Óscar Puente queda bajo fuerte presión política tras el accidente ferroviario, con críticas directas a su gestión y a la falta de mantenimiento en la red de Renfe y Adif.

En un momento crítico en la política española, el ministro Puente se enfrenta a una dura realidad tras una acusación devastadora relacionada con su gestión en Renfe.
Durante una reciente sesión de preguntas, un periodista abordó al alcalde y a la presidenta Yuso sobre el luto por las víctimas del trágico accidente de Adamud, preguntando: “¿Cree que ya es el momento de pedir esas responsabilidades? ¿A quién cree que debe de pedirse esas responsabilidades o incluso de exigir dimisiones?”.
La respuesta fue clara: el gobierno actual ha tratado de buscar excusas en lugar de asumir la responsabilidad por las fallas en la infraestructura ferroviaria.
El tono del debate se tornó tenso cuando se mencionó que “el 70% de la red ferroviaria de alta velocidad no pasa de los 160 km/h”.
Esta afirmación fue un golpe directo a la credibilidad del ministro, quien había asegurado que España vivía “el mejor momento de la historia del tren”.
La ironía de la situación no pasó desapercibida, y el periodista continuó: “¿Por qué hoy no pasa de los 160 km/h? ¿Por qué han tomado esa decisión si según el ministro vivíamos el mejor momento de la historia del tren en España?”.
La sala se llenó de murmullos, y la presión sobre Puente se intensificó.
El alcalde, visiblemente afectado, respondió: “Han jugado con la seguridad física de los viajeros durante todo este tiempo para no reconocer que ejecutaban solo uno de cada tres euros en mantenimiento y conservación por parte de Adif”.
Esta declaración resonó entre los presentes, poniendo en evidencia la falta de acción del gobierno ante problemas críticos que afectan la seguridad de los ciudadanos.

La discusión se centró en la necesidad de transparencia y responsabilidad.
“Después de un trágico suceso de estas características, se quiere saber qué ha ocurrido, que se den explicaciones, que haya transparencia y que se tomen responsabilidades”, afirmó un asistente.
La falta de respuesta clara por parte del gobierno fue criticada, y muchos coincidieron en que era imperativo que se asumieran responsabilidades políticas por el accidente.
El ambiente se volvió aún más tenso cuando se recordó que “la única estrategia que ha seguido el gobierno es tratar de buscar excusas”.
Este comentario provocó una reacción entre los asistentes, quienes comenzaron a cuestionar la efectividad del gobierno en la gestión de crisis.
“¿Qué imagen será precisamente en una semana como esta ante el mundo en Fitur cuando tienes seis accidentes constantemente?”, se preguntó un miembro de la audiencia, subrayando la gravedad de la situación.
El debate no solo se centró en la gestión del accidente, sino también en la percepción pública del sistema ferroviario español.
“Pasajeros que tienen miedo a utilizar lo que ha sido una seña de España para nuestras empresas y para nuestros ingenieros”, advirtió uno de los oradores, enfatizando la desconfianza que se ha generado entre los ciudadanos.
La necesidad de un homenaje a las víctimas del accidente fue un tema recurrente, y muchos pidieron que se rindiera un sentido homenaje desde Madrid.

La conversación se desvió brevemente hacia el papel de la iglesia en estos momentos de duelo.
“Si se les puede rendir un sentido homenaje desde Madrid, para muchos sería importante”, comentó un asistente, sugiriendo que un acto simbólico podría ayudar a sanar las heridas de la tragedia.
Sin embargo, la presidenta Yuso fue objeto de críticas por su aparente falta de interés en participar en estos actos conmemorativos.
Finalmente, la discusión se cerró con un llamado a la acción.
“Toca escuchar a las familias también”, reiteró un orador, instando a que se tomaran medidas concretas para abordar las preocupaciones de los ciudadanos.
La presión sobre el gobierno para que asuma la responsabilidad por sus acciones y decisiones se intensificó, dejando claro que la situación actual no puede continuar sin una respuesta adecuada.
En resumen, el ministro Puente se encuentra en una encrucijada, enfrentando no solo la presión de la oposición, sino también la creciente desconfianza del público hacia su gestión.
La necesidad de una respuesta clara y efectiva es más urgente que nunca, y el futuro del sistema ferroviario español pende de un hilo, mientras los ciudadanos esperan respuestas y responsabilidad.