El grupo rememora con ABC, antes de su concierto final, los momentos más emotivos y difíciles de los últimos años, aunque no cierran la puerta a un regreso.

En 2003 dos jóvenes de Cádiz revolucionaron la música española con un disco homónimo que contenía canciones que aún hoy suenan en nuestra memoria: ‘Son de amores’ o ‘Tanto la quería’. Eran Andy y Lucas, Andrés Morales (43 años) y Lucas González (43 años), amigos desde la infancia que, sin buscarlo demasiado, encontraron en la música su destino.
Su fórmula de pop, flamenco y rumba los convirtió en un fenómeno que llenaba estadios, vendía millones de discos y, sobre todo, conseguían ganarse el cariño de varias generaciones.
Veinte años después, con más de 2,5 millones de discos vendidos y decenas de giras a sus espaldas, Andy y Lucas se preparan para despedirse como dúo.
El último concierto será el próximo 10 de octubre en Madrid, en el Palacio de Vista Alegre, donde cerca de 8.000 personas pondrán el broche final a toda una trayectoria musical.
Sin embargo, la emoción del adiós no viene sola: problemas de salud, desgaste físico y la presión mediática de los últimos meses han hecho que este cierre llegue con cicatrices.
Despedida agridulce

Desde hace tiempo se sabía que este final se acercaba. «Es un poco triste porque después de tantos años, contar con que llegamos al final de nuestra carrera como grupo, pues es un poco triste.
Pero, bueno, como dicen, la vida sigue y tenemos que seguir con nuestras cosas. Aparte, todos sabemos ya los problemas que tiene de salud Lucas y que la despedida era por eso», explica Andy.
La gira final, que comenzó con entusiasmo, ha tenido sus claroscuros. Andy lo resume: «La verdad que el año pasado fue espectacular. Este año está siendo más complicado todo. Pero sí es verdad que el año pasado fue impresionante. Y eso no se nos va a olvidar. Y como digo, este año empezó bien, pero se ha ido todo enturbiando y claro, pues no, no se está disfrutando como se debería».
Lucas, más visceral, añade: «No es normal lo que está haciendo cierta prensa con nosotros. Va uno cagado a los conciertos, va uno asustado, va uno… ahora qué pasará, ahora qué dirán, ahora esto, ahora lo otro… Le habrán contado a Andy algo que yo he dicho, le habrán contado a Lucas algo que ha dicho Andy. Y así no se puede vivir. Pero bueno, que te digo una cosa, que nos quiten los bailao, como dice Andy, está claro. El último día lo que tenemos que hacer es salir los dos riéndonos, como hemos sido siempre, y que nadie nos quite esa sonrisa porque es lo que tenemos que hacer».
Presión mediática
Lo que debía ser una gira de celebración se ha convertido en muchos momentos en un campo minado por titulares y rumores. Lucas no oculta su enfado: «Esto ha sido una injusticia con nosotros que no te puedes hacer una idea. Una injusticia tremenda. Unos tipos que han llevado una carrera ejemplar durante un montón de años, que no nos hemos metido en nada, que siempre hemos hablado el uno del otro de maravillas… y sacan punta de una frase, sacan punta de una historia, y todos los titulares de los ‘fake news’ estos, no nos dejan respirar».
Andy, más templado, apunta a la raíz del problema: «Lo cuentan los que quieren vender, un tipo determinado de prensa. Yo, por ejemplo, estoy siendo acosado, me he tenido que ir de mi casa. Llevo una semana viviendo en otra casa porque no me dejan estar tranquilo en la mía, y esto a mí no me ha pasado nunca».
Lucas lo vive con el mismo cansancio: «En la mía estoy igual, en la mía llaman al telefonillo, siete cámaras… El otro día les dije: ‘¿Queréis croquetas, picha?’. Y además con muy mala leche, se ponen delante del coche y digo: ‘Que os voy a pillar el pie’. Parece que quieren que les pillen el pie también para cobrar una paga».
Amistad por encima de todo

Si algo dejan claro es que, pese a los rumores, su relación sigue intacta. «Andy y yo llevamos desde que estábamos en párvulos juntos y no vamos a dejar que por terceros nos toquen los cojones, perdóname que te lo diga así, porque la verdad es que ha habido mucha malicia, mucha malicia por todos lados», sentencia Lucas.
En este contexto, ambos reconocen que les falta hablar con calma, algo que la vorágine de la gira no les ha permitido. «Hace tiempo que no hemos tenido un concierto, que no hemos tenido tiempo para hablar antes. Como él vive en Cádiz y yo vivo en Madrid, pues lógicamente esto no se puede hablarlo por teléfono. Entonces, a lo mejor este sábado, si se tercia, podemos hablar de preparar una estrategia para abordar todo esto, que nos ha pillado a los dos un poquito en fuera de juego», explica Lucas.
A pesar de los sinsabores recientes, el balance de su carrera es incuestionable y sus fans son casi de su familia. «Nosotros los queremos muchísimo, estamos día a día con ellos y estamos aquí por ellos… la verdad es que lo hemos disfrutado mucho y es lo que se queda uno, lo positivo. Si preguntas si nuestra carrera ha sido positiva o negativa, ya te digo yo que un 95% ha sido positivo», afirma Lucas.
Como curiosidad rememoran cómo han ido cambiando las fans con los años. «Antes se colaban en nuestro camerino y ahora, directamente se quieren casar y tener hijos. Ya no te escriben cartas de amor inocentes, ya van a saco y te dicen: ‘Mira me quiero casar contigo’. Estamos entrando en una etapa de puretas«, bromea Andy.
Pero la conexión con su público se mantiene viva. En muchos conciertos, los hijos de aquellas primeras fans ocupan ahora las primeras filas. «En el Puerto de Santa María subimos al escenario a una niña que se sabía todas las canciones. Yo la estaba mirando desde el escenario y veía que no fallaba en ninguna. Al preguntarle, me dijo: ‘mi madre me las ponía siempre, porque era muy fan’. Entonces subió también la madre, y fue muy emotivo ver a dos generaciones juntas con nosotros», recuerda Lucas.
Futuro incierto

En medio del revuelo, se ha hablado incluso de un posible disco en solitario de Andy. La respuesta de Lucas es tajante: «Pues a mí me encantaría que lo sacara, sinceramente. Sería el primero que iría a verlo. Me da coraje que creen mal rollo con eso. Si triunfa, yo seré el más feliz. Ojalá que saque un pedazo de disco y vendiera muchísimo, y que tuviera una gira de conciertos de escándalo. Si es mi hermano, mi amigo, yo me alegro por las cosas buenas que le pasan».
Sobre sus planes inmediatos, Lucas lo tiene claro: «Vamos a intentar relajarnos un poco, cada uno va a tener que tirar un poquito para adelante. En mi caso lo mismo pienso en algún negocio, estrujarme un poco la cabeza… pero vamos, que me gustaría disfrutar un poco de la casa y ya está, ser feliz con las pequeñas cosas».
Y es que este último año ha sido muy complicado para él a nivel personal: «Este año perdí un hermano, por el camino mi madre tuvo un ictus, he sufrido muchísimo con mi problema de la nariz , el tema de que Andy y yo nos llevamos mal, el tema de que ahora un tío me pide un dinero de unos conciertos que nunca se firmaron, que no sé de dónde carajo ha salido… A nivel personal este año ha sido fuerte«.
El último concierto

El cierre será en Madrid, tras haber llenado dos veces el Wizink Center. «Terminar en Vista Alegre con cerca de 8.000 personas otra vez… pues dentro de que la despedida está siendo ahora un poquito más complicada, no deja de ser bonito. Hay que mirar las partes positivas, no siempre lo negativo, porque si no, uno se queda en casa y se hunde», reflexiona Andy.
Lucas ya anticipa lo que sentirá y si habrá lágrimas: «Yo por la mañana estaré muy emocionado, sinceramente. Me vienen a la mente muchísimos recuerdos. Al fin y al cabo, la marca somos dos seres humanos, y miraré para el lado y lo veré a él y pensaré en cuando éramos dos niños… joder, ya te lo estoy diciendo y me está temblando la voz. Se te rompe el alma. Veo fotos nuestras de cuando éramos chiquillos, hay que ver lo que hemos vivido los dos juntos, lo que hemos tenido que pasar, lo que hemos disfrutado. Quién nos lo hubiera dicho».
Y, aunque ahora se despiden, ninguno cierra la puerta: «Esto a lo mejor no es un punto y final. Si la vida quiere, si la salud nos acompaña y nos cuidamos… pues mira, a lo mejor una vuelta puede ser todavía con una mayor acogida. Ojalá Dios quiera que fuera así», finalizan.