Sarah Santaolalla acusó públicamente a Vito Quiles de acoso en RTVE y en su entorno personal, anunciando incluso acciones judiciales, pero sin aportar pruebas concluyentes.

En las últimas horas, Sarah Santaolalla ha desatado una controversia en redes sociales al lanzar una ofensiva pública contra el periodista Vito Quiles, realizando acusaciones de gravedad extrema.
En una publicación en su perfil de X, la tertuliana aseguró que Quiles intentó acceder a Televisión Española con la intención de acosarla, presentándose como víctima de una supuesta persecución en su lugar de trabajo dentro de RTVE.
Esta acusación, difundida sin pruebas concretas, ha provocado una inmediata reacción en el ámbito digital.
La respuesta de Vito Quiles no se hizo esperar y fue directa y contundente.
En otro mensaje en X, el periodista negó tajantemente las afirmaciones de Santaolalla, afirmando: “Hay que estar muy enferma para creer que un periodista con un micrófono en la puerta de una institución pública atenta contra tu vida”.
Quiles no se detuvo ahí; denunció lo que considera un uso interesado del victimismo, añadiendo que “el victimismo impostado de Sarah Santaolalla es algo que nadie capaz de juntar dos neuronas se cree”.
Defendió así un periodismo “valiente y sin complejos” frente a lo que calificó como “mamarrachadas financiadas con dinero público”.
A medida que la controversia escalaba, Santaolalla intensificó sus acusaciones, alegando que Quiles la acosó a las puertas de su domicilio.
“En estas fotos no estás en RTVE, estás en mi portal y en mi calle.
Tu enfermedad se llama fascismo y cobardía.
Nos vemos en el juzgado, acosador”, escribió, anunciando medidas legales en su contra.
Este intercambio ha marcado un nuevo paso en una escalada que ha trascendido el ámbito profesional para adentrarse en lo personal, siempre a través de mensajes en redes sociales.

Vito Quiles, sin amedrentarse, respondió nuevamente: “No estoy en ningún portal, estoy en una terraza tomándome una cerveza y tú, zumbada, escondida dentro de un coche grabando a gente anónima como una tarada que eres.
Si tuvieras un mínimo de inteligencia, harías frente a mis preguntas en vez de llorar por las esquinas”.
Esta contestación ha resonado en internet, donde la reacción hacia Santaolalla ha sido mayoritariamente desfavorable.
Numerosos usuarios han cuestionado abiertamente su relato y han puesto en duda sus acusaciones.
Comentarios como “Estar en la calle o en el portal no es acoso” o “cree que estar en la vía pública tomando algo en una terraza es delictivo” reflejan un clima de desconfianza generalizada hacia su versión de los hechos, que muchos consideran exagerada o poco creíble.
Mientras Santaolalla ha anunciado acciones judiciales, distintos juristas han restado importancia a esa vía.
Desde el bufete Preico Jurídicos han advertido que “sigues viendo fantasmas donde no los hay” y han recordado que en casos anteriores, basados —según ellos— en “relatos ficticios”, los procedimientos han terminado en derrota para ella.
A la vista de estas reacciones, la cacería de brujas emprendida por la tertuliana no solo no ha reforzado su posición, sino que ha dejado seriamente tocada su credibilidad pública.

El enfrentamiento entre Santaolalla y Quiles ha captado la atención de los medios y del público, evidenciando la polarización en la opinión pública sobre el tema.
La figura de Santaolalla, que había buscado posicionarse como una víctima, se enfrenta ahora a un creciente escepticismo por parte de quienes consideran que su relato no se sostiene.
Por otro lado, Vito Quiles ha logrado consolidar su postura, defendiendo su integridad profesional y cuestionando la veracidad de las acusaciones en su contra.
Este episodio no solo pone de relieve la tensión entre figuras mediáticas, sino que también abre un debate más amplio sobre cómo se manejan las acusaciones en el entorno digital y la responsabilidad que tienen los periodistas y figuras públicas al comunicar sus experiencias.
La situación sigue desarrollándose, y las repercusiones de este conflicto podrían tener un impacto duradero en la percepción pública de ambos protagonistas.
Así, la controversia entre Sarah Santaolalla y Vito Quiles se convierte en un claro ejemplo de cómo las redes sociales pueden amplificar los conflictos personales y profesionales, dejando a su paso una estela de dudas y cuestionamientos sobre la veracidad de las narrativas presentadas.
