias, sino un compromiso serio y profundo.
Así, la figura de Barbie Gaza se convierte en un símbolo de un activismo superficial que, lejos de ayudar, banaliza y desdibuja las luchas de aquellos que realmente sufren.
La indignación y el sarcasmo en redes son solo un reflejo de un descontento más profundo con un tipo de activismo que parece más interesado en la imagen que en la realidad.
“Es un momento crucial para redefinir lo que significa ser un verdadero activista”, concluye Rahola, dejando una invitación abierta a la reflexión y al cambio en la forma en que abordamos las causas que realmente importan.