El presidente de TVE fue duramente cuestionado en el Congreso por presunta falta de neutralidad y pluralismo en los programas informativos, respondiendo de forma evasiva ante las acusaciones.

El escándalo ha irrumpido sin previo aviso, dejando a la dirección de Televisión Española (TVE) expuesta y sin defensa.
En una reciente comisión de control, el presidente de TVE se encontró en una situación comprometida cuando se le preguntó sobre la manipulación y falta de pluralismo en los programas informativos de la cadena.
“¿Cree que los programas externalizados de actualidad y contenidos informativos que ha impulsado en Radio Televisión Española respetan los principios de neutralidad y pluralismo?”, cuestionó uno de los miembros del Congreso.
La respuesta del presidente fue evasiva: “No soy yo el que tiene que demostrar que en Televisión Española se trabaja de manera profesional. Es usted quien tiene que probar lo contrario”.
Esta afirmación provocó una reacción inmediata en el Congreso, donde se intensificó el debate sobre la credibilidad de la cadena pública.
“Yo quiero una televisión pública que moleste, en la que los ministros acaben las entrevistas diciendo que ha sido a gusto”, replicó un diputado, refiriéndose a la falta de criticismo en las entrevistas realizadas a miembros del Gobierno.
El clima se tornó aún más tenso cuando se abordaron los recientes informes del Consejo de Informativos, que revelan una alarmante manipulación en la programación de TVE.
“El informe concluye que en sus programas estrellas existe manipulación y sesgo ideológico sistemático”, afirmó un parlamentario, citando literalmente el documento.
“Certifica que abundan los argumentos favorables al Gobierno o al PSOE, mientras que los temas que ponen en aprieto al Ejecutivo se tratan de forma discreta o directamente no se tratan”.

La discusión se centró en la cobertura mediática del trágico accidente de Adamuz, que dejó 47 fallecidos.
“No es neutral que se haya intentado esculpar al Gobierno a toda costa, llegando incluso a decir que el fallo era probablemente de los trenes porque tienen las ruedas casi cuadradas”, criticó el diputado, evidenciando cómo la narrativa oficial busca proteger a los responsables de la tragedia.
“Es normal que en Moncloa estén contentos con su trabajo. Por eso los ministros terminan diciendo que han estado a gusto”, continuó el parlamentario, subrayando la complicidad entre la cadena pública y el Gobierno.
La manipulación no solo se limitó a la cobertura de accidentes; también se extendió a la presentación de personajes en los programas, donde se omitieron detalles relevantes sobre su afiliación política.
“Una pensionista comunista fue presentada como espontánea sin mencionar que era dirigente del Partido Comunista”, denunció.
El debate culminó en una crítica abierta a la gestión de los recursos públicos. “Usted está desviando dinero público a productoras privadas que luego mienten e insultan a los españoles”, acusó un diputado de Vox, exigiendo transparencia y responsabilidad.
“Cuando Vox llegue a Radio Televisión Española, vamos a cambiarla en profundidad”, prometió, señalando que la cadena ha perdido su prestigio y credibilidad.
La situación se volvió crítica cuando se mencionó la deuda de TVE con la Agencia Tributaria, que asciende a 739 millones de euros. “¿Sabe lo que pasa? En cualquier otra empresa, esta cantidad habría llevado a la quiebra.
Y en cambio, usted sigue aquí como si no pasara nada”, argumentó un parlamentario, resaltando la doble moral en el tratamiento de la deuda pública.
“Mientras ustedes deben esta millonada, firman contratos de decenas de millones para programas de entretenimiento”, añadió, comparando la situación con la falta de financiación para la investigación del cáncer.

“Es absolutamente sorprendente que el Gobierno no financie al Dr. Barbacit, quien reclama 30 millones para la lucha contra el cáncer de páncreas, mientras ustedes derrochan dinero en programas de televisión”, concluyó, enfatizando la necesidad de priorizar el bienestar de los ciudadanos sobre el entretenimiento.
A medida que el escándalo se desarrollaba, quedó claro que la situación en Televisión Española no solo refleja la crisis de la cadena, sino también la creciente desconfianza hacia el Gobierno de Pedro Sánchez.
“Nada más y muchas gracias”, cerró el diputado, dejando en el aire una pregunta inquietante sobre el futuro de la televisión pública en España y la necesidad de un cambio radical en su dirección.
La caída de TelePedro, como se le ha apodado al presidente de TVE, se hace evidente ante la opinión pública, y el escándalo que ha estallado en el Congreso podría ser solo el comienzo de una serie de revelaciones que sacudirán los cimientos del Gobierno y de la cadena pública.
La exigencia de una televisión más transparente y responsable se vuelve cada vez más urgente en un contexto donde la manipulación y la falta de pluralismo son temas de debate constante.
