Lidia Lozano ha vivido uno de los años más duros de su vida. Un año atravesado por la muerte, la enfermedad y una convivencia constante con los pasillos de hospitales y tanatorios. Así lo ha contado ella misma en una entrevista reciente, cargada de emoción, sinceridad y una humanidad que ha conmovido a muchos espectadores.

“El año empezó muy mal”, reconoce. En abril falleció su madre, Sol, de manera repentina. Apenas había tiempo para asimilar ese golpe cuando la tragedia volvió a llamar a la puerta de la familia: el marido de su sobrina Naira murió de forma inesperada en apenas quince días. “Estábamos de tanatorio en tanatorio”, relata, todavía con la voz quebrada.
Como si no fuera suficiente, poco después su marido, Charlie, ingresó en el hospital. Y lo que parecía un ingreso puntual terminó convirtiéndose en una estancia de tres meses. Tres meses en los que Lidia prácticamente vivió dentro del hospital, acompañando, cuidando y resistiendo.
Lidia habla de su madre con una mezcla de dolor y ternura que desarma. Confiesa que tiene las cenizas en casa y que habla con ella a menudo. No desde la tristeza absoluta, sino desde una especie de diálogo íntimo que le sirve para sobrevivir.
“Le echo broncas”, dice con ironía. “Le digo: ‘Mamá, ¿qué haces ahí arriba? Habla con San Pedro, que tienes zona VIP’”. Son palabras que arrancan sonrisas, pero que esconden una necesidad profunda de sentir cerca a quien ya no está. Una manera muy personal de mantener vivo el vínculo.
La Navidad, admite, ha sido especialmente dura. “He pasado el día 25 entre tanatorios y hospitales. Un año muy bonito”, dice con sarcasmo, dejando claro que el humor ha sido su escudo para no romperse del todo.
La noticia más esperanzadora es que Charlie ya está en casa. Un avance pequeño, pero fundamental. “Es un avance, aunque duro”, explica Lidia. Tras tres meses ingresado, su marido ha perdido movilidad y no siente las piernas. No camina todavía, pero ya ha comenzado la rehabilitación.

Para poder atenderlo, Lidia ha tenido que alquilar una grúa que le permita moverlo de la cama al sofá. “De la cama al sofá, del sofá a la cama”, cuenta con naturalidad, como quien ha normalizado una situación extrema. Charlie acude por las mañanas a una clínica de rehabilitación para empezar a recuperar musculatura, un proceso lento pero necesario.
El ánimo, asegura, se mantiene sorprendentemente bien. “Charlie ha sido maravilloso”, repite varias veces. Incluso bromeaba desde el hospital cuando le llamaban amigos: “Aquí no se ha movido ni un cuadro, la pared sigue igual”.
Una prueba de fuego para la pareja
Lidia reconoce que, pese a llevar más de 35 años juntos, nunca había pasado tanto tiempo al lado de su marido. “Nunca habíamos estado así, pegados tres meses. Ha sido una prueba, un desafío, una prueba de fuego… pero de fuego”, confiesa.
Ella siempre ha sido una mujer de trabajo, de jornadas interminables en televisión. “En Telecinco he estado 18 horas de 24”, recuerda. Esta situación la obligó a parar y a vivir algo completamente distinto: cuidar, esperar, resistir.
Durante ese tiempo, también encontró apoyo en el personal sanitario. Enfermeros, médicos, celadores. “Os amo”, dice sin dudar. Personas que, según cuenta, ya forman parte de su vida y a las que incluso ha prometido invitar a casa cuando todo mejore.
Los médicos han sido claros: la recuperación será larga. Tras tanto tiempo en cama, la pérdida de movilidad es habitual. No significa que Charlie no vuelva a caminar, sino que necesitará tiempo, paciencia y rehabilitación constante.
Lidia lo resume con un deseo sencillo pero poderoso: “Que no vuelva una bacteria a nuestra vida, que no pisemos un quirófano en muchos años y que Charlie vuelva a andar”. Incluso se permite soñar: verlo caminar solo, ir a comprar el periódico, subirse a su coche.
Los expertos coinciden en que, aunque Charlie es una persona mayor, la recuperación es posible. Será lenta, probablemente de meses, pero el hecho de estar ya en casa y en rehabilitación es una señal positiva.

El regreso a televisión y el futuro incierto
La entrevista se grabó hace unos días, aunque se emitió recientemente. En ella, Lidia reaparece justo cuando se reincorpora al programa de Joaquín Prat, en un momento clave para las audiencias. Su testimonio no solo ha servido para explicar su ausencia, sino para mostrar una faceta mucho más íntima y vulnerable.
Llama la atención que la propia Lidia mencione que en enero fue llamada para volver a trabajar, una referencia que algunos interpretan como un posible regreso a etapas pasadas de su carrera. “No digo nada y lo digo todo”, deja caer quien analiza la situación.
Lidia Lozano cierra este capítulo con cansancio, pero también con gratitud. Ha perdido a su madre, ha vivido el miedo constante por la salud de su marido y ha pasado por momentos de incertidumbre extrema. Pero también ha descubierto otra forma de vivir, de amar y de resistir.
Ahora, con Charlie en casa, comienza una nueva etapa. Difícil, lenta, exigente. Pero también cargada de esperanza. Porque después de un año tan devastador, cualquier pequeño avance se convierte en un auténtico triunfo.