“No cantes victoria antes de tiempo”. Ese viejo refrán popular parece describir con precisión quirúrgica la situación actual de María Patiño. En los últimos días, la presentadora se ha convertido en tendencia tras celebrar públicamente lo que definió como una “victoria definitiva” en los tribunales frente a Antonio David Flores por el conocido caso de los carteles de Málaga. Sin embargo, lo que parecía el cierre de un capítulo judicial podría ser, en realidad, el inicio de un problema mucho mayor.

María Patiño decidió anunciar en redes sociales su supuesto triunfo con un mensaje cargado de ironía y suficiencia: “He ganado al pájaro de manera definitiva. Un beso y buenas noches”. Una frase breve, pero con un trasfondo que ha encendido la polémica. Porque, jurídicamente, la historia dista mucho de haber terminado.
El procedimiento penal puede haber quedado archivado tras una rectificación pública —un movimiento habitual para evitar que se aprecie dolo o mala intención—, pero eso no significa que el daño causado desaparezca. Y ahí es donde entra en juego la vía civil, un terreno mucho más peligroso para quien ha realizado acusaciones falsas en un altavoz mediático de alcance nacional.
El origen del conflicto: una acusación falsa en televisión
Conviene recordar los hechos. En pleno directo y en horario de máxima audiencia, María Patiño afirmó que Antonio David Flores había sido el responsable de colocar unos carteles ofensivos en Málaga y que existían incluso pruebas grabadas por cámaras. Nada de eso era cierto. Al día siguiente, la presentadora se vio obligada a rectificar públicamente.
Esa rectificación, aunque relevante en el ámbito penal, no borra el impacto mediático previo. La acusación ya había sido emitida, compartida, debatida y asumida por parte de la opinión pública. La duda quedó sembrada y la reputación de Antonio David volvió a verse seriamente dañada.
Aquí reside el núcleo del problema. En la jurisdicción civil no se juzga la intención, sino el daño. Da igual si hubo o no voluntad de calumniar: lo que importa es si las palabras pronunciadas causaron perjuicios reales y cuantificables.
Y en este caso, el daño parece evidente. Deterioro de imagen, pérdida de oportunidades profesionales, estigmatización pública y desgaste personal. Todo ello puede traducirse en una reclamación económica por daño moral, especialmente cuando las declaraciones se realizaron desde un programa de televisión con millones de espectadores.
Según fuentes cercanas al entorno de Antonio David Flores, su abogado, Iván Hernández, estaría preparando una demanda civil contundente, con informes periciales, pruebas documentales y una estrategia orientada a reclamar una indemnización significativa.

La soberbia como agravante
Lejos de mostrar prudencia o arrepentimiento, María Patiño ha optado por una actitud desafiante en redes sociales. Esa forma de regodearse públicamente, de ridiculizar a la otra parte y de presentar el caso como una humillación personal podría jugar muy en su contra ante un juez civil.
En este tipo de procesos, la imagen pública del demandado, su comportamiento posterior y la ausencia de un arrepentimiento sincero son factores que pueden influir negativamente. No es lo mismo rectificar con discreción que burlarse del conflicto mientras aún puede haber consecuencias legales pendientes.
La polémica ha adquirido una dimensión mayor tras la incorporación de María Patiño a RTVE. Al tratarse de una cadena financiada con dinero público, muchos espectadores se preguntan si es ético y responsable mantener en plantilla a una figura mediática que ha difundido información falsa y luego ha presumido de ello.
No se trata solo de un conflicto entre dos personajes televisivos, sino de un debate sobre los límites del periodismo de entretenimiento, la responsabilidad profesional y el derecho de los ciudadanos a recibir información veraz.
Un posible precedente judicial

Si la demanda civil prospera, el caso podría sentar un precedente importante en el panorama mediático español. Enviar el mensaje de que no basta con pedir disculpas tras lanzar una acusación falsa en televisión, y que el daño al honor tiene consecuencias reales, marcaría un antes y un después.
Durante años, muchos espectadores han denunciado la impunidad con la que ciertos programas y colaboradores han destruido reputaciones sin asumir responsabilidades. Este caso podría convertirse en el punto de inflexión que muchos llevan tiempo reclamando.
Mientras María Patiño continúa defendiendo su “victoria definitiva”, la realidad es que el conflicto está lejos de cerrarse. La vía civil sigue abierta, la presión social aumenta y la opinión pública comienza a cuestionar no solo sus palabras, sino su actitud.
Antonio David Flores, por su parte, parece decidido a llegar hasta el final. No solo por una compensación económica, sino por sentar un precedente que limite los excesos de un modelo televisivo que, para muchos, ha perdido el norte.
Porque al final, más allá de nombres propios, lo que está en juego es algo mucho más profundo: el respeto al honor, la credibilidad de los medios y la idea de que las palabras, cuando se pronuncian ante millones de personas, tienen consecuencias.
Y esta historia, lejos de haber terminado, acaba de entrar en su fase más decisiva.