La presentadora anunció en marzo que se retiraba, pero sin desvelar el motivo de su marcha.

«He tenido que parar muchas cosas de mi vida para poder cuidarme y tratarme, pero vamos por el buen camino», comentaba Carme Chaparro, de 52 años, el pasado mes de marzo.
Llevaba tiempo desaparecida, no solo de la tele sino también de sus redes sociales, y no quiso dar a conocer qué le pasaba.
Dijo que en septiembre volvería por el lanzamiento de su novela, que también tuvo que posponer.
Y así ha sido, promocionando su nuevo trabajo en medio de un trance de salud, la presentadora ha admitido que sigue convaleciente.

Según ha contado en una entrevista con ‘Lecturas’, aún está muy medicada y continúa esperando un diagnóstico exacto para poder pasar por quirófano.
«Como me dicen mis médicos, hemos encontrado el barrio y la casa, ahora nos falta encontrar la habitación para operar, pero estoy a la espera de la intervención, muy medicada, muy adormilada», confiesa.
Se trata de una medicación muy fuerte, añade, una que además de ser para su dolencia también le ayuda a gestionar emocionalmente lo que le está pasando.
«Estoy cansada por la medicación y porque la enfermedad es muy jodida. Pero cuando los médicos encuentren el piso y sepan su pueden hacer algo o no, tengo muchas ganas de contarlo y ayudar a otras personas que están enfermas igual que yo. Alzar la voz y decir qué me ha pasado ojalá ayude a otras personas a desestigmatizarlo», añade.
Sin embargo, por el momento prefiere mantener en privado lo que le está pasando.

Una enfermedad que, además de causarle mucho cansancio y de dejarla atontada, también le ha hecho perder quince kilos y debido a la medicación tiene la piel muy reseca.
Sin embargo, no pierde la ilusión por su libro, ‘Venganza’, su perrito Bitter y su marido y sus hijas, que están en todo momento pendientes de ella.
Carme admite que está recibiendo tratamiento psicológico y psiquiátrico para lidiar con lo que le está ocurriendo, porque aunque se considera una persona fuerte hubo un punto difícil de tragar.
«Cuando tuve que cogerme la baja, cuando ya mis médicos me dijeron que parase porque me iba a morir…», indica.
«Me dijeron que tenía que estar en casa, que sería un tratamiento a tope. Me ha ayudado mucho el tener ayuda mental. Quería ayudar todo lo que pudiese hasta que hubo un momento muy gordo», comenta.

Carme y su marido se conocieron en 1997 durante la retransmisión por el funeral de Lady Di.
Tienen dos hijas que la presentadora admite que han tenido que madurar muy rápido por lo que están viviendo en asa: Me han venido a ver al hospital varias veces, si ven que tengo una cara rara que no se preocupen porque es la medicación. Y si llegan a casa y mamá está muy dormida, es porque está en el pozo de la medicación y le cuesta mucho despertarse», confiesa.
Hace años, Carme desveló que padece el síndrome de Ménière, que es crónico, y que está causado por un exceso de líquido en el laberinto auditivo.
Afecta al equilibrio y también a la audición, causando pitidos fuertes e incesantes.