Santiago Segura utilizó la promoción de Torrente, presidente para lanzar un mensaje irónico contra la posible regulación de las redes sociales por parte del Gobierno, sugiriendo que podrían “prohibir Twitter”.

Santiago Segura ha convertido la promoción de su próxima película en un dardo directo al Gobierno de Pedro Sánchez.
En lugar de realizar una rueda de prensa convencional, el director ha anunciado la preventa de *Torrente, presidente* a través de un tuit cargado de ironía que muchos han interpretado como una burla a las intenciones del Ejecutivo de regular, y según sus críticos, controlar, las redes sociales.
“En una semana, el viernes 13 de febrero, empezará la preventa… (Os lo digo ahora no sea que prohíban Twitter y me quede sin comunicación ‘directa’ 😅)”, escribió Segura, dejando claro que no comparte el rumbo que Moncloa ha marcado en materia digital.
Este mensaje ha llegado en medio de un intenso debate sobre la regulación de plataformas y la creciente tensión entre el Gobierno y quienes denuncian tentaciones de censura.
La ironía de Segura, históricamente vinculado a la izquierda cultural, ha resultado especialmente incómoda para el sanchismo, que en los últimos meses ha tendido a etiquetar como “ultraderecha” a cualquier voz crítica.
Con su humor característico, el cineasta ha marcado distancia del relato oficial sin necesidad de discursos solemnes.
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Además de la burla política, Segura ha protagonizado un enfrentamiento frontal con el periodista Emilio Silva, cercano al Gobierno, quien le ha acusado públicamente de “robar al Estado” por un litigio fiscal que ya tiene tiempo.
Silva, en un tuit en la plataforma X, se preguntó si RTVE debería contratar a “quienes roban al Estado”, insinuación que Segura ha calificado de calumnia.
La respuesta del director fue tajante: “Emilio, ¿podrías dejar de mentir y difamarme? ¿O prefieres que te lo diga un abogado?”.
Con esta contundente contestación, Segura ha advertido implícitamente de acciones legales, retratando al periodista como alguien movido por animadversión ideológica más que por rigor informativo.
Este choque ha evidenciado un clima cada vez más bronco entre figuras culturales críticas y un ecosistema mediático alineado con Moncloa, que ha utilizado acusaciones morales como arma política.
El episodio ha dejado en una posición comprometida al Gobierno de Sánchez.
Por un lado, su discurso sobre las redes ha provocado burlas incluso de artistas afines, y por otro, el modo en que sus simpatizantes han intentado desacreditar a Segura con acusaciones que ahora podrían acabar en los tribunales.

Mientras la preventa de *Torrente, presidente* ha generado expectación, la polémica ha reforzado la imagen de un Ejecutivo cada vez más incómodo con las voces críticas, incluso cuando estas vienen envueltas en humor.
La reacción de Segura y su capacidad para utilizar la ironía como herramienta de crítica han puesto de manifiesto la necesidad de un debate más abierto y menos censurado en el ámbito cultural y político.
La figura de Santiago Segura, que ha logrado conectar con un amplio público a través de su humor y su estilo provocador, se ha convertido en un símbolo de resistencia ante un ambiente que algunos consideran opresivo.
Su capacidad para desafiar al poder, incluso desde la comedia, resuena con aquellos que sienten que sus opiniones están siendo silenciadas.
En este contexto, la promoción de su película no solo es un acto de marketing, sino también una declaración de principios.
El enfrentamiento con Silva es un indicativo de cómo el humor y la crítica pueden entrelazarse en el discurso público, desafiando las narrativas oficiales.
La respuesta de Segura, lejos de ser una simple defensa personal, se erige como un acto de reivindicación de la libertad de expresión en un momento en que muchos sienten que las voces disidentes están siendo acalladas.
En conclusión, Santiago Segura ha logrado, a través de su ingenio y su valentía, poner en jaque al Gobierno de Sánchez.
La promoción de *Torrente, presidente* se ha convertido en un escenario de batalla donde se confrontan ideas sobre la libertad de expresión, el control de las redes sociales y la responsabilidad de los medios de comunicación.
Este episodio no solo refuerza la relevancia de Segura en el panorama cultural español, sino que también invita a una reflexión más profunda sobre el estado de la política y la cultura en España.
