Españoles en la manifestación del PP en el Templo de Debod sobre Sánchez y su nefasta gestión

Diversos asistentes a una concentración opositora expresaron su malestar con el Gobierno mediante testimonios personales, anécdotas y críticas que reflejan una profunda frustración social, especialmente sobre la situación económica y la seguridad.

 

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La concentración convocada por el Partido Popular reunió este fin de semana en Madrid a cientos de asistentes que, entre consignas festivas y protestas políticas, expresaron su malestar con el Gobierno y una creciente sensación de deterioro institucional, económico y social.

En los alrededores del acto, diversas personas trasladaron a los medios sus inquietudes, anécdotas personales y opiniones, en un ambiente donde el clima político nacional se filtró en cada conversación.

“La España de hoy es un bochorno”, afirmaba una mujer de 76 años que se acercó al micrófono “con ganas de desahogarse”.

Según relató, su hija coincidió durante la adolescencia con Pedro Sánchez en el instituto Ramiro de Maeztu, un recuerdo que utilizó para ironizar sobre el carácter del actual presidente.

“A mi hija y a sus amigos les sorprendía que le llamaban el ‘Simpa’”, comentó entre risas, asegurando que “le dijeron que no volviera a hacerlo”.

La anécdota, contada en tono personal y sin pretensión de dato histórico, dio paso a una crítica contundente: “El día que este señor entre en la cárcel, en mi casa se abrirá el champán más caro”.

La conversación derivó rápidamente hacia su preocupación por la situación económica de los jóvenes. “A mí que me suban la pensión no me cambia la vida; lo que quiero es que mis hijos y mis nietos puedan vivir dignamente”, insistió.

La mujer lamentó que “una generación entera, preparada y trabajadora”, siga sin poder afrontar vivienda, manutención o estudios universitarios sin endeudarse.

Según datos del INE, casi un 30% de los menores de 35 años continúa viviendo en casa de sus padres por falta de recursos suficientes para emanciparse, una cifra que ha crecido en la última década.

 

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A pocos metros, otra joven portaba un cartel alusivo al 12 de octubre. Explicó que había recibido insultos y amenazas por exhibirlo: “Me llamaron facha y me dijeron que me iban a matar”.

Aseguró que su mayor inquietud es la seguridad en las calles: “Me da miedo que mi hermana pequeña vuelva sola por la noche”. Mostró su rechazo a la polarización creciente: “Si dices que quieres proteger a tu familia, te llaman facha. Es absurdo.”

Consultada sobre la salida política a la crisis institucional, se mostró clara: “La solución pasa por Vox o por el PP. En ese orden”, declaró, pese a encontrarse en un acto organizado por los populares.

Entre los asistentes también había quienes analizaban la situación desde un prisma jurídico-institucional.

Un hombre de mediana edad, visiblemente preocupado, defendió que España atraviesa un deterioro democrático profundo. “Hay signos clarísimos de una deriva mafiosa”, afirmó, en referencia a recientes decisiones políticas y judiciales.

En su opinión, “Sánchez está valiéndose de las instituciones y pervirtiendo el Estado de derecho”. Citó como ejemplo algunos procedimientos judiciales que han afectado a figuras públicas, recordando que “cuando los indicios son tan claros, en derecho se debe actuar”.

Hizo hincapié en la situación económica de los jóvenes, retomando la reflexión del presidente del PP durante su intervención: “Hay chavales que trabajan por 1.000 euros y ni siquiera pueden pagar un cuarto.

Es imposible estudiar o independizarse”. Comparó el contexto actual con décadas anteriores: “No hace falta ser franquista para reconocer que antes un joven podía aspirar a comprarse un coche o alquilar un piso. Hoy es un sueño”.

 

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Mientras el acto avanzaba, Alberto Núñez Feijóo subrayaba desde el escenario la necesidad de “recuperar la normalidad institucional” y denunciaba lo que calificó de “retrocesos democráticos y abusos de poder”.

El Partido Popular defendió que la ciudadanía “no debe resignarse al miedo ni al pesimismo”, optando en su lugar por “celebrar que la democracia funciona y que los tribunales actúan con independencia”.

El ambiente—una mezcla de mitin político, protesta y celebración—reflejaba la estrategia del PP de mostrar unidad y fortaleza frente a lo que consideran “el peor Gobierno de la historia democrática reciente”.

Música, banderas y consignas acompañaron a Feijóo mientras seguían llegando testimonios espontáneos de asistentes que justificaban su presencia por “preocupación, cansancio o incluso desesperación”.

El denominador común entre quienes hablaron era la percepción de inseguridad, deterioro económico y pérdida de calidad democrática.

Aunque las opiniones recogidas contenían afirmaciones no verificadas, descalificaciones personales y acusaciones que forman parte del discurso político habitual, todas ellas ilustran un fenómeno relevante:

una ciudadanía que se siente al límite, que verbaliza su malestar sin filtros y que convierte cualquier micrófono en una vía de desahogo.

En un clima político cada vez más tenso, donde las emociones compiten con los hechos y las percepciones moldean las opiniones públicas, las voces escuchadas en la concentración reflejan un segmento del sentir social:

frustración acumulada, preocupación por el futuro y un deseo intenso de cambio político.

La jornada concluyó entre aplausos y proclamas, pero también con un mensaje reiterado entre los asistentes: “Algo tiene que cambiar ya”.

 

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