Terence Hill recordó con profunda emoción su amistad de casi 50 años con Bud Spencer, marcada por el respeto mutuo, la ausencia de conflictos y una química única dentro y fuera de la pantalla.

No eran solo actores, eran íconos.
Terence Hill y Bud Spencer se convirtieron en uno de los dúos más queridos de la historia del cine, con películas que llenaron salas desde Europa hasta Sudamérica y conquistaron el corazón de millones.
Juntos definieron un género único de comedia de acción, donde la amistad, la justicia y el humor siempre triunfaban.
Sus nombres se volvieron sinónimo de risas, lealtad y aventuras inolvidables.
Pero detrás de la fama mundial y los grandes éxitos de taquilla existía una amistad poco común, una que perduró casi 50 años sin envidia ni ego.
A los 86 años, Terence Hill rompe su silencio y pronuncia palabras que sorprenden al mundo.
“Estoy en shock, perdí a mi mejor amigo”, confiesa, revelando la profundidad de su dolor tras la muerte de Bud Spencer en 2016.
En este homenaje, recordamos la historia no contada de su vínculo legendario y el impacto que tuvo en sus vidas.
El 27 de junio de 2016, Terence Hill sufrió una pérdida que dejó una huella imborrable en su corazón.
La muerte de su amigo y compañero cinematográfico Bud Spencer fue un golpe devastador.
Hill se encontraba en Almería, España, el mismo lugar donde él y Bud se habían cruzado por primera vez.

“Cuando Yusepe, el hijo de Bud, me llamó para decírmelo, estaba parado exactamente en el lugar donde conocí a Bud por primera vez.
Después del dolor y la tristeza llegó una gran calma, porque comprendí que nada sucede por casualidad”, comparte Hill, reflexionando sobre la coincidencia que marcó su vida.
El funeral de Bud se convirtió en una despedida conmovedora no solo de familiares y amigos, sino de generaciones de fans que habían crecido con las películas del dúo.
Cuando el féretro de Bud salió de la iglesia, la multitud comenzó espontáneamente a cantar “Dun Boogie”, el tema de una de sus películas más queridas, “Dos Superpías en Miami”.
“Bud era una alegría”, dice Hill con voz firme, “y ya sé que cuando nos volvamos a encontrar, sus primeras palabras serán: ‘Tú y yo nunca tuvimos una pelea'”.
En raras entrevistas posteriores a la muerte de Bud, Hill reflexionó con vulnerabilidad sobre su amistad y lo que la pérdida significó para él.
“Perdí a mi mejor amigo”, admite, recordando innumerables cenas en casa de Bud, donde las risas fluían tan libremente como la salsa para la pasta.
“Nunca tuvimos una pelea. La razón es simple, nos respetábamos y nos queríamos”, explica Hill, enfatizando que su relación estaba construida no sobre el ego o la competencia, sino sobre la admiración mutua y un sentido del humor compartido.

A diferencia de Hill, Bud había estudiado actuación, lo que llevó a Terence a reflexionar con su característica humildad: “Yo no fui a escuelas ni academias de arte dramático, pero al final hasta un mono aprende a tocar”.
Su dinámica en pantalla reflejaba su vínculo en la vida real: el astuto y el fuerte, la mente y el músculo, complementándose en lugar de competir.
Bud Spencer era un hombre de intelecto y curiosidad, con títulos en derecho y química, además de ser piloto e inventor.
“Bud siempre decía que lo había hecho todo, excepto ser bailarín o jockey”, recuerda Hill entre risas y lágrimas.
Durante el rodaje de “Dos Superpías en Acción” en Colombia, Bud inspiró a Hill a probar el pilotaje después de observar a los pilotos locales.
“Incluso los monos pueden aprender con el tiempo”, dice Hill, evocando el pragmatismo bonachón de su amigo.
A lo largo de los años, desde aquel día desgarrador de 2016, Hill ha seguido honrando la memoria de Bud de formas sutiles pero poderosas, con homenajes discretos en entrevistas y en la manera misma en que se comporta.
“El brillo en mis ojos quizás se haya atenuado”, confiesa, “pero el vínculo que compartimos sigue tan vivo como siempre en mi corazón”.

La última palabra de Bud fue “Gracias”, una despedida perfecta de un hombre que dio tanta alegría a tantos.
Su historia no comenzó con un gran plan, sino con un accidente que dio origen a una de las asociaciones más icónicas del cine.
En 1967, durante el rodaje de “Dios perdona, yo no”, Terence Hill, entonces conocido como Mario Girotti, conoció a Bud, cuyo verdadero nombre era Carlo Pedersoli.
“Entré al set y allí estaba Carlo. Me miró, sonrió y dijo, ‘Chao, soy Carlo’. Y eso fue todo”, recuerda Hill.
La química entre ellos fue inmediata, marcando el nacimiento de un dúo cinematográfico que se extendería durante casi cinco décadas.
“Me llaman Trinity” fue un éxito arrollador, redefiniendo el western espaguetti y creando un nuevo género: la comedia de acción con alma.
Sus películas no eran solo entretenimiento; eran una promesa de que la bondad podía triunfar y que la amistad podía perdurar.
Mientras el mundo llora a Bud Spencer, las palabras de Terence Hill sirven como recordatorio de lo que hacía tan especial a su unión.
“Nunca hubo envidia entre nosotros”, dice Hill.
“Por eso nos hicimos amigos”.
Su legado perdura, y su amistad sigue siendo un faro de luz en el mundo del espectáculo, recordándonos que el amor y la lealtad son los verdaderos tesoros de la vida.
