🎲 La boda que convirtió a Cayetana de Alba en la novia de España: tiara, Chicote y seis meses de luna de miel

Fue el día de la Hispanidad de 1947. Sevilla se echó a la calle para ver a Cayetana de Alba en su camino hacia la catedral de Sevilla, donde contrajo matrimonio con Luis Martínez de Irujo. Hubo tres mil invitados y comidas para los pobres.

La duquesa de Alba junto a Luis Martínez de Irujo, en una imagen de archivo.

La prensa internacional, deslumbrada, aseguró que era la boda más cara de la historia, algo que no gustó al duque de Alba, Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó, padre de la novia, aunque nunca desveló cuánto había gastado. Se dijo que unos 20 millones de pesetas de la época. Aquel enlace fue lo más parecido a una boda real que vivió España con la familia real en el exilio.

La reina Victoria Eugenia era precisamente la madrina de bautismo de la novia, Cayetana. Se celebró el día de la Hispanidad –el mismo que habían elegido don Juan, jefe de la Casa Real, y doña Mercedes cuando se casaron en Roma, en 1935. Los duques de Barcelona amadrinaron el matrimonio. Hubo quien la comparó con una boda histórica, la de la reina Isabel de Inglaterra, que se celebró pocas semanas después.

El casamiento se celebró en uno de los escenarios más espectaculares: el altar mayor de la Catedral de Sevilla, solo reservado a los contrayentes de la realeza. Hasta ese momento solo Pedro de Orleans y la infanta Esperanza de Borbón, hermana de la duquesa de Barcelona, María de las Mercedes, se habían casado allí. Pero el duque de Alba movió todos los hilos que pudo para que su hija, Cayetana Fitz-James Stuart y de Silva, duquesa de Montoro, y Luis Martínez de Irujo y Artazcoz, ingeniero, hijo del duque de Sotomayor, aunque sin título, se dieran el sí ante aquel excepcional altar. Era uno de los deseos más fervientes de Cayetana y su padre no podía hacer más que cumplirlo.

El flechazo de Cayetana y Luis Martínez de Irujo

Todo en aquella boda fue excepcional. Además del escenario de los votos, quedó claro desde el principio que se trataba de una boda por amor, algo poco frecuente en aquella época entre la nobleza. Pero Cayetana y Luis se había conocido a través de un amigo común, en un baile, un año antes y tuvieron un flechazo. A los cuatro meses, Luis le pidió la mano a Cayetana y ella respondió «sí».

El Duque de Alba, padre de la novia, se ocupó de todos los preparativos. Cursó 3.000 invitaciones y Sevilla se convirtió en escenario de un cuento de hadas, en una época en la que la vida era muy gris, e hizo donativos a los más necesitados tal y como deseaba la novia, que estaba detrás de todos los detalles.

La duquesa de Alba acompañada de su padre el día de su boda.

Ese 12 de octubre de 1947, Cayetana salió del Palacio de Dueñas de Sevilla en un coche andaluz tirado por mulas decoradas con arreos blancos. La novia había elegido un vestido de aire «New Look», el estilo creado por Christian Dior, realizado por la modista Flora Villareal, la misma que había creado el vestido blanco de volantes para su puesta de largo, cuatro años antes.

El diseño era de raso natural y encaje de Bruselas del siglo XVIII, ajustado de hombros y de cintura de la que nacía una falda muy voluminosa. Sobre su cabeza, la duquesa de Montoro llevó la gran tiara de perlas y brillantes que había pertenecido a Eugenia de Montijo. El duque de Alba, vistió para la ocasión el uniforme de la Real Maestranza de Sevilla.

Luis Martínez de Irujo vistió de frac. «Estaba guapísimo», recordaría años más tarde en sus memorias Cayetana, única heredera de los 49 títulos de su padre –seis veces duque, 12 veces marqués y 17 veces más conde–. La joven estaba especialmente guapa y feliz. La gente no escondió su júbilo en cuento vieron aparecer a la novia. La catedral estaba decorada con crisantemos y lirios del valle.

La bendición papal

La misa la ofició el Arzobispo de Valencia, Marcelino Olaechea. La realeza estuvo representada por el infante Alfonso de Orleáns, la infanta Mercedes de Baviera y la infanta Isabel de Borbón. Pero no hubo ningún representante de Franco, que no admitía la fidelidad monárquica del duque. Los condes de Barcelona apadrinaron el enlace, representados por el propio Duque y la Duquesa de Almodóvar del Río. Antes de declararse el matrimonio, Cayetana y Luis, recibieron la bendición papal.

Cayetana, la duquesa de Alba en el Palacio de Liria.

Tras la ceremonia, disfrutaron en el Palacio de Dueñas de un banquete ofrecido por Perico Chicote, que sirvieron 18 chefs y más de 100 camareros. Cayetana pidió que se sirvieran mil comidas entre los pobres de Sevilla y su padre pagó 5.000 pesetas a todas las parejas que ese mismo día se casaron también en la capital andaluza. Fueron nueve. Padre e hija querían beneficiar al pueblo con la boda, no solo gastar.

Justo después de acabar la fiesta, Cayetana y Luis se dirigieron a la Basílica de la Macarena, para rezar y dejar el ramo de la novia. Pasaron la noche de bodas en una finca propiedad de la duquesa viuda de Andría. Al día siguiente, partieron hacia Londres para iniciar una luna de miel que les llevaría por Europa y América durante seis meses. Al regresar, Cayetana ya estaba embarazada.

 

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