El PSOE queda acorralado en el Congreso tras graves acusaciones sobre la actuación de José Luis Rodríguez Zapatero en Venezuela y su presunta vinculación con el rescate de Plus Ultra.

La reciente sesión del Congreso se convirtió en un momento histórico cuando el PSOE se vio acorralado por las acusaciones sobre el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero y su implicación en actividades en Venezuela.
La atmósfera era tensa; los diputados del PSOE se quedaron mudos, incapaces de reaccionar ante lo que se estaba revelando.
Gritos de asombro y susurros nerviosos resonaban en la sala, mientras la presidenta intentaba mantener el control de un debate que se desbordaba.
“Señor Álvarez, usted ha dicho que Zapatero no actuaba por encargo del gobierno.
Bien, explíquenos esto”, comenzó Leire Díez, con una mirada desafiante.
La acusación era contundente: “Zapatero operaba en Venezuela, con vuelos a través de países caribeños y con aviones del régimen chavista”.
La declaración dejó a muchos en la sala con la boca abierta, conscientes de que lo que se estaba diciendo no tenía vuelta atrás.

Díez continuó desgranando una serie de detalles que implicaban a Zapatero en un esquema de corrupción.
“Cobraba por consultorías simuladas que realmente no lo eran, porque eran pagadas con dinero del rescate de Plus Ultra”, afirmó, mientras los rostros de los socialistas se transformaban en máscaras de incredulidad.
“53 millones de euros que salen del bolsillo de los españoles, pasan por el chavismo y regresan al sanchismo.
Esto no es mediación, es corrupción”, enfatizó.
La presidenta del Congreso, visiblemente nerviosa, intentó interrumpir.
“Señor Feijóo, no me gustaría tener que llamarle al orden”, dijo, tratando de reconducir la discusión.
Pero Feijóo, lejos de amedrentarse, replicó con ironía: “No quiero ser el protagonista, pero estoy aquí para contestar lo que se me pregunte”.
Su respuesta resonó en el hemiciclo, dejando claro que no se dejaría silenciar.
La tensión aumentó cuando la senadora García tomó la palabra.
“Los españoles saqueados y los venezolanos oprimidos merecen una respuesta”, declaró.
“Zapatero actuaba por encargo del gobierno, o actuaba sin encargo y entonces usted permitió una diplomacia paralela con sombras oscuras de corrupción”.
La sala se llenó de murmullos, y los rostros de los socialistas reflejaban la incomodidad y el temor ante la revelación de un pasado que creían enterrado.
“¿Estuvieron las embajadas y los aviones oficiales a disposición de Zapatero? ¿Sí o no?”, exigió García, mientras la presión sobre el PSOE crecía.
La presidenta intentó mantener el orden, pero el ambiente era explosivo.
“Por favor, todos, es muy edificante todo esto”, dijo, intentando calmar los ánimos, pero la situación ya se había descontrolado.
Feijóo, con una sonrisa irónica, continuó su ataque.
“Señor Álvarez, a usted se le está poniendo la misma cara que a González Laya con el caso de los Rodríguez”, insinuó, dejando claro que la corrupción estaba al acecho.
“Mientras tanto, un expresidente actuando como comisionista, como recadero, como defensor y blanqueador de una dictadura sanguinaria.
Usted lo sabía y lo tapó porque Zapatero es el nexo corruptor que mueve los hilos del sanchismo”.

La presidenta, intentando recuperar el hilo de la sesión, pidió a los diputados que se centraran en el tema de la DANA.
“La sesión consiste en dirimir responsabilidades políticas de los responsables de la gestión de la DANA”, recordó, pero su voz se perdía entre los gritos y las interrupciones.
Finalmente, el momento culminante llegó cuando Feijóo, con una mirada desafiante, concluyó: “La baliza no es una necesidad, señor ministro.
Es un invento registrado, el sueño de cualquier lobby”.
Esta afirmación resonó en la sala, dejando a muchos con la sensación de que el debate había cruzado una línea, convirtiéndose en un episodio que marcaría la historia política reciente de España.
La sesión del Congreso no solo fue un espectáculo de tensión y enfrentamiento, sino que también evidenció la polarización y la fragilidad del actual panorama político español.
La imagen de los diputados del PSOE, atónitos y expuestos, quedará grabada en la memoria de todos los presentes, simbolizando un momento en el que el pasado volvió para acechar al presente.