Gabriel Rufián incendió el Congreso con un duro discurso sobre la crisis de la vivienda, acusando a PP y Vox de reírse de los problemas sociales y defendiendo la intervención del mercado y más impuestos a la especulación.

El Congreso de los Diputados vivió una de sus sesiones más tensas y explosivas cuando Gabriel Rufián tomó la palabra y convirtió un debate sobre vivienda en un enfrentamiento político de alto voltaje que terminó con diputados levantándose de sus escaños, acusaciones cruzadas y un choque frontal con Vox y su portavoz más combativo, Javier Ortega Smith.
El ambiente, ya caldeado desde el inicio, acabó saltando por los aires con insultos directos, interrupciones constantes y una bronca que obligó a la Presidencia a intervenir repetidamente para imponer el orden.
Rufián comenzó su intervención con un tono irónico, casi provocador, dirigiéndose a los diputados con frases como “si quieren se pueden quedar, que es muy interesante”, mientras reclamaba silencio en el hemiciclo.
Desde el primer minuto dejó claro que su objetivo era poner el foco en lo que calificó como el principal drama social del país: el acceso a la vivienda.
Con una batería de datos, buscó retratar una situación que, según él, es insostenible para millones de ciudadanos.
Habló de salarios que no alcanzan, de precios disparados y de un mercado que, a su juicio, está completamente roto.
El portavoz de Esquerra Republicana lanzó cifras demoledoras: aseguró que hacen falta casi 60 años de sueldo para comprar un piso medio, que solo una minoría de jóvenes puede acceder a una vivienda en propiedad y que el alquiler se ha disparado en ciudades como Ibiza, Valencia, Málaga o Barcelona, mientras los salarios apenas han crecido.
“Si el pan hubiera subido como la vivienda, hoy costaría 13 euros”, soltó, provocando murmullos y risas irónicas en los escaños del PP y Vox, algo que Rufián no dejó pasar.

Visiblemente molesto, acusó a ambos partidos de burlarse de los problemas reales de la gente mientras se envuelven en banderas y discursos patrióticos.
“Luego van de patriotas, pero se ríen de los datos de sus compatriotas”, lanzó mirando directamente a la bancada de la derecha.
Fue entonces cuando el tono subió varios grados y el debate dejó de ser técnico para convertirse en un combate político sin filtros.
Rufián cargó con dureza contra la especulación inmobiliaria, los fondos de inversión y la compra masiva de viviendas por parte de grandes capitales, incluidos compradores extranjeros.
“Los malos no son los que llegan en patera, son los que llegan en yate a comprar pisos y a especular”, afirmó, despertando protestas airadas desde Vox.
Según el diputado independentista, la vivienda no puede tratarse como un producto más porque es un derecho básico, y defendió sin complejos la intervención del mercado y una fuerte subida de impuestos a quien compre casas para especular.

“La criptónita de los ricos son los impuestos”, dijo, proponiendo gravar duramente la acumulación de viviendas y favorecer fiscalmente la compra de la primera casa para vivir.
Incluso llegó a afirmar que quien quiera hacerse rico debería invertir en oro o arte, “pero no en casas”.
Cada frase encendía más el ambiente, con abucheos, risas y comentarios en voz alta que obligaban al presidente de la Cámara a pedir silencio una y otra vez.
El momento más tenso llegó cuando Rufián se refirió directamente a Vox y a Javier Ortega Smith, a quien calificó de “salvaje” en el contexto de su discurso.
La expresión cayó como una bomba.
Desde los escaños de Vox se escucharon gritos y protestas, y Ortega Smith no tardó en levantarse para pedir la palabra por alusiones, visiblemente indignado.
El presidente del Congreso intentó contener la situación, advirtiendo que no se podía responder a una ofensa con más ofensas, pero el choque ya era imparable.
Ortega Smith tomó la palabra para exigir respeto y devolver el golpe con dureza.
Aseguró que el verdadero comportamiento “salvaje” es el del partido de Rufián y sus aliados, a quienes acusó de haber contribuido al desastre de la vivienda en España.
En un discurso cargado de ironía y desprecio, reprochó a Esquerra que ahora pretendan lavar su conciencia con propuestas que calificó de chapuceras y propagandísticas, sin abordar las causas reales del problema.

Desde Vox se atacó frontalmente la propuesta legislativa defendida por Rufián, tachándola de inútil y mal diseñada.
Ortega Smith criticó que se hable de impuestos cuando no se construyen viviendas, que se ignore el desequilibrio entre oferta y demanda y que no se mencione el impacto de la inmigración masiva en los precios del alquiler.
“Más gente y menos casas suben los precios, es aritmética”, insistió, mientras el hemiciclo volvía a llenarse de ruido y gestos de desaprobación.
El diputado de Vox también acusó a la izquierda de criminalizar a pequeños propietarios y de proteger, en la práctica, a los grandes fondos, recordando decisiones fiscales adoptadas en Cataluña que, según él, han beneficiado a los grandes tenedores frente a las familias normales.
“Hablan de justicia social quienes han sido arquitectos de la injusticia”, sentenció, elevando aún más la tensión.
La sesión terminó con un clima enrarecido, aplausos cruzados y caras de pocos amigos.
Lo que debía ser un debate sobre vivienda acabó convertido en un espectáculo de confrontación pura, con insultos, reproches personales y un hemiciclo al borde del colapso.
El choque entre Rufián y Vox dejó claro que la vivienda no solo es un problema social, sino también un campo de batalla política donde nadie parece dispuesto a bajar el tono.
En el Congreso, la guerra está servida y el enfrentamiento promete nuevos episodios aún más duros.