🐻 La dura batalla de Esther Cañadas: la enfermedad que la obligó a abandonar las pasarelas y casi le quita la vida

«Vivía con un 10 % de mi energía. Tenía receta de reposo absoluto de por vida», confesó la modelo.

La vida personal de Esther Cañadas: madre soltera de su hija, la enfermedad  que casi acaba

«Si alguien le hubiera dicho a esa Esther bebé que tenía tantos sueños todo lo que la vida le traería…», escribía Esther Cañadas el pasado mes de marzo en su cuenta de Instagram con motivo de su 48 cumpleaños.

Pocos sabían lo que entonces se avecinaba: una de las top models por excelencia de los noventa volvía a pisar las pasarelas después de más de diez años de ausencia.

Y qué mejor que hacer en su país natal, aquel que le dio su primera oportunidad cuando tan solo era una joven de 15 años que se mudó de Valencia a Barcelona para intentar hacerse un nombre.

La modelo, ejemplo de resiliencia, participó en el histórico desfile de Carolina Herrera en la Plaza Mayor de Madrid y, a continuación, abrió el de Lola Casademunt by Maite en el entorno de la Mercedes Benz Fashion Week.

Su vuelta definitiva a la vida pública también estará protagonizada por una campaña de Donna Karan, la firma que la convirtió en un icono internacional de la mano de Mark Vanderloo, con el que se casó en 1999 y del que se divorció un año más tarde.

Esther Cañadas: "Tengo una fuerza de voluntad muy trabajada, pero me  encantan los polvorones"

Después se convirtió en protagonista de las portadas más codiciadas y en un habitual de los mejores desfiles del mundo… hasta que desapareció sin dar ninguna explicación. Al menos, al principio.

La modelo se vio abocada al ostracismo por una enfermedad rara autoinmune: la vasculitis, una condición que llegó a suponer un riesgo real de sufrir un infarto visceral debido a la obstrucción vascular.

«He estado seis años de mi vida luchando por salir de un sitio que era muy difícil», explicó en el pódcast A solas de Vicky Martín Berrocal, en septiembre de 2023.

La incertidumbre médica y el aislamiento se convirtieron, sin quererlo, en su día a día, al igual que la fiebre elevada, la fatiga extrema o una alarmante pérdida de peso.

«Me podría haber quedado ahí perfectamente y no estar hoy aquí contigo. Lo tengo muy presente», reconoció en el pódcast.

«Son enfermedades muy complicadas, cada caso es distinto, son muy dolorosas, con efectos secundarios muy malos… No es algo fácil ni de vivir, ni de manejar, ni de curar, obviamente».

Esther Cañadas se sincera sobre la desconocida enfermedad que casi acaba  con ella

«Fueron casi seis años y lo viví sola. Me explotaban todos los vasos capilares a la vez», explicó. «Yo vivía con un 10 % de mi energía. Tenía receta de reposo absoluto de por vida», sin tener ni siquiera un diagnóstico claro. «Todas las analísticas salían bien, pero tuve dos o tres momentos de los de decir: ‘Aquí te quedas’».

«Llega un punto en el que te despiertas y te preguntas: ‘¿De verdad esta es mi vida? ¿Mi día a día va a ser ir al médico, pasar por el hospital y lidiar con todo tipo de efectos secundarios en mi cuerpo?’», contó. «Y cuando te confirman que sí, que es una enfermedad crónica, resulta muy difícil de asumir».

La modelo también confesó que en el proceso de la enfermedad llegó a pasar por distintos momentos, desde probar todo tipo de tratamientos médicos, a ofrecerse para probar soluciones experimentales o dejar por completo la medicación para probar meditación con monjes: «Era un desastre todo». Fue entonces cuando tomó la decisión de alejarse y mudarse a México, dejando de lado su vida profesional. «Me ayudó vivir sola. Descubrí que podía con todo».

Esther Cañadas: su edad, la enfermedad que sufrió, su actual pareja y su  hija Galia | Europa FM

«Gracias a Dios todo pasa. Si no te aferras a la vida, te pierdes lo bueno. Imagínate la de cosas maravillosas que he vivido yo después», le confesaba la albaceteña a Vicky Martín Berrocal. «Hubo un momento el que pensé: si esto lo he creado, también puedo curarlo». Ese cambio de mentalidad fue revolucionario para la enfermedad y, aunque el proceso fue largo e incierto, consiguió aliviar su dolor.

La llegada de su hija Galia también supuso un antes y un después en su vida. «Pude criar a mi hija y dedicarme a ella. No me he perdido nada y eso no me lo quita nadie, es un regalo», explicaba la maniquí. «Me acababa de curar y tuve la suerte de poder dedicarme y vivir con mi hija, que es una maravilla (…). Ha sido un privilegio. Nos dan unas lecciones de vida y son tan sabios…».

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