María Isabel Llaudes Santiago nació el 4 de diciembre de 1945 en Jaén. Hija de Salvador Llaudes, empresario curtidor de pieles, y Trinidad Santiago, una ama de casa cantarina, su llegada fue recibida con amor por parte de sus padres y sus dos hermanos, Paco y Salvador.

Pizpireta y algo tímida, desde muy pequeña demostró tener una gran sensibilidad creativa y le gustaba imaginar historias de fantasía que luego escenificaba en su salón poniéndole una banda sonora con canciones propias.
Infancia, primeros sueños y un padre muy estricto

Siempre estaba en las nubes y soñó con ser azafata de vuelo, algo muy difícil en un hogar con un padre machista y convencido en que el único futuro prometedor para su hija era casarla bien.
Pero eso no impidió que Maribel empezara a mostrar su talento cantando en emisoras de radio. Hasta que, con 12 años, su vida dio un giro inesperado.
Su llegada a Madrid y el nacimiento de “Karina”

La empresa familiar empezó a ir mal, así que para buscar nuevas oportunidades se mudaron a Madrid, a un piso modesto en Usera. Todos tuvieron que adaptarse a una realidad más humilde y Maribel dejó los estudios para trabajar como dependienta de unos grandes almacenes.
Pero no todo iba a ser negativo en Madrid: la capital se presentó como un lugar lleno de oportunidades para seguir cantando en concursos radiofónicos. Lo hacía a escondidas de su padre que, en plena dictadura, nunca vio con buenos ojos esa vena artística de su hija.

Apoyada por su madre y sus hermanos, a los 15 años se presentó a un concurso de televisión: “Escala en Hi-Fi”. Era 1962 y en ese espacio no sólo enamoró al público, sino que encandiló al padre de Massiel, el representante Emilio Santamaría, quien se convirtió en su mánager y le brindó la oportunidad de firmar un contrato con Hispavox. Fue precisamente en ese sello donde nació su nombre artístico.
Un día, por sus pasillos, el cantante y presentador italiano Torrebruno la vio y exclamó: “¡Qué chica más “carinna”!”, y ella decidió adoptar ese nombre, pero con una “K” inicial.

En 1963 su carrera avanzó como un vendaval. Grabó sus primeros temas y se convirtió en imagen del movimiento yeyé. Sus canciones—como “Las flechas del amor”, “La fiesta” o “El baúl de los recuerdos”—llenaban radios y escenarios en una España que despertaba culturalmente.
Tal era su popularidad que llegó incluso a impedir que los Beatles alcanzaran el número uno en las listas nacionales y dio el salto al cine, donde protagonizó varias películas, entre ellas, “Los chicos del Preu”, “La chica de los anuncios” y “¿Quiere casarse conmigo?”.

Eurovisión, enfermedad y años de machismo en la industria
En 1971 representó a España en Eurovisión. Su interpretación de “En un mundo nuevo” conquistó al continente y logró el segundo puesto. Sin embargo, aquel año estuvo empañado por una noticia devastadora: a Karina le detectaron un cáncer de tiroides. Pagó 7 millones de pesetas por un tratamiento de radioterapia y medicina nuclear que se prolongó 12 años.
A pesar de ello, siguió cantando, apoyada en una fortaleza silenciosa que el público nunca llegó a imaginar.
Los años 70 continuaron siendo prósperos, pero también duros. Con sólo 26 años se casó con Tony Luz, de Los Pekeniques y autor de “El baúl de los recuerdos”, pero once meses después el matrimonio se rompía.

Otro golpe llegó en septiembre de 1978, cuando no le renovaron el contrato con Hispavox porque, le dijeron, no querían “horteritas”.
Eran tiempos marcados por el machismo y los abusos de poder. De hecho, un productor español quiso relanzarla a cambio de una noche de amor. Ella se negó y luego se marchó a México. Allí grabó más discos, pero tomó conciencia de las heridas que arrastraba por lo mucho que se habían aprovechado de ella, pues apenas había recibido un 1,5% de las ventas de sus discos.

Decidió parar y dedicarse a su vida personal. Se casó con Carlos Manuel Díaz, el gran amor de su vida, y en 1982 tuvo una hija llamada Azahara. Pero las flechas del amor, nunca bien direccionadas, acabaron de nuevo astilladas.

En 1988 se casó en Tahití con Juan Miguel Martínez, padre de su hija Rocío. Aquella historia terminó en dolor: infidelidades, enfrentamientos, pleitos interminables por la custodia de la niña y con una Karina rota que tuvo que vender su casa para pagar abogados.
Hubo hasta una cuarta relación con Domingo Terroba, que acabó tan mal que no quiere oír hablar de él.

A pesar de relanzar su carrera en 2003, Karina atravesó una situación difícil y ha reconocido que varias veces no tuvo para pagar ni el alquiler ni la luz. Más adelante, en plena pandemia, Instagram la ayudó a superar una depresión y convirtió en éxito su tema “Las mascarillas”.
Nueva etapa, libro, “GH VIP” y una vida dedicada a los suyos
Lejos de rendirse, Karina no ha parado y, a los 76 años, publicó su biografía, “Aquel tiempo de entreluces”; participó en “GH VIP” por necesidad económica —para ayudar a su nieta Ana, que tiene una enfermedad rara—; preparó un musical sobre su vida (“Yo soy Karina”), y, a los 79, lanzó el disco “Himno al amor”.

Este año 2025, ha recibido la Medalla de Andalucía de las Artes y, ahora, celebra sus 80 años con serenidad, volcada en sus cuatro nietos y agradeciendo cada amanecer.
Pero, sobre todo, siendo una figura querida que forma parte del baúl de nuestros recuerdos con sus himnos inolvidables.